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Basha: gladiador de profesión

?El mediocentro del Zaragoza vive su mejor momento. Su creciente papel –fundamental en el trabajo defensivo– lo ha espoleado la confianza de Popovic.

Basha celebra su gol al Recreativo acompañado de Borja Bastón.
Basha: gladiador de profesión
Guillermo Mestre

Vullnet Basha tiene cuatro pulmones, dos corazones y seis piernas. Lo respira, lo late y lo corre todo. De su partido contra el Recreativo de Huelva, queda su golazo, una parábola rabiosa cuya dimensión estética no le define tan apropiadamente como el instante previo al golpeo: el robo.

La recuperación de la pelota es el arma de Basha, la faceta que le ha instalado en el último mes como un jugador de exacta relevancia táctica en los esquemas de Ranko Popovic. Es un factor corrector de primer orden. Acostumbramos a medir a los futbolistas por su imagen con la pelota, pero a este Basha de enero hay que serle justo: su juego lejos del foco del balón es lo que eleva su trascendencia. En su gol del sábado, leyó lo que iba a suceder, interpretó ese balón aéreo y activó sus virtudes principales. Corrió, anticipó, le metió intensidad al robo y de allí para adelante esculpió el hermoso final de su obra.

Basha (Lausana, Suiza, 1990) fichó por el Zaragoza porque lo conocía de su experiencia helvética y lo pidió Víctor Muñoz, tan cierto como que, luego, Víctor Muñoz nunca contó con él cuando las lesiones del jugador albanokosvar se lo permitieron. Ha sido Ranko Popovic quien ha incrementado su rango dentro del equipo. Quien le ha ascendido de jerarquía. Quien lo ha sumado a la causa. Eso no es solo bueno para Basha, sino también para los demás hombres de su zona: Dorca o Galarreta sienten ahora el calor de la competencia, más aún con el refuerzo de Natxo Insa.

A Basha no hay que valorarlo por su gol del sábado, sino por todo lo que hizo antes. Es un mediocentro devorador de metros y pega abajo, rascando, como hay que pegar. Gana segundas jugadas. Provoca pérdidas. Trabaja. Incordia. Es molesto para el rival. Corre como si no hubiera mañana.

Todo eso, en esta categoría enfangada, de futbolistas arenosos y rugosos, de colisión y letra gorda, o ante rivales a los que conviene secuestrarles la superioridad, son cualidades vitales. Hablamos de un gladiador que va venciendo el paso de las semanas con tesón y confianza.

En la temporada de Basha, se han entretejido las lesiones, la desesperanza de no sentirse valorado por quien le trajo de tan lejos, las dudas... Eso no ha evitado que el vestuario lo quiera y admire con singular cariño. La llegada de Popovic, en cuya cartilla de virtudes destaca su sensibilidad en la gestión humana del grupo, ha terminado de revitalizarlo. No lo ha tenido sencillo este suizo, de procedencia kosovar y sangre albanesa. Su salto de obstáculos esta temporada es un poco el reflejo de la existencia de su familia, en la que destaca su hermano mayor Migjen, futbolista del Torino. Los Basha debieron salir de Suva Reka, un pueblo a 57 kilómetros al sur de Pristina, la capital del Kosovo que ahora reivindica frente a Serbia su independencia. Siempre fue un territorio caliente. Los serbios lo declaran el origen de su nación, los albaneses lo reclaman como una parte de su identidad. Cosas de las quebradizas fronteras históricas de los Balcanes.

De allí, a mediados de los 80, los Basha emprendieron rumbo a Suiza, la patria de adopción de tantos albanokosovares, muchos de ellos ahora futbolistas internacionales helvéticos como Shaqiri (Inter de Milán) o Xhaka (Borussia Moenchengladbach). Kosovo ya era inestable. Las tensiones nacionalistas y étnicas anticipaban el avispero que acabó saltando por los aires unos años más tarde. Suva Reka fue escenario en 1999 de una las mayores masacres de la guerra de Kovoso, el asesinato de 50 miembros de una misma familia encerrados en una pizzeria. En ese conflicto, también murió un tío de Basha. Historias a las que el futbolista del Zaragoza nunca da la espalda, consciente de sus orígenes. Episodios que fortalecen a las personas.

Después de cuatro meses complicados en España, ahora Basha sonríe con fuerza. Le ayuda a ello la confianza y el apoyo de Ranko Popovic, nacido en Pec, precisamente en Kosovo, un hombre de origen serbomontenegrino que también debió salir de esa tierra, pero en sentido inverso: los odios étnicos y nacionalistas quemaron su casa, obligaron a su familia a escapar de allí y ahora le impiden regresar a las calles donde creció.

Basha y Popovic, dos kosovares de distinta raíz. Pero, en el fútbol, rara vez hay patrias enfermizas y fronteras insuperables.

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