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CAI ZARAGOZA

La regresión del CAI

Con el fresco recuerdo de la festiva victoria conseguida frente al Joventut en la Supercopa, el CAI Zaragoza afrontará mañana un duelo dramático y decisivo para el futuro del técnico y de algunos jugadores.

Lewis lucha con Bogdanovic en el partido de la Supercopa
La regresión del CAI
OLIVER DUCH

Han transcurrido poco más de tres meses desde que el CAI Zaragoza se bautizara de forma oficial en la ACB. Fue un estreno prometedor, chispeante, con fuegos artificiales y un triunfo apasionante frente a un grande. El DKV Joventut fue la víctima de un vendaval que encendió la mecha de la ilusión en una afición ansiosa de baloncesto de elite tras doce años de carestía y penurias en las catacumbas.

Aquella Supercopa, que estuvo a un punto de ingresar en las vitrinas de la entidad, fue un pasajero sueño de verano, un feliz recuerdo que, con el transcurso de la competición 'real', se ha ido esfumando hasta situar al conjunto aragonés a temeraria distancia del precipicio.

Poco o nada tendrá que ver el duelo de mañana en el Príncipe Felipe respecto al de septiembre. En la pretemporada las balas silban pero no matan. Como han comprobado los jugadores de Curro Segura, ahora cada victoria exige un esfuerzo colosal y el enemigo rara vez perdona. La factura del máximo torneo planetario tras la NBA.

El carácter casi festivo de la Supercopa se ha transformado en una auténtica final, con las urgencias y el despido atosigando al técnico andaluz, que es conocedor de la perentoria necesidad de revertir la negativa inercia que suponen seis derrotas consecutivas. El filo del descenso produce pánico y el colchón de tranquilidad ha desaparecido.

Segura mantuvo el lunes una reunión con Reynaldo Benito y Alberto García Chápuli, en la que le ratificaron en el cargo a expensas del rendimiento inmediato. Los plazos se han acortado vertiginosamente. Una derrota frente a los verdinegros, unida a una mala imagen del equipo, dejaría al granadino muy expuesto y debilitado. Ya se han sondeado hipotéticos sustitutos en previsión de un desenlace dramático.

La desconfianza y la inquietante sombra del despido no se ciernen únicamente sobre el inquilino del banquillo. Algunos jugadores, especialmente los interiores, no están alcanzando las expectativas ni el nivel competitivo que se les presumía. Únicamente las limitaciones económicas y las singularidades que entraña el mercado han evitado los movimientos, que podrían precipitarse.

El propio presidente, en una entrevista con HERALDO, desterró los eufemismos y no disimuló su decepción: "No estoy contento con la plantilla; su rendimiento está yendo a menos en cada partido. Hemos dado plena confianza al técnico y a la plantilla, y simplemente esperamos recibir lo mismo. En estos momentos el margen de error es mínimo y es precisa una crítica constructiva por parte de todos: tanto jugadores como cuerpo técnico. Esto es deporte al más alto nivel. Y todo el mundo sabe cómo funciona".

Un triunfo ante el Joventut sería la medicina ideal para mitigar estos preocupantes síntomas, una transfusión de tranquilidad que retrasaría ultimátums y recargaría el tanque de la confianza. Una empresa que se antoja colosal, aunque no descartable. Poco se parece el plantel de Sito Alonso al que fue derribado en la Supercopa. La recuperación de Ricky Rubio, la bandera de la Penya en ausencia de Rudy Fernández, ha elevado a sus compañeros a otra dimensión. Si a ello añadimos cambios inteligentes, como el retorno de Jerome Moiso en el lugar del díscolo Pops Mensah Bonsu, y el paso adelante que han dado los 'jóvenes' Pau Ribas, Pere Tomás, Jan Jagla o Henk Norel, el resultado es un ejército talentoso, un jeroglífico que le será muy difícil descifrar a un renqueante CAI.

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