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El Zaragoza domina y no remata al Elche

El conjunto aragonés desarrolla su mejor partido tras el parón pandémico. Confinó al Elche en su campo, pero no fue capaz de trasladar su iniciativa al marcador

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Kagawa, ayer en papel protagónico, lamenta una ocasión fallada.
Joaquín de Haro/LOF

Con todo lo bueno esgrimido, al final nos acordamos de Luis Suárez. Porque cualquier equipo con el gobierno que ayer desarrolló el Zaragoza habría ganado y ya estaría clasificado para el cruce final por el ascenso si hubiera contado con un hombre de la capacidad goleadora del Bisonte. Dominó pero no fue capaz de marcar, de trasladar numéricamente al marcador la iniciativa plasmada sobre el campo. Por eso no ganó el cuadro que gestiona Víctor Fernández, que, sin embargo, licuó unas sensaciones evocadoras de su mejor punta de rendimiento en el actual curso. Sin ninguna duda, sobre el Martínez Valero de Elche ayer se expresó el mejor Zaragoza post pandémico. Sin goles, pero por fin con solidez, con energía, son solvencia. Jugando así, se suele ganar muchas más veces que se pierde. Jugando así, pasará de ronda el domingo en La Romareda.

Solo hemos citado hasta ahora a Luis Suárez, el ausente más presente. Pero la reunión dejó más nombres a subrayar, como también rescató virtudes perdidas tras el maldito coronavirus. Y ocasiones de gol. Tres clarísimas, que no son pocas en Segunda. Nombres: Kagawa y Burgi. Hombres que hablan con el balón. O sea, el Zaragoza tuvo la pelota, la movió con criterio sobre un terreno incultivable, infame para la construcción de fútbol. Kagawa y Burgui la acunaron, la distribuyeron. En el balcón del área generaron peligro merecedor de mucho más que la nulidad final. Es cierto que el artillero Jonathas condenó al Elche a remar una hora en inferioridad numérica. Tan cierto como que el Zaragoza asumió el esfuerzo creador, igual contra 10 que contra 11.

No solo mejoró con balón el Zaragoza; también lo hizo sin él. Pese a que era complicado dialogar con la pelota sobre el patatal, ni Eguaras, ni Zapater, ni Raúl Guti perdieron el rigor posicional. El regreso de Guitián y El Yamiq al eje defensivo dotó de una solidez estructural desconocida, una fortaleza que nos remite a la retahíla victoriosa del invierno. El dato de que el marcador final fuera 0-0 no es baladí, como tampoco lo es que el Zaragoza por fin cerrara su portería después de haber encajado en todas sus comparecencias tras el paréntesis.

Nombres, virtudes y también ocasiones. La tuvo Burgui al borde del descanso, en un uno contra otro resuelto de forma espléndida por Edgar Badía. De vuelta de vestuarios, la tuvo Linares. El lebrel de Fuentes falló una de las que siempre mete, en boca de gol tras asistencia de Kagawa, el mismo pasador que en la anterior acción de Burgui. Un larguero en un córner botado por Soro cerró el capítulo de oportunidades erradas. Eso sí, antes de desperdiciadas, fueron creadas. Porque el Zaragoza lo hizo todo o casi todo bien, menos meter gol, circunstancia que no oculta la sensible progresión del conjunto aragonés. Las tres semanas de espera tras el frustrado cierre liguero se llevaron a Luis Suárez, pero también han propiciado la recuperación física del resto del grupo. El Zaragoza de ayer ganará el domingo. El Zaragoza de ayer puede ascender.

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