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EL FINAL DE LA LIGA

Jueces de Europa

El Real Zaragoza juzga las posibilidades del Villarreal de alcanzar la sexta plaza. Los amarillos deben superar al Getafe en la tabla.

El Real Zaragoza es hoy juez, pero no parte. Pelear por Europa en la última jornada es algo que pertenece al recuerdo del club blanquillo, no a la realidad actual. Pero, al menos, supone un aliciente presenciar en primera fila la batalla por la sexta plaza, la última que da acceso a la Europa League, la antigua Copa de la UEFA, que en su primera edición, la celebrada esta temporada, ha encontrado un dueño español: el Atlético de Madrid. Para la del curso que viene no se han dirimido todavía los combatientes nacionales. El Villarreal aspira a ser uno de ellos. Para eso, los castellonenses deben superar al Getafe en la última jornada, la que hoy pasa por La Romareda, donde los levantinos encontrarán el veredicto a una temporada extraña para ellos. Solo un resultado positivo, acompañado por un tropiezo del Getafe en el resacoso Vicente Calderón, les permitiría renovar su pasaporte europeo.

Poca esperanza albergan en la pequeña localidad castellonense -poco más de 50.000 habitantes cobijan uno de los equipos más punteros del fútbol español y, por extensión, europeo- de que el Getafe no se lleve los tres puntos del estadio del Atlético de Madrid. Allí cierran la campaña los de Míchel y, como todo parece que quedará entre hermanos, entre dos equipos de la Comunidad de Madrid cuyas relaciones superan con creces la cordialidad, pocos dan un duro por el ascenso del submarino amarillo en la tabla clasificatoria. La sexta posición parece, por tanto, un sueño casi irrealizable. Sería sorprendente que el Atlético de Madrid, al que todavía le dura el sabor (y el cansancio) de su reciente éxito continental y, sobre todo, al que sólo le preocupa su segunda final de la campaña -ésta, de la Copa del Rey-, rascase algún punto.

No obstante, la posición actual del Villarreal bien merece una explicación. La escalada de los amarillos en la tabla ha sido vertiginosa, sobre todo tras la marcha de Ernesto Valverde como entrenador. El mismo equipo, la misma plantilla que hoy opta a ser la sexta mejor de Primera División, es idéntica a la que en la séptima jornada -se dice pronto, pero ya había transcurrido un mes y medio de competición- ocupaba el farolillo rojo. No había, por entonces, nadie peor. Y aunque su estancia en la zona peligrosa y de descenso fue más bien breve, pocos colectivos han experimentado semejante progresión en tan corto período de tiempo. En este caso, además, los despachos del club amarillo no hospedaron la necesidad de armar un equipo nuevo. No pasó por allí la obligación de acometer reformas en forma de fichajes. El mercado invernal pasó con calma y con cierta lejanía por delante del Villarreal.

El último brinco en la tabla, uno de tantos que han protagonizado en la segunda parte de la competición, les exige un resultado positivo en La Romareda, juez esta tarde de la pelea por Europa. Después, los castellonenses esperarán, transistor en mano, buenas noticias. Con una buena dosis de fe, soñarán un tropiezo improbable del Getafe en su visita al Atlético. Quedaría, aun así, un último recurso, más enrevesado, que involucra también al Sevilla.

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