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REAL ZARAGOZA

Muñoz se quedó en el camino

Agapito Iglesias y Víctor Muñoz se vieron ayer personalmente. A instancias del accionista del Real Zaragoza, lo hicieron por la mañana, en Lérida, a mitad de camino entre Barcelona (lugar de residencia del entrenador aragonés) y Zaragoza. El empresario soriano quería saber de primera mano las intenciones de Muñoz dentro del vestuario y del club en el caso de que, al final, él fuese el elegido para dirigir al equipo el año que viene en Segunda División.

Realmente, el encuentro no acabó teniendo demasiada sustancia. Víctor Muñoz viajó hasta Lérida sabiendo que el elegido de Agapito era Marcelino García, con el que el dirigente zaragocista ya había avanzado notablemente su acercamiento en las horas previas al encuentro de ayer en la capital ilerdense. Por eso, la conversación transcurrió por caminos poco profundos. En el mundillo de los entrenadores (mucho más, en el de los representantes), había corrido como la pólvora la descomunal oferta económica que Agapito presentó al descreído Marcelino anteayer. Tan descomunal e irrenunciable que ha sido capaz de variar las intenciones iniciales del asturiano, que no quería recular a la Segunda División tras haber triunfado este año en Primera al frente de un equipo modestamente europeo como es ya el Racing de Santander. Víctor Muñoz lo conocía y, al hacérselo saber a Iglesias, se rompió cualquier tipo de complicidad.

A partir de ese punto, dio igual que Víctor Muñoz tuviese unos planes u otros para llevar al Real Zaragoza de nuevo a Primera División. O que Agapito pudiera plantearle al preparador zaragozano cualquier sugerencia respecto de su grado de poder en la estructura deportiva de la entidad en caso de acabar fichando por el Zaragoza. Con las cartas boca arriba sobre la mesa, a orillas del Segre poco más aconteció.

Víctor se quedó de nuevo con las ganas de plantear (como ya hiciera días antes de su salida del club hace dos años naturales) una pequeña revolución dentro del andamiaje del Real Zaragoza. Sus ideales respecto de cómo han de ser las estructuras de la dirección deportiva, la secretaría técnica, el cuerpo de ojeadores, la Ciudad Deportiva, el área médica o la de fisioterapia, se perdieron de nuevo en el infinito sin hallar terreno fértil donde ser cultivados.

Al término del descafeinado encuentro entre Agapito y Víctor, un apretón de manos amable pero frío puso fin al inútil acercamiento. Cada uno encaró su coche en dirección opuesta y regresaron a casa sin mayor novedad.

En cierto modo, la escena tiene su similitud a la que protagonizaron Jerónimo Suárez, Miguel Pardeza y Pedro Herrera en Logroño cuando, hace ahora 24 meses, acudieron a una cita prefijada con Ernesto Valverde (este viajaba desde su casa en Bilbao) para hablar de su posible fichaje por el Zaragoza. En aquel momento, todos sabían que Víctor Fernández ya estaba designado desde las alturas para el puesto y dicho encuentro con Valverde era una escenificación vacía. Esta vez ha sido Muñoz el que ha viajado en balde.

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