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REAL ZARAGOZA

Pura supervivencia

El Real Zaragoza debe ganar hoy en Riazor para huir del descenso y evitar un final de Liga dramático.

Agapito Iglesias conversa con Jorge López a la conclusión del entrenamiento de ayer del Real Zaragoza en Abegondo.
Pura supervivencia
óSCAR PARíS/LA VOZ DE GALICIA

Llegó la hora de las prisas. Es el momento de los padecimientos. Con la caída de la hoja de mayo en el calendario, la Liga toca a su fin y es obligado cerrar balances en apenas 15 días. Y al Real Zaragoza el tiempo se le ha echado encima sin haber cuadrado sus números en la clasificación. El descenso está reflejado permanentemente en los dos retrovisores. Por un lado, se ve la cara del Valladolid. Por el otro, intenta adelantar el Tenerife. Paralelamente, circula el Málaga. Delante, tapona el paso el Racing.

La competición dictaminará premios y castigos en solo dos semanas naturales. Este cortísimo espacio de tiempo es el que tienen de tiempo Gay y sus chicos para dar solución a este tenebroso año -otro más del agapitismo vigente- y evitar el despeñamiento a los infiernos de la Segunda División, algo que sería sinónimo de cataclismo absoluto para el futuro del Real Zaragoza como entidad. Por eso, la cita de hoy en La Coruña, por encima de cualquier otra valoración de índole futbolística, táctica o ambiental, hay que circunscribirla en el marco de la supervivencia.

Ganar es salvoconducto para sobrevivir, en el más amplio sentido de la palabra. No solo como equipo que, ubicado a solo dos puntos de la línea roja que el día 16 mandará a los tres más torpes a Segunda, tiene que seguir sumando puntos para huir del pozo. También como club (S.A.D.) que requiere que su balance deportivo del periodo 2009-10 no haga estallar como Hiroshima y Nagasaki su cimbreante y peliagudo estado de cuentas. Algo que es, desde hace un trienio, una permanente amenaza de ruina de no mediar una catarsis que se anhela en muchos frentes del zaragocismo una vez concluya este curso. Para ello, para esa supervivencia que hoy tiene un episodio decisivo en Riazor, es condición 'sine quanon' que el equipo siga militando en Primera.

Gay llegó ayer a Galicia con el equipo base dinamitado. Contini, el jefe de la defensa desde enero, fue expulsado contra el Madrid y cumple castigo. Suazo, el goleador que vino en invierno a dar personalidad a un bloque romo, ha dicho adiós anticipadamente por su lesión en el hombro. Eliseu, el primero de los refuerzos desesperados de Agapito y Herrera por navidades, también está sancionado por acumulación de tarjetas. Y Diogo, el único lateral derecho específico de esta mal ideada plantilla, está de nuevo en el dique seco por culpa de una de sus rodillas. A estas cuatro bajas de enorme peso específico, puede unirse la de Arizmendi, cuyos aductores ya le tumbaron la semana pasada minutos antes del choque con los madridistas y que ha viajado con dolor. Gay quiere apurar, pero tampoco desea arriesgar a perder al madrileño para los otros tres partidos que aún restarán cuando esta noche acabe el de Riazor.

¿Y el Deportivo? Del rival de hoy, todo ha quedado dicho durante la semana. Para el Real Zaragoza, su cara no deja de ser la de un secundario, un extra en el escenario de su drama por lograr permanecer en la elite. Se juega la vida ante el Dépor como se la jugaría ante cualquier otro de los 19 colegas de división. No obstante, el presente de los gallegos es un canto a la esperanza. Los de Lotina llevan tres meses desenchufados de la Liga. Nueve partidos sin ganar. 3 puntos de los últimos 27. Tres partidos sin marcar un solo gol. Sin hambre, sin ambición, sin aspiraciones ni riesgos. A priori, un equipo blandito que debería ser víctima propiciatoria para un Zaragoza que ha de salir a muerte. Pero en el mundo del fútbol estas reglas no rigen así la mitad de las veces. Lendoiro, su presidente, metido en litigios con su homólogo zaragocista, Agapito, desde hace años y, especialmente, desde que en verano eclosionó el 'caso Lafita', no va a estar dispuesto a que sus muchachos se relajen en un partido de tanto valor sentimental para él.

Con un equipo de circunstancias, tras dos meses sin marcar un gol fuera de casa, Gay debe dar réplica a estos condicionantes que, dentro y fuera del césped de Riazor, van a armar un partido tremendo para el Zaragoza por tanto como se juega. Todo con el oído pegado a la radio para saber lo que pasa con el resto de rivales del vagón de cola. Es mayo, es el final del trayecto. Es el momento de lograr la supervivencia por los medios que sea. Suerte y acierto.

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