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Loco por el golf

El baloncesto ha sido su vida y el golf, su mayor afición. El bilbilitano José Luis Maluenda lidera una iniciativa abierta a los jugadores amateurs: www.locosporelgolf.com

"El jugador de baloncesto tiene una capacidad innata para jugar al golf", asegura el bilbilitano José Luis Maluenda. Una aptitud que descubrió el ex alero bilbilitano en Valencia, cuando su carrera en la ACB le llevó al Pamesa en 1996. Fueron tímidos contactos en el Club de Golf El Bosque, con los palos y una pelota pequeña que se le escurría entre los dedos acostumbrado al esférico naranja. Hasta que en su ciudad natal surgió en 2001 una enorme mancha verde con dos lagos en medio de los áridos montes de yeso. "Mi primer campo fue Augusta. Es un privilegio contar en Calatayud con un recorrido de tanta calidad". Cuando una lesión le obligó a abandonar las canchas de juego hace dos años, en el Calpe de LEB (aunque después tuvo una incursión, "más por melancolía", en el Cosehisa de Monzón de EBA), se propuso un "año sabático" en Valencia para, "en exclusividad", jugar al golf. Y se volvió loco (en el sentido figurado, claro). Tanto que le llevó a poner en marcha hace un año un proyecto, conducido a través de una página web, que ha conseguido reunir en el green a más de 300 amigos unidos por este apasionante deporte: www.locosporelgolf.com.

El maestro Diego Comet guió los primeros golpes de Maluenda en Calatayud. Aunque el ex jugador de baloncesto, de 31 años, se confiesa un "autodidacta" que ha aprendido "viendo mucho golf por la televisión". Su bagaje deportivo -más de media vida unido a la canasta en la elite nacional- le ha convertido en un privilegiado en el tee de salida. "El físico y la mente han jugado a mi favor", resalta. Empezó con un handicap 36 y ahora ronda el 15. Y los 191 centímetros de estatura no han sido un obstáculo; al contrario, Maluenda habla de "geometría y matemáticas" cuanto explica sus ventajas en el campo sobre sus rivales. Primero, la altura: "Cuanto más arco, y más amplitud de palo, más potencia se genera. La aceleración del palo es mayor y llegamos más lejos". Segundo, las manos y los brazos: "Los jugadores de baloncesto estamos habituados en la pista -con pases y lanzamientos- a que no nos tiemble las manos. Esto se traduce en que cuanto estamos cerca del hoyo se nos dé mejor el approach y el patear". Finalmente, la concentración. "Si estaba acostumbrado a que 10.000 personas me gritaran cuando lanzaba tiros libres, no me puede molestar un ruido cuando emboco una bola".

El bilbilitano vive a caballo entre Calatayud y Valencia. En la ciudad que le vio nacer ha puesto en marcha una Escuela de Baloncesto que le mantiene vivo con el deporte que le dio a conocer. "Estoy muy contento y emocionado con el proyecto, con la posibilidad de enseñar a niños y niñas, de crear equipos de todas las categorías", resalta. Y en la capital del Turia explota su segunda afición al lado de su gran amigo Juan Luis Giménez, el guitarrista de Presuntos Implicados, con el que creó "Locos por el golf". "Dimos con la clave de clave de un tipo de torneo muy demandado: mensual, sin restricciones, abierto e itinerante. La gente baja handicap, conoce campos nuevos, hay premios y no falta la parcela gastronómica", concluye entre risas Maluenda.

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