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Accidente en carrera

Un 'tipo duro' con ayuda divina

El joven piloto polaco salió casi ileso de un accidente brutal en 2008. Hoy ha vuelto a poner a prueba a su ángel de la guarda.

Cuando Robert Kubica salió indemne de un grave accidente en el Gran Premio de Canadá en 2007, muchos en la católica Polonia y en el Vaticano creyeron ver la mano divina de su compatriota Juan Pablo II.

Kubica lleva en su casco las siglas del Papa polaco fallecido en 2005. El Vaticano, deseoso de acelerar la beatificación del ex pontífice, para lo que es necesario comprobar tres milagros, anunció entonces que investigaría el asunto.

Al fin y al cabo muchos, católicos y no católicos, hablaron de 'milagro' porque Kubica salió ileso tras chocar a 280 kilómetros por hora contra un muro, hecho que se volvió a repetir hoy cuando circulaba «a gran velocidad» en el rally Ronde di Andora, en Italia, según comunicó hoy su escudería, Lotus Renault GP.

Los medios italianos hablan de que Kubica podría haber sufrido varias fracturas óseas y que su muñeca y sus piernas podrían haber sido las partes más afectadas.

«Vi las imágenes del accidente y reconozco que tuve suerte de verdad», dijo en junio de 2007 Kubica. «No fue un espectáculo agradable. Anteriormente no había tenido nunca un accidente y no se lo deseo a nadie», dijo tras haber sufrido una ligera conmoción cerebral, magulladuras y la dislocación de un tobillo. Nada en comparación con el estado en el que quedó el coche, casi completamente destrozado.

¿Intercesión divina? «No deseo comentar esto, es una cuestión privada», respondió entonces el piloto, católico practicante, sobre las especulaciones. Los expertos dieron más importancia al sistema 'Hans', que estabiliza la cabeza y el cuello en caso de accidente, que a la ayuda llegada desde el cielo.

Un año después, en el mismo escenario del suceso, en Montreal, el piloto logró su primera y hasta el momento única victoria en la Fórmula 1. «Es un tipo muy duro y no un 'playboy'», dijo tras la victoria el padre de Kubica, Artur.

Y es que Kubica no tiene la ambición de Fernando Alonso, ni el magnetismo de Lewis Hamilton, ni la simpatía de Sebastian Vettel ni el 'glamour' de Nico Rosberg. Se le considera como uno de los mejores pilotos de la parrilla, pero carece del gancho mediático, lo que quizás le ha impedido a sus 26 años dar el salto a una de las escuderías grandes.

Pero a Kubica no le importa no levantar pasiones. «Yo soy un piloto y al final, tengo que hacer mi trabajo. Soy feliz si a la gente le gusta cómo piloto y cómo lucho», dijo el piloto de cara angulosa en una entrevista en 2008.

Kubica tiene un modo prosaico de ver la Fórmula 1 y la vida que le hace limitar sus sueños. «Es mejor tener las expectativas bajas y si llega algo, disfrutarlo, que crear expectativas y no alcanzarlas».

Eso lo decía en 2008. El lunes presentó en Valencia su nuevo Lotus Renault, equipo que lo rescató cuando BMW se marchó de la Fórmula 1 a final de 2009. Y ante la ilusión en el equipo, él volvió a demostrar que vive con los pies en la tierra.

«Cuanto más se hincha el globo, más fácil es que explote», dijo uno de los mejores amigos de Alonso en el paddock, con el que juega al póker.

«Hay que recordar dónde estábamos y de dónde venimos, hace 13 meses casi desaparecemos», rememoró el polaco, que hoy en Italia puso a prueba de nuevo a su ángel de la guarda.

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