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Deportes

CICLISMO PROFESIONAL

Los hermanos Tamayo, aroma colombiano en las carreteras de Aragón

Diego y Sebastián Tamayo, afincados en Zaragoza desde 2001 y 2007 respectivamente, son toda una institución dentro del ciclismo aragonés. Y es que, a pesar de ser colombianos, ha sido en las carreteras de esta Comunidad donde se han ganado a pulso el poder vivir de la bicicleta, profesión que actualmente desarrollan en el equipo italiano Wit, de categoría continental.

La victoria en la Vuelta a Navarra 2008 abrió las puertas de profesionales a Diego Tamayo
Los hermanos Tamayo, aroma colombiano en el ciclismo aragonés

Vinieron a España en búsqueda de oportunidades para ganarse la vida montando en bicicleta, su gran pasión. Así, los hermanos Tamayo, colombianos de nacimiento y zaragozanos de adopción, hicieron su apuesta. Primero fue Diego, el mayor, quien recién cumplida la mayoría de edad -en noviembre de 2001- cambió el café de Caldas, donde están todas sus raíces, por el viento de Zaragoza. Así, seis años después, con las ideas muy claras y tras el buen precedente familiar, Sebastián siguió sus pasos.

“En nuestro país resulta difícil ser ciclista. Toca ponerse a trabajar y descuidar los entrenamientos”, asegura Diego, de 27 años, que aprovecha para agradecer a sus padres, a una maestra y a un comerciante de frutas, “la posibilidad que nos brindaron de estudiar y andar en bici al mismo tiempo”. Llegado a la capital aragonesa gracias a la invitación de unos primos suyos, a los que está “eternamente agradecido”, poco a poco se fue abriendo paso en el mundo del ciclismo, cambiando muy pronto la modalidad de Mountain Bike por la de carretera.

“Llegué al Club Ciclista Iberia con mi bici de montaña. Allí me dijeron que necesitaban ciclistas para ruta y me adapté”, explica el mayor de los Tamayo, quien, tras pasar por diferentes formaciones -Cafés Baqué, CAI y Atom-, alcanzó la gloria con su prestigiosa victoria en la Vuelta a Navarra 2008, entonces enrolado en las filas del conjunto navarro Azpiru Ugarte: “El triunfo fue clave para pasar. Demostré tener un hueco en el pelotón profesional. Lorenzo Di Silvestro se fijó en mí y me fichó para el Carmiooro. Desde entonces sigo en su estructura, ahora bajo el patrocinador Wit”.

Por su parte, el buen hacer de Sebas, como lo llaman en el pelotón, le convirtió desde su llegada en una joven promesa, cada vez más cotizada en el panorama élite y sub-23 nacional. En su primera temporada en España venció a lo grande en Lazkao, bajo la lluvia y en solitario, una actuación que no hizo más que aumentar su valor. De esta forma, tras su paso por el CAI y Cafés Baqué, en 2009 se empezó a fraguar su salto a profesionales.

“Conocí al mánager del equipo de mi hermano y tuve la oportunidad de entrenar con ellos. Me fueron siguiendo, incluso me dieron la oportunidad de correr unas cuantas carreras”, rememora Sebastián, de 23 años, que fichó esta temporada por la escuadra italiana. “Está siendo una experiencia maravillosa. Me está permitiendo aprender el oficio, adaptarme al ritmo de la nueva categoría y darme cuenta de que valgo para ésto”, precisa satisfecho.

Buen rendimiento

A falta del final de temporada, en el que esperan rendir al máximo para, si es posible, dar un salto de calidad el próximo año, el balance de estos últimos meses es especialmente satisfactorio para estos colombianos. Y es que, a pesar de competir en una formación modesta, están cosechando resultados sobresalientes.

Mientras el debutante Sebas ha sido protagonista en numerosas fugas, llegando a finalizar cuarto en una prueba en Letonia, Diego se llevó la victoria en el Circuito de Walonia, en Bélgica, el pasado mes de mayo. “Fue un triunfo especial. Coincidió con el día de la Madre, a quien se lo dediqué sabiendo que es el ángel que me escolta”, recuerda con emoción. Recién llegado a la península, tuvo que hacer frente a su muerte, una pérdida que le impulsa hacia adelante: “Hizo mucho por nosotros y ahora nos llena de fuerza desde arriba para continuar”.

Progreso deportivo

La situación actual del ciclismo, que no atraviesa su mejor momento, está dejando sin trabajo a muchos corredores. Diego y Sebas, conscientes de esta realidad, se han marcado como objetivo brillar lo máximo posible en esta recta final de 2011.

“Estamos concentrados en los Alpes, dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente”, señala Diego, que ha sido preseleccionado por la Selección Colombiana para acudir al Mundial de Copenhague en septiembre. “Es un gran escenario. Te enfrentas a los mejores del mundo, por lo que cualquier cosa tiene mucha repercusión”, apunta este ciclista, que ya sabe lo que es ser protagonista con los colores de su país: “El año pasado, en los mundiales de Australia, estuve la la fuga del día. Fue una escapada de 210 kilómetros”.

Agradecidos por la acogida

Procedentes de Palestina (Caldas), “un pueblo pequeño en el que el trato con la gente, el carisma de las personas y la humildad de los campesinos es especial”, estos hermanos no olvidan la acogida que les ha brindado Zaragoza: “Es una ciudad diferente. Nos gusta porque, sin llegar a ser como las grandes capitales, tiene un ambiente genial”.

Sin embargo, por encima de todo, se quedan con la hospitalidad de sus gentes, tal y como apunta el propio Sebas: “Gracias a su apoyo somos quienes somos y estamos donde estamos. Son muchas las personas que han estado ahí, tanto en los momentos buenos como en los de dificultad”.

Fruto de esa unión, muchos son los ciclistas de la Comunidad que, cuando no están fuera compitiendo, comparten entrenamiento con estos jóvenes profesionales. Con el viento como fiel acompañante de viaje, gastan cubiertas diariamente atravesando pueblos como Leciñena, Alcubierre, Fuendetodos y Paniza, entre otros muchos, aunque también conocen al dedillo el Pirineo Aragonés, lugar al que emigran en busca de altitud cuando la exigencia de ciertas citas así lo requiere.

Diego y Sebas. Sebas y Diego. Dos hermanos inseparables que, con sacrificio, esfuerzo y dedicación, han cumplido en Europa su sueño de ser ciclistas. Las carreteras aragonesas han sido testigo de ello, como lo serán de los logros que, a tenor del espíritu de superación que les caracteriza, faltan por llegar.

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