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La Romareda, reflejo de la gloria pasada

El Estadio Municipal de La Romareda cumple 55 años. Más de medio siglo de fútbol. Un estadio ignorado por las grandes citas, mientras que el nuevo estadio es un utopia.

55 años del gol de Vila ante Osasuna. Primer gol en el Estadio de La Romareda. Aquella tarde el Real Zaragoza vencería por cuatro goles a tres al Osasuna. Una tarde fútbol de 1957.

Ubicado en Paseo de Isabel la Católica sin número se levanta un estadio de paredes ocres donde late el corazón zaragocista desde hace más de medio siglo. Unas paredes que han vibrado hasta desquebrajarse sus cimientos con el aliento de la afición a sus futbolistas.

Convidado de piedra -nunca mejor dicho- de victorias y de no menos derrotas (en los últimos años). La Romareda forma parte de el himno zaragocista, el que suena antes de cada partido y el mismo que se escucha -muy de vez en cuando- en mitad de un encuentro desde los pulmones de más de 34.000 zaragocistas en las grandes tardes de fútbol.

Casa de grandes citas, en el pasado

El Estadio Municipal de La Romareda ha albergado -así, en pasado- acontecimientos futbolísticos de transcendencia como los partidos del grupo E del Mundial de España 82, partidos de los Juegos Olímpicos de Barcelona y las finales coperas de 1983, 1987 y 1996.

La última gran cita para la 'veterana' Romareda se celebró en 2003 cuando Grecia venció a España por un gol a cero -tanto del pelado Giannakopoulos - en la clasificación para la Eurocopa de Portugal en 2004 de la cual los helenos serían a la postre vencedores.

Desde entonces casi una década de ostracismo por culpa de unas instalaciones desfasadas, de la promesa de un nuevo templo para el fútbol y de 'tejemanejes' políticos. Es decir, protagonistas que mucho tienen que ver con el negocio, pero poco que asemejarse al viejo deporte del balón blanco con retazos negros.

Ciudad estratégica sin premio

Una ciudad de paso, de conexión, estratégica para los intereses entre Madrid y Barcelona como Zaragoza, no ha sabido beneficiarse de la bicéfala competición en la que se ha convertido el fútbol español. Las finales coperas -ese trofeo tan zaragocista- entre los dos grandes equipos se han ido con el viento de levante a Mestalla antes de apostar por los muros de La Romareda que el racheado cierzo aprecia y mima.

La última entre F.C Barcelona y Athletic de Bilbao se marchó al Vicente Calderón por capacidad y modernidad. Muchos sacos de dinero que cruzan Zaragoza para terminar en otro lugar.

La taquilla ya no es la principal fuente de ingresos

Lejos están ya los tiempos donde la taquilla era la principal fuente de ingresos -y porqué de la construcción de la actual Romareda-. Ahora, los negocios adyacentes, los patrocinios y los contratos de televisión mueven un fútbol que no piensa en los aficionados que se puedan sentar en la azules butacas del estadio zaragocista.

Sin embargo, la construcción de un nuevo estadio sigue siendo un nido de crecimiento para la ciudad. Algo que comenzó a plantear en 2004 y que ocho años después sigue en 'stand by'. Por el momento, La Romareda sigue siendo feudo del Real Zaragoza, y parece que por muchos años. En 2004 no se esperaba que el estadio zaragocista llegase a cumplir más de medio siglo y tal vez tampoco en 1954, cuando se firmó la venta del viejo campo de Torrero, para construir un estadio moderno, de más capacidad y germen de un equipo en crecimiento.

55 años después. La Romareda sigue teniendo su corazón -la afición-, pero un cuerpo viejo y débil que no atrae a las grandes competiciones europeas ni a la finales coperas. Un lugar con historia desde aquel gol de Vila, pasando por Los Magníficos, los Zaraguayos, los héroes de la Recopa, hasta el gol de Galletti, incluidos los años en el infierno y las agapatidas. Todo, todo eso, ha ocurrido en 55 años de historia del templo zaragocista donde los rezos y oraciones al dios fútbol se entremezclan con los goles, las lágrimas y el sentimiento por el equipo.

Una venerada anciana que cumple años.

Más información en la edición impresa de HERALDO DE ARAGÓN

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