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REAL ZARAGOZA

Gay se agarra al 4-2-3-1

El técnico mantiene su confianza en el sistema y no prevé cambios inmediatos pese a los malos resultados

Gay observa un entrenamiento del Real Zaragoza.
Gay se agarra al 4-2-3-1
TONI GALáN/A PHOTO AGENCY

José Aurelio Gay cogió ayer en el entrenamiento al equipo y le impartió una lección básica de posicionamiento, elaboración del juego y conjunción de líneas. Fue una serie de ejercicios primarios, centralizada en el sector de los centrocampistas y en la que el entrenador se esforzó por pedir y dejar claro lo que quiere en esa zona: intensidad, apoyos constantes, sincronía en ataque y en defensa, estabilidad en un mediocentro y despliegue en el otro, vuelo y trabajo solidario por las bandas y mucho respeto con el orden y el repliegue.Es una prueba de que Gay se viene desviviendo en la búsqueda de soluciones. Después de seis partidos marchitados en este gris despegue de la temporada, el entrenador del Real Zaragoza no disimula sus preocupaciones y toca teclas con dedicación y voluntad. Gay se concentra en corregir el juego del equipo, pero con la convicción extrema en algo que permanece y permanecerá inalterado: el sistema. A pesar de la desorientación en los primeros partidos de la temporada, Gay se ha agarrado con firmeza y fidelidad al 4-2-3-1, el esqueleto sobre el que se articula el equipo.

Desde que arrancó el curso, el técnico del Real Zaragoza solo ha redibujado el esquema cuando el guión del partido se emborronaba tanto que reclamaba acciones forzosas. Ocurrió contra el Málaga con el cambio de Jorge López, ante el Racing o frente al Sporting, cuando la entrada de Braulio y la formación de una pareja de delanteros surtió un efecto vivificante en el caudal ofensivo, pero que tuvo su contraprestación en la elevada asunción de riesgos por atrás.

Precisamente, esta mayor exposición al ataque rival, la ruptura del equilibrio, es la razón primordial por la que Gay bloquea cualquier alteración táctica de profundidad. De nada le sirve estirarse por arriba si, a cambio, al equipo se le abren fisuras en el entramado defensivo.

Para él, el 4-2-3-1 es el alma del Real Zaragoza, su dibujo más eficiente. Ese punto de partida es inamovible y toda progresión o mejora deberá nacer desde ahí. Por eso, al menos a corto plazo, ni se esperan revoluciones ni agitación en la pizarra: ni pareja de delanteros, ni dispositivo con tres centrales y carrileros, ni la variante del rombo. Nada.

Esta fidelidad al esquema responde más a una cuestión de obligación que de devoción. Gay conoce mejor que nadie los mimbres que maneja y hasta dónde llegan las limitaciones del equipo. La propia plantilla, su estructura y confección, es la que pone freno a cualquier alternativa táctica.

Más allá de las sospechas sobre la ausencia de talento, emerge un problema esencial: la escasez de delanteros. Atacar desde el principio con dos arriba obligaría a alinear a los dos únicos puntas considerados por Gay, Sinama-Pongolle y Marco Pérez (Braulio es carne de banda o de espacios más intermedios, como el enganche).

La opción del dúo atacante estrecharía el margen de maniobra en función del desarrollo de los partidos. Otro de los condicionantes que impone la plantilla es el similar perfil de muchos de sus centrocampistas, adecuados para jugar en la línea de tres que escolta al delantero: Jorge López, Ander Herrera, Boutahar o Lafita, o la naturaleza más defensiva y resistente que creativa de la mayoría de los mediocentros del plantel: Edmilson, Leo Ponzio, Pintér o Gabi.

Otra de las claves del recurso al 4-2-3-1 es la experiencia pasada. José Aurelio Gay reanimó la pasada temporada al Real Zaragoza con esa figura y muchas de las bases de funcionamiento de aquel equipo se conservan en la memoria grupal. Incluso el pasado año, salvo en contadas ocasiones, fue poco frecuente ver a Colunga y Suazo compartiendo espacio en la delantera. Pese a la evidente carga ofensiva que ofrecían ambos futbolistas, Gay siempre prefirió administrarla por separado en la mayoría de las ocasiones. La solidez con la que dotó al Zaragoza ese 4-2-3-1, su orden, rigor y disciplina defensiva, es el aval con el que juega ahora Gay. Recuperar aquello y afilar la eficacia arriba es su propósito.

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