Despliega el menú
Real Zaragoza

Borja Bastón trae el gol

El delantero  suma tres goles después de tres jornadas seguidas marcando.

Borja Bastón
Borja Bastón trae el gol
J. L. G.

Este chico estirado, de sonrisa juguetona, sensato, con educados modales, tan generoso y amable con quienes le rodean que se permite renunciar al privilegio que le concede la jerarquía de los lanzadores de penaltis es Borja Bastón, el delantero que ha recuperado para el Real Zaragoza, o al menos ese camino advierte, a uno de sus intérpretes históricos: el hombre nacido para el gol. Bastón lleva tres semanas marcando. Lo hace con la puntualidad de quien conoce el área como los rincones de su dormitorio. De momento, es el camino más fiable del Zaragoza hacia el gol y su puntería cobra valor en los puntos que ha proporcionado. Dos goles han servido para ganar y otro para asegurar un empate. 

Estos primeros partidos de Borja, en realidad cuatro y medio, pues aún pisaba La Coruña en la primera jornada y aún llevaba en la mano la mancha del bolígrafo con el que firmó el contrato en el Zaragoza cuando jugó contra Osasuna, nos confirman varias de las anotaciones vitales con las que llegó a La Romareda. Borja necesita pocos remates para golear. La pieza que caza suele acabar dentro del horno. Es el rasgo de aquel que ha pasado buena parte de su vida batallando en el área. Quemó todos los registros goleadores en la cantera del Atlético de Madrid, dejando la puntería juvenil de Fernando Torres en un lugar secundario. En la selecciones inferiores de España también acostumbró  a acumular celebraciones. Pero su progresión la cortó un ligamento roto a mala hora cuando debutaba en el Atlético de Madrid y esa lesión lo sacó en cierto modo del estimulante carril que ocupaba como un delantero con un futuro iluminado. Cesiones en Murcia y Huesca le dieron kilómetros en una Segunda División que conoce como la palma de su mano. En La Coruña, dio un paso más. Y Zaragoza emergía como la plaza donde debía saltar o quedarse. De momento, la mecha la lleva encendida. 

Zaragoza siempre ha actuado como paraíso de la pólvora para delanteros como Borja. Goleadores por educar, de sospechada explosión, con tanto futuro como presente... Quien quiera puede asomarse al nostálgico retrosivor: Murillo, Marcelino, Pichi Alonso, Morientes, Villa... Estos, solo, con vitola española, como Bastón.  En su camino hacia la autodestrucción, el Real Zaragoza había perdido este linaje de sus goleadores enciclopédicos. La última rama de ese árbol genealógico brotó en Diego Milito. Desde entonces, Hélder Postiga amagó con alguna explosión de goles, pero el portugués nunca fue un artillero en serie. Roger el año pasado, en Segunda División, superó los diez tantos, aunque tampoco fue el tipo de delantero por quien uno hubiera fiado sus monedas. Y el  Zaragoza, durante su existencia, siempre, incluido en la carbonizada Segunda División, ha necesitado de chicos como lo que ahora insinúa Borja Bastón. Alguien a quien cuando llegara el sábado o el domingo, camino del estadio o de la tele del bar, la gente apostara su ilusión a que esa tarde marcará. 

A sus 22 años, el madrileño está en el lugar históricamente adecuado para ganarse un espacio relevante en el fútbol español. Zaragoza, como casi todos los sitios, lo medirá por sus goles y fiscalizará sus sequías. Que las sufrirá, como es común en su estirpe. De momento, sale de septiembre con 3 goles e investido en el ariete oficial del nuevo Zaragoza. Salir de septiembre así, rebozado de confianza, puede determinar todo un año en la vida de un delantero. Bastón administra el momento y su papel con la misma naturalidad con la que venció a sus genes: nació en la casa de un portero, Miguel Bastón, mito del Burgos ochentero y noventero. Del hogar donde los delanteros podían condicionar la emociones de toda una semana, donde asomaban en las conversaciones como un enemigo inevitable, acabó saliendo uno de ellos. A los cuatro años Bastón era portero, pero su padre le escondió los guantes y lo puso frente a una portería. Porque hay porteros que a veces toman decisiones cuerdas. 

Etiquetas