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MONTAÑISMO

La recta final

Carlos Pauner se alistó hace una década al ejército de soñadores que aspiran a coronar los catorce ochomiles. Una epopeya de la que ya ha completado nueve capítulos. Solo le quedan cinco por delante.

Kangchenjunga (2003)
La recta final

No existe reto más colosal que hollar los catorce ochomiles. Una gesta en la que Carlos Pauner se embarcó hace diez años y que, paso a paso, va completando a golpe de valentía y esfuerzo. Del K2, su primera cima en 2001 al Annapurna, conquistada en 2010, se dibuja una epopeya aderezada con múltiples condimentos: pasión, amistad, drama, muerte, amor...

El Manaslu le espera a partir de septiembre al montañero jaqués. Un viejo conocido que ya le puso en apuros en 2009. El gigante del Himalaya le retó con una metereología inhumana. Pauner se quedó a apenas 60 metros, un suspiro, de completar su misión. Pero tuvo la cabeza fría, analizó la situación, y decidió dar marcha atrás. El ego y la ambición no pudieron con la razón. Ahora se le presenta una nueva revancha que ansía llevar a buen puerto.

Una de las enseñanzas que le ha enseñado este maratón de colosos es que la vida humana se vuelve extremadamente frágil a miles de metros de altura. El golpe más reciente lo recibió hace muy poco, en abril del presente año, cuando, tras coronar el Annapurna, su compañero Tolo Calafat se lastimó en el descenso y murió en una dulce agonía en las alturas. Lamentablemente, la palabra muerte habita en el manual de estos héroes sedientos de aventura y gloria.

El propio Pauner ha vivido en sus carnes este peligro terminal. En 2003, tuvo un accidente tras conseguir la cima del Kangchenjunga y se le llegó a dar por muerto durante tres días. Su rescate fue tremendo. Después de horas de alta tensión, el montañero pudo ser rescatado con mucho sufrimiento. El helicóptero no podía aterrizar por las nieves y tuvo que aguardar durante unas insufribles horas. Casi en hora límite, el aragonés y sus compañeros italianos se subían al helicóptero. La angustia parecía llegar a su fin. De regreso a Zaragoza, se le aplicó la amputación de cuatro falanges y tuvo que permanecer un año inactivo debido a todas las dolencias surgidas. No hay duda de que la factura a pagar es muy cara en el montañismo.

Pero las sonrisas y el orgullo también le han secundado. Cada una de sus nueve cimas a un ochomil han estado seguidas por un mismo ritual, la fotografía exultante junto a la banderita de Aragón. Una colección de imágenes que Carlos Pauner quiere completar. El Manaslu debe ser la siguiente. La crónica de un valiente con un gran corazón.

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