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Un pequeño récord, una gran alegría

Cerca de 26.000 personas, según la organización, asisten al partido a beneficio de Aspanoa entre veteranos del Zaragoza y de España

La grada de tribuna estuvo casi llena.
Un pequeño récord, una gran alegría
A. N.

No por repetitivo algo deja de ser interesante. Para muestra, lo sucedido ayer en el estadio de La Romareda. No jugaba el primer equipo del Real Zaragoza; tampoco lo hacía la actual selección campeona del mundo. Sobre el tapete verde se juntaban estrellas de tiempos más o menos pretéritos, tanto blanquillos como internacionales con España. Cedrún, Juan Señor, Alfonso, Milla, Donato, Víctor Muñoz, Nayim? Ellos fueron algunos de los invitados a una fiesta que año tras año se celebra en beneficio de Aspanoa (Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Aragón). El resultado: 26.000 personas, según la organización. Ayer no valían los goles; lo que verdaderamente se contabilizaba era el apoyo del público y, una vez más, los asistentes se encargaron de completar la mejor jugada de este partido solidario. La cifra significó un nuevo récord, ya que nunca antes tanta gente se había acercado para apoyar esta causa. Pero, sobre todo, significó una gran alegría para esos niños y esos padres que viven de cerca la enfermedad.

En la grada no faltaba el colorido. Banderas de España; bufandas del Zaragoza; niños, muchos niños interesados en observar a jugadores de los que han oído hablar pero que difícilmente han visto jugar debido a su corta edad. Todos ilusionados, todos solidarizados.

"Dicen que el cariño también cura. Para nuestros niños, el que aquí se encuentren sus familias, sus compañeros de clase y tantísima gente es una satisfacción. Estamos convencidos de que están felices y de que esa felicidad les durará muchos días y les ayudará a estar animados y mucho mejor", así valoró el gerente de Aspanoa, Antonio Rodés, el sentir de esos pequeños que tuvieron un bonito día fiesta. Y si de bien nacidos es ser agradecidos, Aspanoa lo fue.

Antes del pitido inicial, los dulzaineros y los Gigantes de Tauste comenzaron a calentar el ambiente. Después, ya con los 22 jugadores y el equipo arbitral, la asociación quiso agradecer a todos su presencia. Lo hizo alzando a lo alto siete corazones con siete letras en símbolo de gratitud. "Gracias". Gracias de corazón.

El 1-4, lo de menos

Minutos después comenzaba el partido. Lo que dijese el marcador era lo de menos en esta ocasión. "Da igual que nos metan cuatro, 10 o 24. Lo importante es que venga la gente y Zaragoza siempre responde. No hay año que no haya respondido", señalaba Nayim al descanso, durante la exhibición de los paracaidistas del Escuadrón de Apoyo del Ejército del Aire.

La selección española de veteranos arrolló al combinado blanquillo, sobre todo en la primera mitad, donde anotó todos los goles. El 1-4 final reflejó la superioridad de un equipo en el que parecía que no pasaban los años en algunos jugadores: en el ataque, Javier Manjarín y Alfonso Pérez (con dos dianas cada uno) hicieron diabluras ante la zaga rival; Romero, que no ha acumulado un kilo de más desde su retirada, sigue subiendo la banda izquierda como antaño; y Donato, el incombustible Donato, sustituye su falta de velocidad por la experiencia. Luis Milla y Albert Celades demostraron que el toque no se pierde y se encargaron de mover al equipo. El ex jugador zaragocista aseguró que fue "una bonita excusa" para volver, aunque no fue el único viejo conocido que regresó a La Romareda. Daniel García Lara 'Dani' pisó de nuevo la que fue su casa durante dos años y medio. El delantero se quedó "con ganas de marcarle a Láinez", pero manifestó que daba gusto jugar el encuentro rodeado de amigos. Ambas zamarras vistieron ex futbolistas como Juan Señor -autor del único gol zaragocista en la segunda parte-, Víctor Muñoz o Alberto Belsué.

Pudo ser más abultada la goleada, pero Contreras en la portería de España y Cedrún en los minutos finales arrancaron los aplausos en la grada tras varias intervenciones. El ex portero blanquillo es un habitual en esta cita por cada mes de noviembre, pero no dejaba de estar impresionado ante la magnífica respuesta de la gente. "No hay adjetivos. Se ha convertido en una tradición y una cultura que se va transmitiendo. Los niños un día serán mayores y vendrán con sus hijos". Ojalá Cedrún tenga razón. Ojalá esta historia de solidaridad tenga una sucesión de capítulos durante los próximos años.

 

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