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Economía

Por fin llegó la cosecha

Ha sucedido en otros cultivos. Y no iba a ser una excepción en el olivar. Las lluvias provocaron una floración tardía que retrasaron la cosecha, que (también por las lluvias) aún no ha comenzado de manera generalizada.

Aragón produce un aceite de alta calidad, de hecho cuenta con dos denominaciones de origen, Aceite del Bajo Aragón y Aceite Sierra del Moncayo.
Aragón produce un aceite de alta calidad, de hecho cuenta con dos denominaciones de origen, Aceite del Bajo Aragón y Aceite Sierra del Moncayo.
Heraldo

Las lluvias de primavera han sido una bendición para los cultivos. También en el olivar. Porque tras el estrés hídrico que los árboles tuvieron que soportar la pasada campaña, las precipitaciones de marzo fueron agua de mayo para que la situación de la producción diera un vuelco total. Las últimas previsiones, realizadas por el Ministerio de Agricultura el pasado mes de septiembre, ya hablaban de una cosecha superior en España. Nada menos que un 30,7% más que en la pasada campaña, porque a falta de cuantificar cómo han afectado las lluvias de octubre (se espera que para bien), ya se prevé que la producción en todo el país roce los ocho millones de toneladas de aceitunas, de las que se prevé obtener algo más 1,5 millones de aceite.

Los olivareros aragoneses, sin embargo, esperan una producción media. «Regular» matizan desde el sector, y de hecho, las cifras publicadas por el Ministerio de Agricultura (a datos de septiembre de 2018) estiman una cosecha prácticamente similar a la de la pasada campaña y una producción de aceite ligeramente inferior (unas 15.000 toneladas frente a las 17.000 del pasado año).

Es cierto que son estimaciones y que los olivareros prefieren ser prudentes porque queda todavía mucha campaña por delante. Es más, casi ni ha empezado, porque si bien las lluvias de primavera devolvieron la vida a los frutos ya muy castigados por la sequía, las precipitaciones otoño están retrasando la recolección porque muchos productores que aún no han podido entrar en los campos.

Con retraso, casi quince días más tarde de lo que suele ser habitual, las primeras olivas, esencialmente de la variedad arbequina, comenzaron a llegar a las cooperativas y a las almazaras a mediados del mes de noviembre. La cosecha, sin embargo, aún no ha tomado el ritmo que ya sería deseable en estas fechas en todas las zonas productoras de Aragón, porque tanto los que la habían iniciado ya como los que estaban a punto de comenzar han tenido que aparcar las máquinas ya que los campos estaban impracticables por las intensas lluvias de mediados de este mes.

Y es que las precipitaciones han sido las auténticas protagonistas -como ha sucedido este año en prácticamente todos los cultivos- del devenir de esta producción. Los olivos, que en su mayoría está situados en Aragón en tierras del secano, partían el pasado otoño de una complicada situación marcada por los negativos efectos de la sequía. «Se presagiaba una campaña desastrosa», coinciden en señalar tanto los agricultores como los responsables de cooperativas y almazaras.

Sin embargo, cuando parecía todo perdido, el clima quiso dar una alegría. Y la primavera, como debe ser, llegó cargada de agua, unas lluvias que fortalecieron los olivos y les permitieron disponer de suficiente reserva hídrica como para sacar adelante la producción. Eso sí, todo se retrasó. Era el mes de junio cuando el olivar se encontraba en pleno proceso de floración. Podría haber sido un riesgo, porque si tras las tormentas hubiera llegado un sol intenso y unas altas temperaturas se hubiera producido el temido ‘efecto lupa’, ese reflejo que se produce en la flor y que termina por quemarla y, en consecuencia, inutilizar el crecimiento del fruto. Pero el clima (de nuevo para bien en esta ocasión) se convirtió en un aliado, con un junio con el mercurio contenido y los cielos nublados, haciendo olvidar los temores con los que comenzó una campaña marcada por el recuerdo de la sequía y una floración que llegaba inusualmente tarde.

El sector aragonés no quiere, sin embargo, echar las campanas al vuelo. Sus representantes se muestran cautos y prefieren no ponerle cifras a la recolección que apenas acaba de comenzar. «Sabemos que a nivel nacional se espera una buena cosecha, pero en el Bajo Aragón -donde se concentra el grueso de la producción- la situación es más incierta», señala Joaquín Morella, oleicultor de Belchite y representante del sector en la organización agraria UAGA.

«Las previsiones que ahora manejamos serán las de una cosecha más o menos como la del pasado año», indica Manuel Baselga, representante del sector en Cooperativas Agroalimentarias de Aragón.

Así lo corroboran también las últimas estimaciones realizadas por el Ministerio de Agricultura el pasado mes de septiembre. Según esta cifras, la producción de aceituna para almazara en la Comunidad se situará en el entorno de las 67.500 toneladas, una cifra ligeramente inferior a las 74.000 toneladas cosechadas en la campaña anterior, pero también sensiblemente superior a las poco más de 59.000 obtenidas en 2016.

