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Los consumidores, dispuestos a pagar un 25% más por el cerdo ecológico

Un estudio revela que los amantes de la cocina valoran las certificaciones de calidad a la hora de comprar esta carne.

Los consumidores valoran los certificados de calidad, la fecha de sacrificio y el método de sacrificio junto con el precio.
Los consumidores valoran los certificados de calidad, la fecha de sacrificio y el método de sacrificio junto con el precio.
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Guillermo Ripoll, investigador de la Unidad de Producción y Sanidad Animal del Centro de Investigación y Tecnologías Agroalimentaria de Aragón (CITA), ha participado en un artículo publicado en la revista ‘Meat Science’ sobre la intención de compra de la carne de cerdo, según informó este jueves el Gobierno de Aragón. Estos resultados forman parte de una tesis doctoral realizada en la Universidad de Lérida y en la que también han colaborado investigadores del Instituto Politécnico de Braganza (Portugal).

La actitud del consumidor hacia el cerdo criado en granjas con parque de ejercicio se basa principalmente en la creencia de que la carne de estos cerdos es más segura (ausencia de residuos de hormonas y antibióticos), tiene mejor sabor, es medioambientalmente sostenible y garantiza el bienestar de los cerdos, señalaron desde el departamento de Innovación. Sin embargo, estas creencias no se reflejan en el consumo de carne de cerdo ecológico, ya que la producción de este cerdo en España es el 0,04% de la cabaña. Por otra parte, el estilo de vida del consumidor y sus habilidades culinarias suelen estar relacionadas con la intención de compra. En este estudio se quería valorar si las habilidades en la cocina del consumidor modulan sus actitudes e intención de compra de carne de cerdo ecológico. Una de las conclusiones es que los consumidores están dispuestos a pagar un 25% más por carne de cerdo diferenciado como pueden ser los ecológicos.

Desinteresados o innovadores

Con una encuesta a casi 1.000 participantes en Portugal y España los investigadores encontraron dos tipos de consumidores. Unos eran amantes de la cocina, que buscan "una innovación" y que dedican "mucho tiempo a la compra y la cocina", explica Ripoll. Otros eran más despreocupados, "más desinteresados con la comida, que comen por necesidad". Ambos compartían cierto tipo de creencias relacionadas con el consumo de carne de cerdo y la salud y la forma en que los cerdos son criados.

Sin embargo, los motivos para comprar fueron distintos. Los amantes de la cocina le dieron más importancia a que la carne posea certificados de calidad, a la fecha de sacrificio y al método de sacrificio junto con el precio. Los consumidores más despreocupados valoraron de una forma diferenciada la facilidad de cocinado de la carne. El investigador reconoce que una de las premisas era que iba a haber ciertos consumidores, como los innovadores, que iban a tener una percepción diferenciada de las alegaciones nutricionales y saludables en el ‘packaging’ de los productos, pero "lo valoran igual que otros más despreocupados". Sin embargo, "les interesan mucho las certificaciones de calidad del producto y están preocupados por los métodos de sacrificio". Esto puede ayudar a diseñar planes de márquetin.

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