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El Real Zaragoza sin gol no sabe ganar a un Eibar que acabó el partido con nueve jugadores

Otro 0-0 lleno de impotencia ante la portería rival deja a los de Carcedo en evidencia en otro mal partido. Los vascos jugaron con uno menos desde el primer tiempo y con dos menos los últimos 20 minutos.

Fotos del partido Real Zaragoza-Eibar.
Fotos del partido Real Zaragoza-Eibar.
Daniel Marzo

Otro 0-0. El Real Zaragoza no logró ganar a un Eibar que, más allá de ser un rival desdibujado con once jugadores, se quedó con diez aún en la primera parte y acabó con nueve desde su segunda expulsión en el minuto 74. Ni en estas coordenadas tan favorables, los de un atenazado Carcedo pudieron sacar adelante el partido que tan a favor se les había puesto por la dureza de los guipuzcoanos.

Poca historia futbolística tuvo la primera mitad. Todo lo jugoso que sucedió fue anejo, de la materia punible, de lo disciplinario y las brusquedades y sus consecuencias. El partido fue en ese tiempo anodino, sin el ritmo preciso. Carcedo, de tanto querer controlar el juego, acaba apagándolo como una hoguera de poco tiro con un vaso de agua. Aburrimiento generó lo visto en la inmensa mayoría del tiempo porque, además, el poderoso Eibar, uno de los favoritos de esta liga de plata, que vino como 3º en la tabla al inicio de esta jornada 8, resultó una decepción por su planicie. En su campo de Ipurúa lo bordan, pero como visitantes son una cara B del disco. Y bien que se vio en La Romareda este efecto de agentes dobles. En las filas zaragocistas, juntos por primera vez en punta Azón y Simeone, el resultado de la mezcla en los primeros 53 minutos (eso duró el primer periodo) no fue satisfactorio por falta de balones suministrados a la pareja.

De ocasiones de gol, pocos apuntes hubo en el folio. La estructura del partido fue de mucha pizarra, marcas cercanas en la línea media de unos y otros, demasiadas pérdidas de balón gratuitas y nadie con capacidad de desborde en el uno contra uno. Falta de calidad, se ha llamado siempre. Tuvo más el balón el Real Zaragoza, pero siempre con demasiada parsimonia y con una ausencia de imaginación que a estas alturas ya no sorprende. La afición acaba aplaudiendo carreras inútiles, presiones arriba del todo que no sacan rentas, algún gesto de Grau en el área propia que se sobrevalora entre tanta mediocridad. El valenciano perdió la opción de marcar el primer tanto en el minuto 8 al recrearse en la suerte del regate en el área cuando ya tenía posición de disparo tras una acción son Simeone. Ni tiró a puerta, le rebañaron la pelota.

Corpas, en el 15, dispuso de la que sería única oportunidad de gol del raquítico Eibar. Remató de primeras un centro de Imanol, tocó el Jair levemente y salió a córner rozando el palo. No habría más sustos para un inédito Cristian Álvarez. Pero el problema es que el Zaragoza tampoco llegaba. Jair, en la segunda jugada tras un córner (qué mal los saca todos el cuadro de Carcedo), cabeceó fuera por poco en el 22. De ahí hasta que Simeone, en el 45, colgó la pelota en la torre de la antigua Feria de Muestras, nadie probó al portero Yoel, que tampoco se manchó la ropa, como Cristian.

En el envoltorio de ese 0-0 que era lógico visto lo visto, pobre y con inmensas carencias futbolísticas entre todos los participantes en el soporífero espectáculo, hubo una acción clave que alteró el pulso del juego. La expulsión del central Venancio en el 39, tras una agresión a Vada en la espera del lanzamiento de una falta. El VAR tuvo que llamar a un despistado Trujillo Suárez y, tras seis minutos de debate videoarbitral, se decidieron por la roja. El portugués Venancio acababa de suplir a Berrocal, que se lesionó la rodilla con mala pinta un rato antes. Total, que Gaizka Garitano puso al tercer central en ese puesto en menos de 40 minutos, Nolaskoain, y retiró a los dos extremos, Corpas y Stoichkov, para meter otro lateral, Correa. Acabó el Eibar antes del descanso con un 5-3-1, una fortaleza defensiva que anunciaba que el empate a cero les servía. Iban a jugar todo el segundo tiempo en inferioridad numérica.

Carcedo, ante tal circunstancia de vital importancia, de entrada puso a Larrazabal para buscar profundidad por la derecha, en vez de un amonestado y gris Gámez (cambio ya habitual). Quizá era ya el momento de meter al tanque Gueye, pero sabido es que el riojano es de esperar. Aún confiaba en que despertaran los Bermejo, Vada, Grau, Francho… mustios hasta el intermedio. El duelo se había convertido en otro tipo de examen para este Zaragoza de dientes de sierra, dubitativo desde agosto: demostrar que sabe superar a un rival con un futbolista menos sobre el césped. Como primer dato sobre esto sirva este rotundo: se cumplió el cuarto de hora de la segunda parte y el equipo de Carcedo no había tirado ni una sola vez a portería. Mucho merodeo por los alrededores del área, pero no hay nadie que tenga una ingeniosa idea con el balón.

