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Camino al cielo

Comenzó generando dudas tras perder el primer partido, pero la Roja ha ido recuperando su magia a medida que avanzaba el campeonato.

Cesc en una jugada del partido contra Paraguay
Cesc, con un golpe en el peroné, duda para la semifinal ante Alemania
EFE

Ya hace casi un mes que comenzó el Mundial de Sudáfrica, pero el sueño español se fraguó mucho antes. El triunfo en la Eurocopa de 2008 revolucionó a una afición sedienta de alegrías y nos convenció a todos de que tenemos la mejor generación de futbolistas de la historia, capaz de ganar a cualquiera.

Ante semejante derroche de orgullo y seguridad, afrontamos el inicio del campeonato como favoritos. La Roja aparecía en todas las quinielas y esa responsabilidad pesó demasiado en nuestro primer partido.

El 16 de junio los de Vicente del Bosque se estrenaban perdiendo ante Suiza, para asombro y decepción de todos. Fue una derrota injusta porque dominaron el partido y se encontraron con un gol de carambola que rebotó en Piqué y despistó a Casillas. Se complicaba la clasificación pero, al mismo tiempo, era una perfecta cura de humildad que nos devolvía los pies a la tierra, recordando aquella máxima futbolística de que no hay rival pequeño.

Enseguida saltaron todas las alarmas, comenzaron las dudas, los fantasmas de oportunidades perdidas en otros mundiales y no ayudaron las críticas del antiguo seleccionador nacional, Luis Aragonés. La euforia inicial se convirtió en cautela y la selección pasó al segundo plano de las favoritas al título, cediendo la presión a los combinados de Alemania, Argentina o Brasil.

Tranquilizadora victoria

Afortunadamente, ganar el segundo partido frente a Honduras calmó a los más agoreros. La Roja venció por dos goles a cero, pero podrían haber sido muchos más si Villa no hubiese fallado un penalti, y Cesc y Torres hubieran estado más acertados. Perdonaron la goleada al equipo centroamericano pero lo importante eran los tres puntos de la victoria que nos permitían llegar al último partido de la fase de grupos dependiendo de nosotros mismos.

El de Chile fue sin duda el encuentro más duro. Se notó que Marcelo Bielsa había estudiado bien el juego de España y logró anularlo en el centro del campo aumentando la presión a Xavi, Iniesta o Alonso. España no parecía España sin la posesión del balón, pero una mala salida del portero chileno permitió que el guaje Villa nos adelantara en el marcador. Después llegaría otro gol de Iniesta y un último tanto de Chile que recortaba distancias cerca del final del partido. Ambas selecciones se clasificaron para jugar octavos de final. España como primera de grupo.

La amenaza de Cristiano

El vecino Portugal se convirtió en el siguiente rival a batir. Su estrella, Cristiano Ronaldo, calentó el ambiente avisando a sus compañeros en el Real Madrid de que no se “hicieran ilusiones”. Los jugadores de Vicente del Bosque salieron a demostrar el juego que les llevó a ser campeones de Europa. Tocando entre líneas y esperando los desmarques de Villa y Torres, volvimos a disfrutar del mejor juego de la Roja. Los portugueses no tuvieron nada que hacer frente a la superioridad de España, que fallaba, sin embargo, en los metros finales.

El cambio de Torres por Fernando Llorente fue el revulsivo que el equipo necesitaba y, con una jugada de toques entre Iniesta, Xavi y Villa, lograron superar al guardameta portugués marcando el definitivo uno a cero.

¿Qué maldición?

Llegaron los cuartos y, con ellos, el partido más loco de los jugados por España. En un solo minuto pasó de todo. Piqué cometió un claro penalti que Casillas detuvo magistralmente. Segundos después, el penalti se volvía a favor de España. Xabi Alonso lo transformó pero el colegiado ordenó repetirlo porque algunos jugadores habían invadido el área. Al segundo intento no hubo tanta suerte y además el portero paraguayo cometió un claro penalti contra Fábregas que el árbitro pasó por alto.

El tiempo volaba y nos venía a la memoria la maldición de cuartos. Sin embargo, en el minuto 81 de partido, tras un remate de Pedrito que rebotó en el poste, Villa –cómo no- nos brindó el gol de la tranquilidad con un disparo que volvió a rebotar en ambos palos antes de acabar en la red. Increíble.

Alemania y a la final

Este equipo ya había hecho historia. Era la primera vez que España disputaba la semifinal de un mundial. En frente estaba Alemania, la selección más fuerte y clara favorita tras mandar a casa a las poderosas Inglaterra y Argentina por goleada.

Se repetía así la final de la Eurocopa. Mismo rival y… Mismo resultado (0-1). España venció y convenció. La prensa internacional, los más pesimistas y hasta Luis Aragonés no tuvieron más remedio que rendirse ante el juego de la Roja, que ganaba merecidamente la plaza para una final ante Holanda que siempre recordaremos. Nuestra primera final. ¡Que vengan muchas más!

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