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Una vida, una vocación

maite guardiola Profesora de educación física y entrenadora de gimnasia rítmica, es la primera ganadora del premio 'Mujer y Deporte 2010'.

Maite Guardiola, homenajeada el pasado noviembre.
Una vida, una vocación
ARáNZAZU NAVARRO

Maite Guardiola se vistió con siete años, por primera vez, con una camisa blanca, una falda y unos pololos, y saltó al tapiz colocado en el césped del estadio de fútbol de Tarazona a cumplir una ilusión de niña: ejecutar un ejercicio de gimnasia. Su familia, el público, aplaudió a una niña inquieta, atraída por un deporte que abrazó con verdadera pasión, y del que ha hecho vocación en su vida. Una inspiración entusiasta basada en una máxima que le llevó a enriquecerse como persona, y a alimentar la sabiduría de todos los que le han rodeado: voluntad y trabajo. Cuarenta y dos años volcada, con determinación, a inculcar en la mujer la necesidad de la práctica deportiva como vehículo para la integración social, sin discriminación por razón de sexo; como medio para educar, fiel a unos valores que engrandecen la calidad humana. Maite Guardila recibió el mes pasado el homenaje de la ciudad a una persona que se entregó a la educación física y a la gimnasia rítmica. Su plasmación es el primer Premio Mujer y Deporte, convocado por el Zaragoza Deporte Municipal y el Consejo Superior de Deportes, institucionalizado en el marco de la XIII Carrera de la Mujer de Zaragoza, y que recibirá el próximo mes durante la celebración de la Gala del Deporte en la capital.

"Cuando eres joven, vas a por todas. Nunca he dicho no a nada porque he hecho lo que más me ha gustado", resalta Maite Guardiola, una innovadora en el mundo de la gimnasia educativa, una revolucionaria de la gimnasia rítmica. A Maite no le gusta hablar en singular: "El fruto es obra del trabajo de muchas personas, un equipo que camina en la misma dirección. Puedo ser la más veterana, pero el comienzo de todo también se debe a Carmen Ezquerra y Mari Cruz Cuadrado", recuerda. De la nada, a construir un proyecto que ha coronado a campeonas de España, del mundo y una brillante olímpica, Esther Domínguez.

En Madrid se empapó de sistemas y métodos de gimnasia, novedosos fuera de las fronteras de un país que basaba su estilo en "la idiosincrasia y folclore español". ¡Cuánto es posible crear con el cuerpo y la música! Y en la Universidad Laboral de Zaragoza, como profesora de Educación Física, empezó a plasmar su sabiduría con un grupo de adolescentes de 14 años que se colgaron la medalla de plata en el Campeonato de España en 1970, y provocaron la admiración con sus 'maillots alemanes' que supusieron un cambio radical en la vestimenta de aquella época. "Trajes de punto gordo y ortopédicos. Era la España negra, no había color sobre el tapiz". Pundonor. Voluntad. Horas y horas de trabajo. "A las cinco de la mañana cogía el autobús que llevaba a los cocineros de la Universidad, y a entrenar", evoca a modo de anécdota. Nunca se ha cerrado puertas, porque las golpeaba con tanta insistencia que al final lograba su objetivo. Como cuando participó con las gimnastas de la Universidad Laboral en una exhibición en Amberes (Bélgica) invitadas por el Club Gimnástico de la ciudad. Y consiguió traer a la ciudad, siendo directora técnica de la Federación Española, a la entrenadora búlgara de rítmica, Ivanka Schakarova (luego seleccionadora de la Federación Española), para unos clínics con las alumnas que después participaron en competiciones internacionales en Bulgaria. Todo un hito para la época.

La película que protagoniza Maite Guardiola es un bonito cuento, una historia que se acompaña de imágenes impagables que guarda en su corazón. En 1975 logra el título de entrenadora nacional y de juez nacional de gimnasia; cinco años más tarde, Ana Riranzo y María Jesús García Ceballos consiguen los primeros títulos de campeonas de España en categoría alevín y segunda, respectivamente; y un lustro después, Marta Aberturas y Gemma Royo son campeonas del mundo por equipos. "¡Qué lloros!, ¡qué felicidad! Fue algo indescriptible". Otra fotografía: junto con Nancy Usero, gimnasta del equipo nacional y, después, entrenadora de conjuntos, a la que descubrió en una prueba de selección de gimnastas: "Siento orgullo de madre". El flash colorea a un grupo de apasionados del arte sobre un tapiz que plasman en un papel el nombre de un club, Escuela de Gimnasia Rítmica de Zaragoza (CEGRZ), entidad pionera en Aragón (1976), reconocida en 1980 con la medalla al Mérito Gimnástico por al trabajo en equipo y la innovación de un equipo técnico que ya formaban, entonces, entrenadoras, preparador físico, psicólogo, médico, profesoras de ballet y pianista. El cuadro recoge trazos que reflejan la satisfacción por ver nacer la Federación Aragonesa en 1984: la formación de todos los estamentos en todas las especialidades y su consolidación, en la actualidad, con doce clubes de rítmica. Y pinta sonrisas al ver su imagen proyectada en su alumna más aventajada, Teresa Muñoz, que cogió su testigo en la dirección técnica del CEGRZ; y dibuja lágrimas cuando en 1990, volcada al máximo en la labor federativa como presidenta y formadora, se obligó a abandonar el tapiz. "Me dejé la vida. Llegó un punto en que había que elegir: la familia o el trabajo".

Nunca se apartó de sus alumnos de la Universidad Laboral, luego Centro de Enseñanzas Integradas, hasta su jubilación el pasado 31 de agosto en el Instituto de Enseñanza Secundaria Itaca. Siempre priorizando el deporte salud, inculcando los valores positivos que conlleva la práctica deportiva, los fundamentos de la constancia y el esfuerzo para alcanzar el éxito. Y de todos ha escuchado la respuesta agradecida por haber estado ahí, por haber ofrecido, por encima de todo, su amistad.

Maite Guardiola iba para farmacéutica pero el hobby se convirtió en vocación. "El deporte es una escuela de vida", concluye.


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