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Deportes

REAL ZARAGOZA

Marcelino baja a la arena

Marcelino García Toral busca resintonizar el equipo: ayer multiplicó sus mensajes y la cercanía con los jugadores, probó a Jorge López de organizador y a Arizmendi en punta y trabajó con dedicación especial en la la zona creativa.

"Todos le conocemos, es muy exigente". Poco después de un entrenamiento rico en matices, Antonio Hidalgo subrayaba la actitud severa y minuciosa de Marcelino en las cuestiones cotidianas. Para Marcelino, los entrenamientos son partidos. Situaciones reales con fuego real y nivel real donde no extraña que su exigencia pertinaz, como el propio entrenador reconoce, dispare el estrés de los jugadores. Por encima de todo, el mensaje debe llegar limpio y diáfano, inocularse sin ruido. Que los conceptos vayan directos a la bota del futbolista. Pero no siempre es así. Ocurrió en Gerona.

Durante los días previos, Marcelino reclamó ansiosamente a sus futbolistas (y al entorno) desconfianza en el rival y una moderación de la soberbia, alertó sobre los tramposos peligros de un partido contra un equipo desconocido y condicionó la superioridad de serie del Zaragoza a poner en juego la misma velocidad, concentración e intensidad que el adversario ("si tenemos máxima ambición y máxima intensidad, es difícil que perdamos", dijo). El fracaso de sus palabras fue obvio. Unas palabras que tampoco le alcanzaron para explicar las razones de la derrota en Gerona. En el fondo, residía en Marcelino un profundo desengaño con los futbolistas, "sonrojo", lo llamó.

Por eso, para evitar nuevas irritaciones y olvidar las pasadas, esta semana el técnico asturiano ha acentuado su instrucción. Ya el martes reunió a los capitanes en busca de estímulos grupales tras no organizar la analítica charla habitual en los primeros días de trabajo de toda semana. A esta costumbre obviada, se le unieron ayer otros rasgos que denotan una ligera adecuación del método y una evidente búsqueda de respuestas dentro del equipo. Marcelino, tras la regresión manifestada en Gerona, intenta resintonizar a la plantilla, recolocarla en la leve línea de mejora que se esfumó en la última jornada. Y, para lograrlo, se ha lanzado ha intensificar la comunicación interna, a reparar disfunciones y a remover piezas. Incluso metiéndose en el barro.

Por un lado, Marcelino, ya de por sí hombre extremadamente inquieto, corrector, dialogante y didáctico durante el desarrollo de las sesiones, incrementó el grado de voz y la fuerza de su órdenes. Ayer, paralizó y repitió jugadas, adentrándose desde las afueras del campo hasta delante del rostro de los jugadores si era preciso; verificó posiciones, supervisó conexiones, diversificó mensajes… Todo ello con extrema cercanía, codo con codo con el futbolista, y con especial dedicación a la línea creativa, hacia donde se han extendido las últimas sospechas y han surgido dudas innegables. Más o menos, Marcelino se colgó del doble pivote. Incluso diseñó un partido sin presión en el centro del campo, para que el equipo ofensivo aliviara mejor la salida y circulación de la pelota. Problema detectado.

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Pero más allá del método, llamó la atención que, como el martes, Marcelino volviera a instalar en el partidillo de once contra once a Arizmendi en punta y a Jorge López en el centro. Aunque con Marcelino el fogueo semanal apenas resulta concluyente de cara a una posible alineación; la reubicación de ambos jugadores emerge como una posible vía novedosa. Más sólida parece la entrada contra el Castellón de Ayala en la defensa en perjuicio de Pulido.

Otros damnificados pueden ser Hidalgo o Zapater si López pasa al medio, y Braulio si Arizmendi se adelanta. Entonces, Songo'o ocuparía la banda.

En definitiva, recursos y gestos de Marcelino para devolver al Real Zaragoza a una línea creciente frente al Castellón.

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