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REAL ZARAGOZA

Hora de pagar

Agapito pidió a la plantilla, en una tercera moratoria, que esperase hasta fin de mes para cobrar los pagarés que vencieron a 31 de diciembre. Hoy concluye el plazo.

Agapito Iglesias, en un entrenamiento en la Ciudad Deportiva, observa a Diogo, Paredes y Sinama-Pongolle.
Hora de pagar
T. GALáN/APG

31 de enero. No solo es el día del final del mercado invernal de fichajes. Para Agapito Iglesias, el presidente del Real Zaragoza, las tareas de primer orden se acumulan en su apretada agenda personal en un día tan señalado. Se presenta un lunes de locura en todos los órdenes para el empresario soriano. Además de cerrar la plantilla hasta final de liga, con las nuevas contrataciones que restan por firmar y con la salida de Ander Herrera como punto vital de su maniobrabilidad, Agapito tiene que acometer el pago de los emolumentos retrasados que la actual plantilla (y varios ex que esperan noticias desde otros clubes en lugares lejanos).

Cuando el miércoles día 12 de mes los jugadores del Real Zaragoza dieron un puñetazo en la mesa y pidieron una reunión con Agapito para saber a qué atenerse respecto de sus retrasos en el cobro, el accionista, con 48 horas de incertidumbre de por medio, les pidió esperar «hasta final de mes». Era la tercera moratoria que Iglesias pedía a la plantilla en apenas quince días. Esas demoras fueron las que provocaron lo que, en su momento, se entendió como un plante del equipo, cuyos capitanes (Gabi, Jorge López y Ponzio) provocaron a ojos vistos una reunión en el vestuario de Javier Aguirre a la que Agapito envío como delegado al director deportivo, Antonio Prieto. Varios componentes del equipo, los más afectados, habían propuesto en un momento de ofuscación la denuncia inmediata ante la Liga de Fútbol Profesional e, incluso, la adopción de una postura de fuerza de cara al siguiente partido ante el Levante.

Agapito, en aquel fin de semana que discurrió entre el viernes 7 y el lunes 10 de enero, tuvo la certeza de que todos sus resortes de emergencia de tiempos pasados se habían desvanecido a su alrededor. Sin dinero líquido en sus arcas, circunstancia reincidente que ya le había sucedido en otras ocasiones, el máximo responsable nominal de la SAD zaragocista estaba, esta vez, cortocircuitado con las cajas de ahorro aragonesas, así como con los despachos más nobles del Gobierno de Aragón. En la mente de Iglesias, ese fin de semana todo dio un vuelco tan rotundo como radical. La SAD encaró desde ese momento un nuevo destino que, a estas alturas, aún no se ha resuelto.

Agapito, con la certeza de estar abandonado a su suerte y sintiendo una presión súbita y asfixiante por parte de sus viejos y multidisciplinarios socios y compañeros de viaje para que abandone su puesto de mando y venda sus acciones en determinada dirección, ha optado por enrocarse, resistir el acoso y, con la tempestad encima y todos los vientos en contra, intentar llegar a mayo (tiempo electoral) y no admitir tutelajes en el relevo al frente de la entidad. Su capacidad de resistir está aún por medirse.

Con Aguirre como único aliado (al mexicano lo trajo él unilateralmente) y, por derivación, con la plantilla comprometida en la salvación deportiva, Agapito está obligado en las próximas horas a cumplir económicamente con sus boyas de supervivencia.

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