De Pape Gueye a Pau Sans

Partido en La Romareda entre el Real Zaragoza y el Alavés
El juvenil Pau Sans, en su debut de este sábado.
Toni Galán

El gol se tiene o no se tiene. Salvo casos muy excepcionales, nadie aprende el oficio de goleador sobre la marcha. Aunque la llegada de Fran Escribá ha mejorado las cifras, el Real Zaragoza sufre unos problemas tremendos cuando se acerca al área contraria. Da igual lo clarividente que sea su juego en las zonas de creación; todo se vuelve oscuro conforme se acerca al portero rival. 

Este sábado el Real Zaragoza no fue mucho peor que el Deportivo Alavés si al fútbol se jugara sin áreas. Sin ellas, sería un partido de 1-X en la quiniela. El problema es que a este invento le pusieron porterías, y que esto va de conseguir meter el balón entre los tres postes que las conforman. Ahí, en esos metros cuadrados de césped en los que se deciden los partidos, el equipo de Vitoria sí que fue mucho mejor.

El gol, lo dicho, se tiene o no se tiene. El Real Zaragoza está demostrado que no lo tiene. Le cuesta horrores encontrarlo. El recién llegado Bebé sí que lo tiene. Aunque no ha sido un jugador de grandes registros anotadores, el cañón que tiene por pierna derecha es una amenaza real. Tiene algo el portugués. Pau Sans también. Lo ha demostrado en el equipo juvenil y ayer lo dejó intuir con los mayores. A sus 18 años, demostró más picardía, más intuición y muchísima más hambre que algunos jugadores de la plantilla que cobran cientos de miles de euros. Con 0-3, y sin dos de los principales delanteros del equipo (los lesionados Azón y Mollejo), Pape Gueye vio cómo le pasaba por delante un chaval que hasta hace dos meses no se podía sacar el carnet de conducir. El delantero teóricamente estrella no tuvo minutos con el equipo perdiendo y nadie lo echó en falta. Un hecho que ya lo dice casi todo.

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