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Economía

entrevista a josep piqué

"La incertidumbre y la inestabilidad nunca habían sido tan globales"

Este economista catalán nacido en 1955 fue ministro de varias carteras durante los Gobiernos de José María Aznar, entre 1996 y 2004. Fue presidente del PP en Cataluña, puesto del que dimitió en 2007. Ese año inició una etapa empresarial que le llevó a puestos de responsabilidad en compañías como Vueling y OHL. Hoy preside ITP Aéreo y está en los consejos de Seat (donde preside la comisión de auditoría), Abengoa, Amadeus y Alantra, banco de inversión que lo trajo hace unos días a Zaragoza.

Josep Piqué, expolítico, economista y empresario en una reciente visita a Zaragoza.
Josep Piqué, expolítico, economista y empresario en una reciente visita a Zaragoza.
Oliver Duch

Es usted consejero de varias empresas, escribe libros y participa en muchos foros. ¿De qué le gusta más hablar, de política nacional, internacional, independentismo, economía?

Claramente de política internacional. De hecho, mi último libro (‘El mundo que viene’) trata de eso y tengo otro en la cabeza que pasa por temas geopolíticos. Pero no rehuyo ningún otro tema, porque al final cuando hablas de política internacional te acabas remitiendo a los requerimientos que eso tiene dentro de nuestro propio país, y en el nuestro tenemos algún problema como evidentemente es el de Cataluña.

Si le gusta más hablar de política internacional quizás es porque tiene un mejor recuerdo de su etapa como ministro de Exteriores que cualquier otro puesto de responsabilidad.

Todos los recuerdos son buenos, pasa como con otros episodios de la vida, que además te vas abstrayendo de aquello que ha sido negativo y te quedas solo con lo positivo. En el ámbito público, yo no tengo ninguna duda de que la experiencia más gratificante desde el punto de vista intelectual fue el Ministerio de Asuntos Exteriores, porque te obliga a hacer un esfuerzo para interpretar el mundo, para conocer cuáles son las intenciones y las aspiraciones de tus interlocutores.

¿Cómo es el mundo que viene, que es el título de su libro? ¿Ha cambiado mucho el mundo desde que lo escribió?

Este libro es el segundo que escribo de temas geopolíticos. El primero, que se titulaba ‘Cambio de era’, de alguna manera anticipaba unos cambios de tendencias que se han ido confirmando con la realidad. No hablaba de una era de cambios, porque en todas los hay, sino de un cambio de paradigma. El editor me ha pedido ahora un nuevo libro con el argumento de que el anterior «estuvo bien, pero cuando lo escribiste el presidente de Estados Unidos era Obama y no Trump, no habíamos oído hablar del ‘brexit’, el Estado Islámico no existía, las primaveras árabes todavía no habían ocurrido, Rusia no había invadido Ucrania...». O sea, ya han pasado suficientes cosas como para que le demos una vuelta. Muchas de las cosas que escribí en el libro, hace dos años, por los menos las tendría que matizar.

¿En qué?

Una de las características del mundo que nos viene es la aceleración vertiginosa de todos los procesos y de todas las macrotendencias y eso hace que lo que venga sea muy incierto y muy inestable. Siempre ha habido incertidumbre y siempre ha habido inestabilidad, pero nunca había sido tan global y nunca nos habíamos dado cuenta tan en tiempo real de esa inestabilidad. Eso es consecuencia de dos fenómenos, que son nuevos. Uno es la globalización y el otro es la revolución digital, que ha venido a transformar de forma revolucionaria todo lo que nos rodea.

Estamos en una fase nueva.

Esta fase nada tiene que ver con la segunda mitad del siglo XX, pero que podemos caracterizar de nuevo como de guerra fría. En la segunda mitad del siglo XX la guerra fría era entre dos grandes bloques encabezados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Eso desapareció hace 30 años con la caída del Muro de Berlín y el subsiguiente colapso de la URSS, pero ahora estamos ante un nuevo enfrentamiento global, holístico, que comprende todas sus expresiones, desde el punto de vista comercial, económico, empresarial, ideológico, bélico incluso, con tensiones militares incluidas, entre Estados Unidos y China. Y eso es lo que está marcando la actual realidad.

Es decir, dos bloques.

Si tuviéramos que describir esto como una película, los dos protagonistas del filme son indiscutibles, EE. UU. y China. Pero también identificaríamos los denominados actores de reparto, que son necesarios para entender la película y seguir el hilo conductor. Creo que el más evidente es Rusia, pero además tendremos que hablar de India y de otros actores importantes que de alguna manera recuperan su sentido histórico, como Irán o Turquía. La gran pregunta en este contexto es en qué lugar está Europa. Podríamos aspirar a ser actores de reparto, pero también acabar siendo un actor irrelevante, que si se elimina la escena en la que aparece en la película, esta no se resiente.

Y España, ¿dónde queda?

El papel de España en el mundo inevitablemente va ligado al papel de Europa. Es verdad que tenemos características propias, la más importante es la relación con América Latina, pero no podemos entender el papel de España en el futuro si no es en el marco de Europa.

¿Cuánto influye todo esto en esa desaceleración económica que estamos viviendo?

Estamos ante una desaceleración que tiene sus características pero que no es especialmente peculiar. Otra cosa es que la política pueda llegar a estropear el ciclo económico, y a nivel global me refiero a que estalle una guerra comercial y arancelaria a nivel global. La economía se está desacelerando y solo se puede convertir en recesión si la política se encarga de estropear las cosas.

¿Ocurre eso en España?

Ante un mundo que evoluciona tan vertiginosamente, con estas tendencias que alejan a Europa del centro de gravedad del Planeta, no tomar decisiones es una manera de retroceder, y estar en un contexto de incertidumbre y de inestabilidad no ayuda a que los agentes económicos tomen las decisiones.

El independentismo

Admite Josep Piqué que el «deterioro de la calidad del debate público» se nota en la ausencia de generosidad y altura de miras en los políticos de hoy. El independentismo catalán, apunta, «toma un fuerte impulso a raíz de la crisis económica, pensando que puede aprovecharse de forma muy desleal de la debilidad de España como nación». Y asegura: «El independentismo catalán es claramente un ejemplo de populismo, casi diría químicamente puro».

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