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El año más largo de Cheick Doukouré

El centrocampista africano de la SD Huesca comenzaba a ver la luz antes del parón de la liga y estará a punto cuando se reanude el campeonato.

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Cheick Doukouré toca balón durante uno de los últimos entrenamientos de la SD Huesca.
Pablo Segura

Un año natural se compone de 365 días. 366 si son bisiestos. El tiempo es relativo, pero Cheick Doukouré vive instalado en un bucle del que empezaba a salir cuando la crisis del coronavirus canceló la liga de Segunda División. Está siendo el año más largo de la carrera del centrocampista marfileño desde que el 24 de febrero de 2019 se lesionase con la camiseta del Levante. Su fichaje por la SD Huesca, que se ha volcado durante todo este periodo en su recuperación, supone un punto de luz cada vez más nítido: el africano estará listo para ayudar a su equipo cuando se retome la competición.

El club azulgrana anunció su cesión el 2 de septiembre, al límite del cierre del mercado veraniego de fichajes. Ya había completado parte de la pretemporada con los granotas. Habían transcurrido algo más de seis meses desde aquella jugada desgraciada ante el Real Madrid, polémica y de consecuencias funestas para el futbolista. Golpeó al aire al intentar despejar el esférico y aterrizó sobre el suelo con la pierna izquierda completamente desequilibrada en una acción con Casemiro. El parte médico arrojó la rotura de ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Fue intervenido quirúrgicamente el 6 de marzo.

Se trataba de la rodilla en la que sufrió la misma lesión cuando militaba en el Metz francés, en agosto de 2015, y tras haber ganado la Copa África con Costa de Marfil. Entonces estuvo 200 días en el dique seco. Al curso siguiente firmó con el Levante, donde en marzo de 2018 padeció un esguince de grado III en el ligamento lateral interno de la misma articulación que le hizo despedirse del resto del curso, aunque no fue operado.

Con todo este encadenado de acontecimientos en la mano, la SD Huesca valoró la conveniencia de un fichaje necesario para reforzar el centro del campo. Los servicios médicos del club han trabajado durante este periodo con mimo y en sintonía con el doctor barcelonés Ramón Cugat, que le intervino de las lesiones que sufrió tanto con el Metz como con el Levante. El 11 de septiembre, una semana después de incorporarse al grupo, sufrió un derrame en la articulación que le obligó a guardar reposo primero y a ir regresando al trabajo de forma paulatina. Para poner fin a este inconveniente, Doukouré se sometió a una artroscopia a mediados de noviembre.

En enero volvió a pisar el verde y, tras simultanear la labor de rehabilitación, el gimnasio y el césped, el pivote defensivo volvió a parar en febrero a causa de una rotura de fibras en el bíceps femoral izquierdo. Se trata de un problema habitual en los jugadores que se encuentran superando una lesión de gravedad y retardó algo más su completa reintegración en el trabajo a las órdenes de Míchel Sánchez, en el que ya era uno más antes del parón forzado por el coronavirus. Eso sí, a la expectativa de alcanzar un tono físico con el que regresar a las convocatorias.

Este sábado 21 de marzo, fecha en la que se debería haber jugado el partido entre la SD Huesca y el Mirandés en El Alcoraz, se cumplen 391 días desde aquella noche negra en el Ciudad de Valencia. Doukouré, de 27 años, ha madurado a marchas forzadas y se apresta a resultar útil a un equipo necesitado de centrocampistas en una recta final de desarrollo incierto pero que reserva, al menos, once fechas más en pos de un ascenso que cerraría el círculo del costamarfileño de la mejor de las formas.

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