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Economía

Amado Franco: “Mi única recomendación es que se conserve y refuerce la cultura de Ibercaja”

En su primera entrevista tras dejar la presidencia de Ibercaja, entidad financiera en la que trabajó 47 años, Amado Franco lega a sus sucesores un consejo muy claro: que mantengan la forma de trabajar que ha hecho fuerte a la institución.

Amado Franco.
Amado Franco, el viernes por la tarde. Esa misma mañana anunció su renuncia a la presidencia.
Oliver Duch

Llegada la ahora del adiós. ¿Con qué sensaciones se marcha?

Es una sensación variada, por decir de alguna manera. Primero, una sensación de orgullo de haber pertenecido a la plantilla de esta casa e, indudablemente, de haber sido su presidente. Segundo, la satisfacción de que con todo lo que ha pasado, uno ha colaborado a que esta entidad sea solvente, haya sobrevivido, tenga futuro y mantenga raíces y sede en Aragón. Y por otro lado, con nostalgia. Después de casi 50 años aquí notas como que te va a faltar algo. Me voy con satisfacción, orgullo y agradecimiento. Agradecimiento a los empleados, a la plantilla, a los órganos de gobierno de la caja y del banco. También me gustaría mostrar un agradecimiento a los políticos, porque uno de los marchamos de esta casa, por los que, creo, hemos triunfado, es por la independencia. Independencia de la política. Y bueno, algo hemos hecho nosotros por conseguir esta independencia, pero también es verdad que los sucesivos gobiernos que ha habido en esta tierra cuando éramos caja han entendido que podíamos colaborar sin la intromisión ni de nosotros en la política ni de la política en la caja.

Han sido casi 50 años en la entidad. ¿Qué es lo que ha cambiado en estos 47 años, desde que un jovencito entró por esa puerta hasta hoy?

El primer trabajo que hice en esta casa fue ordenar los libros de la biblioteca de José María Royo Sinués, ¡fíjense si han cambiado las cosas! Han cambiado muchísimo.

Entró usted a la caja por oposición.

Yo entré en la primera oposición que hubo para titulados universitarios en la caja. Entonces, con título universitario en la caja estaban don José Joaquín Sancho Dronda y el que era secretario general, Juan Antonio Lasierra. Ese año entramos siete personas y al poco tiempo don José Joaquín me llama y me dice: "Amado, ¿sabes esquiar?". No, respondí. "¿Te gusta la montaña?" Sí. "Pues entonces, vete a Formigal, que ahí tenemos un tema que es muy importante para esta tierra, pero con una condición, de que no te pongas los esquís en tanto en cuanto no encauces el tema". Y así fue. Estuve tres o cuatro años de consejero delegado de Formigal y cuando ya estaba el tema encauzado me destinaron a los inmuebles de la caja. Entonces ya me puse los esquís. Y ahora soy un forofo de ese deporte.

Relevó a Manuel Pizarro en la presidencia de Ibercaja. ¿Qué herencia le dejó y qué herencia deja usted al equipo que se queda ahora al frente de la entidad?

Manuel Pizarro fue un lujo para esta casa, por su prestigio y por su fortísima personalidad. Yo creo que con él hicimos un tándem, él como presidente y yo como director general, que funcionó a las mil maravillas. A los que cogen el testigo, ¿qué les dejo? Ellos saben volar solos, lo sé porque hemos trabajado juntos más de 30 años. Mi única recomendación es que conserven y refuercen la cultura de esta casa. Siempre digo que sí que es importante la solvencia, sí que son importantes los beneficios, que tengas activos sanos, pero lo que realmente diferencia a las empresas buenas de las menos buenas es la cultura. Esta casa tiene una cultura que está metida hasta el tuétano, una cultura de jugar siempre a medio–largo plazo, huyendo del cortoplacismo, huyendo de los pelotazos, una política de transparencia, de lealtad en las relaciones con todos: con los clientes, con los órganos de gobierno y con los representantes políticos. De cumplir siempre con la palabra dada. Una cultura con el convencimiento de que la única manera de garantizar el futuro es incrementar la solvencia y la fortaleza. Esa es nuestra cultura.

Como presidente de la entidad le tocó vivir una de las etapas quizás más duras del sistema financiero español. Vivió en primera línea la reforma bancaria y una gran crisis económica. ¿Cómo recuerda esa etapa?

