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Tercer Milenio

REAL ZARAGOZA

Sudor en la factura

Gabi personificó el compromiso y el esfuerzo de un equipo puesto bajo sospecha tras su imagen frente al Espanyol y el conflicto derivado de los impagos a la plantilla. Gabi ejerció de capitán, goleó, y La Romareda coreó su nombre. Fue, sin duda, el mejor.

Gabi protege una pelota ante la acometida del centrocampista rival, Xavi Torres.
Sudor en la factura
JOSé MIGUEL MARCO/ARáNZAZU NAVARRO

Un programa de televisión lleva en mente instalarle un día de estos a Gabi un cuentakilómetros diminuto y ligero con el que registrar su voracidad territorial, las millas de césped que se tragan sus botas entre carrera y carrera en un partido. Computarle los kilómetros a un futbolista se ha convertido también en un modo de medir su deber, su oficio y compromiso. Quien no corre, no juega. Gabi corrió ayer como un titán. No es la primera vez. Recuerden el partido del Mallorca y aquel penalti envuelto de angustia.

El capitán ejerció de tal, y personificó en el momento oportuno el esfuerzo, sacrificio y voluntad de todo el equipo en un partido seco de fútbol, pero abundante en sudor. La ocasión exigía una contestación así, un lavado de imagen urgente tras la deserción contra el Espanyol. Especialmente en una semana delicada, con amagos de rebelión interna y con la plantilla bajo sospecha por lo de Cornellá. Los problemas de pagos de Agapito Iglesias habían generado cierta desconfianza sobre aquella bajada de brazos y habían abierto una incógnita sobre la reacción del equipo ante el Levante. La respuesta fue significativa, rotunda: a su manera, sobre la mesa, el equipo le dejó la factura del día a Agapito Iglesias impregnada de sudor y aliento. Y de una victoria patrocinada por Gabi.

El capitán goleó, marcó su cuarto tanto del curso (máximo anotador de la plantilla), y descargó de trabajo a su equipo. Gabi fue una riada que desbordó al Levante. Si el pasado jueves, hizo de portavoz frente a los rumores de plante por impago, ayer cogió el megáfono en el campo. Su partido recordó en buena medida al del Mallorca. Repitió océano de esfuerzo y esta vez consiguió elevarse sobre sus constantes errores en la gestión de la pelota. Hay un dato reseñable que persigue a Gabi: es de los futbolistas que más balones pierde de la Liga, pero también uno de los que más recupera y más faltas comete. Eso se traduce como amor propio. Gabi no creció en Zaragoza ni posee genética aragonesa. Tampoco cruzó la cantera del club. Nunca tuvo lazos con él hasta que firmó hace tres años. Pocas marcas de identificación y huella de pertenencia al Zaragoza pueden hallarse en él. Sin embargo, el sentimiento de Gabi es la profesionalidad. Jamás le ha dado la espalda al escudo que le paga (aunque sea tarde) y varias imágenes del pasado lo confirman: las lágrimas del descenso en Mallorca o la vomitina de fatiga y tensión en Jerez el año de Segunda.

Todos estos episodios, y su carácter, lo transformaron en el capitán del equipo. Dentro del vestuario todo el mundo escucha a Gabi, un chico que aterrizó en el Real Zaragoza como cuarto o quinto centrocampista. Por delante tenía entonces la oposición de Aimar, Zapater, Matuzalem, Celades? Gabi era relleno. Ahora, no. Ahora nadie prescindiría de él, y en esto, puede interpretarse también el declive de calidad sufrido por el Zaragoza en los últimos tres años. La Romareda, sabia y juiciosa, no ha sido ajena a ese derrumbe, y su gusto, siempre exigente con el fútbol de estética cristalina y la excelencia técnica, se ha adaptado a las circunstancias. Ahora se premian también otras cosas, el coraje, la implicación, las carreras, el esfuerzo? Las cuestiones estilísticas han quedado en un segundo plano. Por eso, Gabi tuvo su recompensa ayer, y La Romareda, poco dada a los elogios particulares en los últimos tiempos, se levantó espontánea para corear su nombre.

Le agradecían sus impetuosas carreras, sus pulmones de acero, su gol victorioso, su aliento extenuante, sus gritos al árbitro... Su fútbol profesional. Su pulso al cuentakilómetros. La Romareda reconocía en ese instante, a Gabi y a los demás, su generosa energía, un sudor sin pagar que Agapito Iglesias tiene ya en la factura.

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