El volumen de aceite, según este avance, también será inferior. Los datos del Ministerio hablan de una producción aragonesa que se acerca a las 15.000 toneladas de oro líquido. Es una cifra inferior (2.000 toneladas menos) que en la campaña 2017-2018, pero que supera con mucho a la 2016 (se obtuvieron algo más de 10.000 toneladas).

No es una mala cosecha, pero contrasta con la alegría que vive el olivar español en general, donde las previsiones apuntan a un incremento de la producción del 30%, con cerca de 1,6 millones de toneladas de aceite. Un incremento en el que el campo andaluz juega papel protagonismo (casi en solitario). En esta Comunidad, la principal productora con diferencia, se espera una cosecha de casi 6,5 millones de toneladas de aceituna de almazara, un 43% más que en la campaña anterior, y una producción de aceite que roza, según las estimaciones del Ministerio, los 1,4 millones de toneladas.

Gran incidencia de mosca

Hay motivos que justifican la incertidumbre con la que los oliecultores aragoneses encaran la campaña. Tanto Morella como Baselga destacan que uno de los principales enemigos que este año ha puesto en peligro una buena cosecha ha sido la temida mosca del olivo. Se trata de un pequeño insecto que pica el fruto y pone un huevo en el interior de la piel para que la larva se alimente de la pulpa de la aceituna. El fruto pierde rendimiento, pero también calidad, porque como señala Morella, el aceite generado del fruto afectado tiene una mayor acidez.

La afección era tal en septiembre que el servicio de sanidad vegetal del Gobierno de Aragón reemitió un aviso autorizando y recomendando un «tratamiento de parcheo» en las explotaciones de arbequina de «todas las comarcas olivareras de Aragón» y una tratamiento «total» para el resto de variedades en las comarcas olivareras de Belchite, Borja y Valdejalón.

Morella asegura además que los olivos de secano, la mayoría en Aragón, sufrieron mucho la pasada campaña por la grave sequía que tuvieron que soportar. El resultado será una merma en la producción que, según el representante de UAGA, podría llegar hasta el 40% en las explotaciones de la comarca Campo de Belchite. Eso sí, a renglón seguido reconoce que el pasado año se obtuvo «una gran cosecha» por lo que la reducción de la producción tendría mucho que ver con la vecería (fenómeno típico en este tipo de cultivos en el que se produce una alternancia de grandes producciones con otras en las que la cosechan es considerablemente más baja).

Este agricultor y sindicalista destaca también que para cuantificar la cosecha habrá que esperar a ver cómo se comportan los rendimientos, que a priori parecen más bajos, ya que «la humedad es superior este año y el índice de materia grasa, de momento, es inferior».

El responsable del sector en Cooperativas Agroalimentarias señala otro factor que inquieta. «Hay mucha oliva que se está cayendo al suelo», destaca Manuel Baselga, que explica que en este fenómeno han tenido mucho que ver las lluvias de los últimos días, ya que el fruto se ha llenado de agua y por el peso terminan cayéndose del árbol.

Ambos insisten, sin embargo, es que, ya sea mayor o menor que las previsiones de producción que actualmente se manejan, el aceite tendrá, como así sucede desde hace años, «una calidad de primera».

¿Y los precios?

Pese a todo, la verdadera preocupación del sector está en el mercado. Los productores recuerdan que hay poco aceite de enlace (existencias del pasado año) y que este se ha acortado todavía más por el retraso sufrido por el inicio de la cosecha. Esta circunstancia debería propiciar un incremento de precios. Morella detalla que con los primeros aceites se han podido realizar operaciones en origen «a precios muy altos, cerca de cuatro euros, pero ahora las compras se realizan con cuentagotas y a menores cotizaciones (por debajo de los tres euros). «Hay mucha especulación», asegura el representante de UAGA.

Desde Cooperativas Agroalimentarias de Aragón tampoco se muestran muy convencidos de que las circunstancias de esta campaña (escaso enlace, menor producción mundial...) sirvan para dar un espaldarazo a los precios, que se han mantenido a la baja «durante todo el año». Pero reconoce que, de todas maneras, la campaña es larga y apenas acaba de comenzar.

De interés

Producción. Aragón cuenta con 104 almazaras repartidas por las tres provincias (43 están situadas en la provincia zaragozana; 33 se localizan en Teruel y las 28 restante en la provincia de Huesca. El pasado año, la producción de aceite de oliva de la Comunidad alcanzó, según datos del Ministerio, 17.363 toneladas, una cifra que coloca a Aragón como la sexta comunidad productora. Con marca. La calidad del aceite aragonés está demostrada con sus dos denominaciones de origen: la D. O. Aceite del Bajo Aragón y la D. O. Sierra del Moncayo. Superficie. El cultivo del olivar se extiende en Aragón por una superficie que roza las 46.000 hectáreas. De ellas, el 75% ocupan tierras de secano y solo un 25% es cultivo en regadío.

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