Lo que yo llamo el tsunami financiero fue una época difícil. Nosotros teníamos la caja con una gran fortaleza, con solvencia, y nos vimos envueltos en toda la vorágine de intentar arreglar el tema de las cajas mediante fusiones y absorciones. Estuvimos estudiando muchos casos, se nos presentaron muchas ofertas y yo creo que el tiempo nos ha dado la razón, ahí demostramos eso que decía de los valores culturales. No perdimos la razón por el tamaño. Si hubiéramos cogido muchas de las operaciones que se nos pusieron encima de la mesa ahora estaríamos en otro sitio.

Quizás la operación más importante que ha puesto en marcha en estos años Ibercaja ha sido la absorción de Caja3. ¿Está hecha ya la digestión de ese grupo?

Estamos muy satisfechos. Es decir, el tema de Caja3 no era un tema de crecimiento, era un tema de defensa de tu posición en el territorio madre que es Aragón. Si nosotros hubiéramos permitido que debido a la delicada situación que entonces tenía Caja3, donde estaba la CAI como caja más grande, se la hubiera quedado otra entidad financiera, una de las grandes, por ejemplo, nos hubiésemos encontrado en esta tierra con un competidor que de la noche a la mañana tenía un 25% (de cuota), y eso indudablemente no nos hubiese gustado. Entonces la principal razón de la adquisición de Caja3 fue una actuación defensiva de esta tierra y defensiva de la cuota de mercado. Hemos tenido después situaciones que ha habido que sanear, pero es verdad que también se han producido sinergias de costes importantes en cuanto a red, por ejemplo, y también sinergias importantes en cuanto a ingresos.

¿Necesita Ibercaja entrar en una nueva operación de fusión?

Necesitar, no.

El Banco de España podría imponer alguna más.

El Banco de España tenía una problemática y una de las vías para resolverlo fue propiciar la unión de entidades con problemas con entidades sanas. Pero la sana tenía que tener vitaminas suficientes para digerir a la enferma y algunas estaban muy enfermas, hacía falta mucha vitamina. ¿Y nosotros al final qué cogimos? Aquello que creíamos que podíamos digerir y aquello que era beneficioso para consolidar el proyecto de Ibercaja.

¿No hay presiones para tener más tamaño?

Hay una obsesión tremenda con el tema del tamaño. Tú vete a Estados Unidos y verás cuántas entidades financieras más pequeñas que nosotros hay que sobreviven perfectísimamente. Lo que garantiza el futuro no es el tamaño, ni muchísimo menos. Lo que te garantiza el tamaño es el tener una capacidad de generar beneficios recurrentes para cumplir los niveles de solvencia. El tamaño no garantiza nada. ¿Cuántos gigantes hay con pies de barro? Nosotros no estamos con pies de barro, somos un banco mediano.

Usted siempre defendió el espíritu de caja de ahorros. En el anuncio de su salida dijo que su espina clavada era que Ibercaja sea hoy un banco y no una caja.

La espina que me llevo clavada es esa, porque yo creo que teníamos futuro como caja bien gestionada. Sin esa obsesión que antes hablábamos del tamaño.

Le tocó tratar con muchos gobiernos en Aragón, de distintos signos políticos. ¿Cómo ha sido su relación con ellos?

Muy buena. Yo el lunes le comuniqué mi marcha al presidente de Aragón, Javier Lambán, y el jueves al mediodía llamé a Marcelino Iglesias, a Luisa Fernanda Rudi y a José Ángel Biel. ¿Por qué les llamé? Por lo que antes decía, por agradecimiento de haber mantenido esa independencia. Siempre hemos tenido buena relación, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Hemos sido capaces de hacer proyectos para esta tierra importantes, para Aragón. Hablamos del tema de la nieve, de los vinos del Somontano, de la Expo, que se hizo cuando estaban en el Ayuntamiento de Zaragoza el PSOE y CHA, con la que también hubo buena relación.

¿Hay algún proyecto que se haya quedado pendiente, algo que le hubiese gustado hacer y no se hizo, se arrepiente de algo?

Todos tropezamos y al final se aprende tropezando.

En Aramón, por ejemplo, no ha entrado un socio industrial. ¿Queda eso pendiente?

Nosotros creemos que Aramón es un tema estratégico, hoy el tema del turismo de Aragón es superior en participación en el PIB que el tema agrícola. ¡Quién lo iba a decir hace años! Eso tiene que seguir funcionando y tiene que crecer. A medio plazo la situación ideal es encontrar a industriales expertos, que tengan estaciones de nieve en otros sitios importantes, que se jueguen su dinero y que al mismo tiempo lo gestionen. Y ahí nosotros podemos seguir participando con un 5%, un 15% o un 20%. Y el Gobierno de Aragón, lo mismo.

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