El Eibar, según lo esperado, se pertrechó atrás del todo para defender el 0-0 y esperar una flauta y un soplo de aire casual por si podía hacer el milagro de ganar en Zaragoza jugando a nada. Pero a nada de nada. El asunto es que, en frente, el Real Zaragoza no mostró argumentos sólidos para tumbar este plan durante la primera hora del duelo. Y cuando surgió uno, en el 62, en una jugada de Bermejo que acabó en la red de Yoel tras irse de Arbilla tocándole ligeramente la cara en el lance, el VAR se encargó de abortar el 1-0 que Trujillo había dado por bueno. La noche estaba cibernética en las decisiones claves. A Bermejo le cambió la suerte y de héroe pasó a sustituido por Mollejo, en un doble movimiento simultáneo de Carcedo, que relevó a un difuminado Azón por Gueye. Era el minuto 66 y tocaba jugar más directo, algo también novedoso desde el inicio del verano, pues el ariete senegalés llegó demasiado tarde, con la liga ya en marcha y tres jornadas consumidas. Es octubre, de hecho, y aún no se le ha visto.

Los vascos, duros desde un principio, aún elevaron más el nivel de rasponazos en las entradas, codos incluidos. En el 75, Trujillo le perdonó otra roja a Blanco Leschuk, pero tuvo que echar inevitablemente a Javi Muñoz por un entradón brutal a Fuentes. El Eibar iba a acabar el último cuarto de hora largo con 9 jugadores. Un reto para los zaragocistas saltar los cerrojos del 0-0. Pero a Carcedo este escenario le vino grande. Atacaba el equipo blanquillo con pocos efectivos, dejando a cuatro y hasta cinco jugadores por detrás del balón. Así no se afrontan este tipo de finales de choques con tanta superioridad. Hace falta mucha más valentía. Ah, y con Gueye en el área, es cuestión de ponerle balones por arriba. Ni uno le llevaron sus colegas durante largos minutos.

El reloj era una liebre. Corría a toda velocidad. Y el gol no llegaba. Puche y Molina fueron dos balas de plata finales de Carcedo. Las tarjetas amarillas eran a granel. Los líos, una constante. Los eibarreses, claro, iban a lo suyo. A que no hubiera fútbol. Piscinazos, lesiones fingidas, caídas por nada… lo de siempre. Con nueve, no aspiraba a más el cuadro armero. Mientras, al Zaragoza se lo fue comiendo su ineficacia creativa y su inoperancia rematadora. Salvo un remate fallido de Vada de cabeza en el 79, que ni cogió portería, no se acercaron al gol los zaragocistas jamás. Era una noche peligrosa porque iban a quedar retratadas todas las máculas de esta plantilla mal gestada.

Impotencia, ceguera, nerviosismo, precipitación… todo eso mostró el equipo de Carcedo en el segundo tiempo. No achuchó como es debido este pobre Zaragoza al acogotado Eibar. La falta de recursos fue manifiesta. Preocupante. Tanto en el campo como en la banda. Jair remató forzado con el pie en el 94 y Gueye lo hizo de cabeza en el 96, en pleno aumento, que fue de 8 mimnutos. Poca chicha para lo que la noche requería. El africano aún trataría de poner remedio al nuevo fiasco zaragocista en el 98 sobrepasado, pero lo suyo fue un pase al portero.

La contienda (nunca mejor dicho) acabó entre la bronca del público zaragocista que ya se huele un nuevo año de padecimientos. Sin gol ,como se sabía desde el 1 de julio, es imposible competir en condiciones en el fútbol profesional. Y por tercer año consecutivo, el Real Zaragoza no lo tiene en los mínimos exigibles. Este nuevo 0-0 ante un rival que jugó hasta con dos piezas menos muchos minutos, es un teorema en sí mismo. El problema es muy serio.

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Gámez (Larrazabal, 46), Lluís López, Jair, Fuentes; Grau, Francho (Molina, 82); Bermejo (Mollejo, 66), Vada (Puche, 82) Simeone; y Azón (Gueye, 66).

SD Eibar: Yoel; Tejero, Berrocal (Venancio, 29), Arbilla, Imanol (Quique Glez., 87); Sergio Álvarez, Matheus; Corpas (Rober Correa, 41), Javi Muñoz, Stoichkov (Nolaskoain, 41); y Bautista (Blanco Leschuk, 46).

Árbitro: Trujillo Suárez (Canario). Expulsó con roja directa (39) a Venancio, por agresión a Vada; y a Javi Muñoz (76) por entrada violenta a Fuentes. Amonestó a Berrocal (24), Tejero (27), Gámez (34), Arbilla (39), Rober Correa (52), Matheus (68), Blanco Leschuk (74), Imanol (85), Jair (92) y Nolaskoain (92).

Goles: No hubo.

Incidencias: Noche muy agradable en Zaragoza, con 24 grados. El césped de La Romareda presentó un buen aspecto. Por lo intempestivo del horario, en las gradas solo hubo 18.500 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Edu Navarro, entrenador de porteros del Aragón, fallecido en las últimas fechas, así como por las víctimas de la tragedia del estadio de Indonesia.

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Partido Real Zaragoza-Eibar, en directo
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