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CICLISMO

Respeto fuera de categoría

La segunda etapa toca hoy el cielo del Tourmalet, célebre montaña para el ciclismo francés, un puerto de catalogación especial por su singular dificultad.

La historia, aunque suena a leyenda, dice que el genial descubrimiento del Tourmalet para el ciclismo se obró con una mentira. Se cuenta con innumerables matices, distintas versiones y hasta pinceladas épicas.

Cuentan que Alphonse Steines, luxemburgués y uno de los padres del Tour de Francia, viajó a las faldas del coloso pirenaico con la misión de encontrar nuevos retos para el recién nacido Tour de Francia. En su ascenso, que hubo de completar caminando por la acumulación de nieve, casi perece. Al cruzar a la otra cara de la montaña, sin embargo, se comunicó con quienes hasta allí le habían enviado. "He cruzado el Tourmalet. Carretera buena y practicable", dijo. Suena a invento. Pero la rocambolesca historia encaja perfectamente con el carácter épico que esta cima siempre le ha concedido a la prueba francesa.

Con motivo del centenario de la primera coronación de este puerto por el Tour (en 1910), Francia celebró en julio una doble ascensión a una montaña que no es ni de segunda ni de primera categoría. Es el 'hors catégorie', el puerto fuera de categoría. Está al margen de todos, no hay equiparación posible. Por eso, la etapa de hoy -en la que también se sufrirán las curvas del Col d'Aspin, postre nada digestivo a las del Tourmalet- posee alicientes espectaculares. En lo más alto, además, se instalará la Cima Capapey, homenaje al legendario presidente del Club Ciclista Zaragozano. Será, pues, un homenaje doble: a un escenario único, el Tourmalet, y a una persona merecedora de la gratitud del ciclismo aragonés, en general, y de la Vuelta a los Pirineos, en particular.

Dicen que apenas da tiempo a disfrutar que se está en la cima del Tourmalet, que se han superado sus cuestas. Solo hay una certeza: genera un respeto incatalogable, fuera de categoría.

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