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La última tentación de Jermaine

Pennant registra un nuevo episodio de indisciplina en su historial de travesuras, retrasos en los entrenamientos y problemas con la ley.

Jermaine Pennant y uno de los numerosos tatuajes que estampan su piel
La última tentación de Jermaine
ESTHER CASAS

En Jermaine Pennant siempre se adivinó un talento inmenso para el fútbol desde que el Arsenal pagó 2 millones de libras por él cuando tenía 16 años y le convirtió entonces en el adolescente más caro del fútbol inglés. Pennant siempre ha debido luchar contra esa proyección y contra sí mismo. La polémica le ha acompañado y no por casualidad. Nació y se crió en un barrio suburbial de los bajos fondos de Nottingham. Bañado de pobreza.

 

El crimen, las drogas, las armas y la delincuencia componían el hábitat de un chico que encontró en la pelota el escudo para esconderse de esas amenazas sociales. Perdió a su madre siendo un niño y, como mayor de cuatro hermanos, prácticamente guió esas infancias. Vivían en un albergue de los servicios sociales británicos. Su niñez fue dura, pero nunca entró en problemas con la policía.

 

En el Notts County, club de su ciudad, encontró cariño antes de lanzarse hacia el Arsenal con 16 años. En ese punto, surgía una trayectoria donde travesuras, indisciplina y rebeldía se tornaron escándalos ante la despiadada voracidad de los tabloides británicos. De su fútbol vibrante, apenas saldrían portadas.

 

Entre 1999 y 2003. Wenger. Cuando Jermaine Pennant aterrizó en el suelo de mármol de los pasillos del viejo Highbury, era la mayor promesa del fútbol inglés. Arsene Wenger, entrenador del club y hombre escrupuloso y matemático en la elección de jóvenes talentos, lo mimó como hace con todas sus apuestas. Por entonces, Pennant apenas sabía leer y escribir, pero en el Arsenal se le adjuntó un tutor. Debutó convirtiéndose en el futbolista más precoz de la historia del Arsenal (16 años y 319 días) hasta la aparición de Cesc Fábregas. Pero Pennant comenzó a coleccionar impuntualidades en los entrenamientos con mayor frecuencia que buenos partidos, y a Wenger se le consumió la paciencia. Le abrió las puertas del Arsenal y le renovó cesiones al Watford, Leeds y Birmingham.

 

Abril de 2003 Fuga de la sub 21. Pennant fue expulsado de una concentración de Inglaterra sub 21 en Portugal por escaparse de noche antes de un partido ante Turquía. Pennant se presentó a la hora del desayuno en el comedor del hotel y David Platt, seleccionador inglés, lo mandó de vuelta a casa.

 

Marzo de 2005 El preso MX7232. En enero de 2005, Jermaine Pennant estrelló su Mercedes de gama alta contra una farola en la ciudad de Aylesbury. "Fui a tocar el navegador por satélite y me salí", dijo. La policía puntualizó el informe: "Llevaba los ojos vidriosos y apenas podía hablar". Pennant intentó falsear su identidad testificando que era Ashley Cole, futbolista ahora del Chelsea y amigo suyo de la etapa en el Arsenal. Pero los agentes veían la Premier. Pennant había duplicado dos mínimos: el límite de velocidad de la zona y la tasa legal de alcohol en aire. Además, conducía sin licencia y sin seguro: apenas 11 meses antes le habían retirado el permiso por conducir ebrio y en dirección contraria en Paddington, al oeste de Londres. Reincidió y fue condenado a 3 meses de prisión. Cumplió 31 días en el penal de Woodhill, en Milton Keynes. Era el preso MX7232. "La cárcel no es un infierno, los reclusos me pedían autógrafos", señaló. A Pennant se le concedió la libertad condicional al mes de condena y fue el primer futbolista en jugar con una pulsera electrónica de control penitenciario bajo las medias.

 

Julio de 2007 Bronca con Amii. El amarillismo británico encontró un filón en Pennant. El futbolista frecuentaba la noche londinense, sus locales de moda, se rodeaba de la jet set británica junto a otras estrellas del fútbol inglés, y actrices, cantantes, modelos y otras artistas aparecieron en su agenda telefónica. Con una de esas exuberantes chicas de portada, la rubia Amii Grove, vivió un convulso noviazgo agitado, además, por los tabloides ingleses. Ya jugaba en el Liverpool. Una televisión británica lo capturó en una infidelidad y Amii estalló. Destrozó algunos muebles y aparatos electrónicos de diseño de Pennant y la bronca nocturna, con el futbolista enfurecido, acabó en manos de la policía. Pennant fue arrestado por desorden público y hubo de pagar una multa por el incidente doméstico.

Después, Pennant hizo lo de siempre: suplicó perdón y prometió cambiar.

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