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Economía

Opinión

"No encuentro trabajo, ¿qué puedo hacer?"

Pedro Mata, gerente de la Fundación Aragón Invierte, analiza el camino por el que transitan los emprendedores y los problemas a los que se enfrentan.

“No encuentro trabajo. Busco y no encuentro, ¿qué puedo hacer?”. Muchos desempleados comienzan su andadura como autónomos intentando encontrar una respuesta a esa pregunta. “Si nadie te contrata deberás montarte por tu cuenta”, han escuchado en numerosas ocasiones. Pero, ¿todo el mundo puede ser emprendedor? ¿es más fácil emprender para un desempleado? ¿qué problemas pueden encontrarse?

Debemos comenzar planteando qué es un emprendedor. En la primera mitad del siglo XX, el economista austriaco Joseph Schumpeter definía a los emprendedores como aquéllos que son capaces de generar una “creación destructiva”, “haciendo añicos el status quo” vigente, creando “nuevos productos y servicios” o “innovando”, estableciendo “nuevas funciones de producción.” El emprendedor de Schumpeter nunca está satisfecho con los resultados de la innovación existente y siempre está buscando nuevas oportunidades. Es decir, el emprendedor está asociado con la innovación continua, la creación destructiva y la diferenciación. En este contexto, si una persona no tiene un proyecto innovador, diferente, no será un emprendedor aunque ponga en marcha una empresa.

No obstante, la opinión pública suele incluir como emprendedores, no sólo a aquéllos que tienen unas ideas innovadoras y que están dispuestos a transformarlas en una empresa, sino a aquéllos que asumen ciertos riesgos profesionales –por ejemplo, montando una empresa o estableciéndose como autónomo- aunque no haya innovación o diferenciación manifiestas. Es decir, para distinguir a un emprendedor de otro que no lo es, la variable más relevante sería el riesgo asumido, no la innovación o diferenciación generada. En este caso, si alguien tiene que incorporar a su trabajo la acción comercial para conseguir ingresos, pasa a ser emprendedor. La incertidumbre sobre los ingresos aportaría ese riesgo que transforma a un trabajador en emprendedor. Cuando se habla de emprender como solución a una situación de desempleo se suele hablar de este tipo de emprendedor.

Hay numerosos estudios sobre la personalidad del emprendedor. Se concluye, mayoritariamente, que los emprendedores comparten una serie de rasgos comunes de la personalidad. Para saber si cualquiera puede ser emprendedor, sería razonable conocer si las características del emprendedor son congénitas o no; es decir, si el emprendedor nace o se hace. Un reciente estudio de la consultora Ernst & Young, entre otros con resultados similares, concluye que la mayoría de los emprendedores han tenido una experiencia profesional previa, argumento que se utiliza para afirmar que un emprendedor puede “hacerse”. Las carencias en la personalidad del emprendedor se pueden sustituir con formación, experiencia, o asesoramiento. Si el emprendedor se hace, cualquiera puede hacerse emprendedor.

En ciertas ocasiones, cuando las personas se encuentran trabajando por cuenta ajena, no están dispuestas a correr los riesgos de emprender (entre otros el riesgo a no generar ingresos que compensen la pérdida del salario recibido en esos momentos). La pérdida del trabajo facilita el emprender, pues desaparece el coste de oportunidad de seguir trabajando. En otras palabras, para trabajar por cuenta propia ya no hay que dejar ningún empleo y, consiguientemente, no se va a perder ninguna remuneración. Lógicamente, cuanto más tiempo pase desde que se entró en el desempleo, menos prestación se cobre, y menor sea la esperanza de encontrar empleo por cuenta ajena, menor será el coste de oportunidad de emprender y mayor será la inclinación al emprendimiento. Con lo que la situación de desempleo tiene un peso importante a la hora de tomar la decisión de emprender.

Adicionalmente, a la hora de emprender, aparecen reiteradamente otros dos aspectos que frenan a los emprendedores: la financiación y el desconocimiento.

Los emprendedores comienzan ilusionados su proyecto, pero todo proyecto necesita capital. Los fondos disponibles suelen ser más bajos cuando se está desempleado que cuando se está trabajando, aunque, en todo caso, los fondos iniciales se suelen acabar con cierta rapidez. Se comienza entonces a incorporar a amigos, familiares y “locos” (las 3 efes en lenguaje del emprendimiento) al proyecto. El emprendedor, normalmente, comienza a buscar dinero cuando le falta, y no con cierta planificación y anticipación. Además, la financiación bancaria no es fácilmente accesible en estos tiempos, con lo que el “problema” financiero se hace aún más relevante. Por último, muchos emprendedores se encuentran con el problema de las carencias en gestión, control y falta de experiencia emprendedora. A pesar de que estas carencias no sean insuperables, el conocimiento sobre cómo transformar una idea en una empresa supone la mayor barrera al emprendimiento.

Hoy en día existen numerosas instituciones, públicas y privadas, que pueden ayudar a los emprendedores a validar sus ideas, a estudiar su viabilidad, a confeccionar y matizar el plan de negocio, e incluso apoyar financieramente los proyectos. En este sentido, los Business Angels, o inversores tutores, ayudan a eliminar las barreras principales de los emprendedores. Los inversores tutores aportan algo más que financiación a los emprendedores, pudiendo suplir esas carencias que el emprendedor tendría a la hora de montar una empresa, ayudando a establecer instrumentos de gestión y control, aportando know-how, conocimiento sobre el sector o el negocio, potenciales clientes y contactos en la cadena de valor. Obviamente, lo que los Business Angels no pueden suplir es la existencia de un proyecto innovador y, por ello, tienen preferencia por los emprendedores de tipo schumpeteriano.

Pedro Mata es gerente de la Fundación Aragón Invierte

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