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El traslado de Víctor Fernández a la plantilla: la salida del bache, en Soria

Durante 10 minutos, al inicio del entrenamiento de este lunes de decepción, el técnico del Real Zaragoza habló a la plantilla tras el cuarto partido seguido sin ganar. La solución pasa por vencer al Numancia y disipar dudas.

Víctor Fernández habló con su plantilla durante 10 minutos al inicio del primer entrenamiento de la nueva semana. Lo hizo con tono pausado y serio. Todos los jugadores escucharon con gesto hierático, muchos con las cabezas giradas hacia el suelo, con el cuello no erguido. Gestos clásicos de los días de decepción, en los que cuesta afrontar una primera realidad adversa o poco agradable. 

Todos, el entrenador también, saben que el primer chasco del curso, la primera derrota liguera ante el Cádiz, ha hecho daño entre el zaragocismo. Que, por primera vez, toca morder polvo y eso, en esta plaza, resucita fácilmente fantasmas con bola y pesada cadena por los antecedentes de años y años ya en el fango de la Segunda División. Así que este lunes ha sido una jornada de tratamiento calmado del problema. Los titulares frente a los andaluces se han ido en silencio al gimnasio, con el lesionado Vigaray en ese grupeto. Los demás, han trabajado con suavidad, sin más. Hoy era más importante esa charla breve que sudar en la hierba. 

La derrota por 0-2 ante el Cádiz no viene sola. Ese es el inconveniente del momento. Ha llovido después de tres empates concatenados. O sea, que es el colofón a 4 partidos de frenazo, de no victorias. Un bloque de duelos en los que se ha ocasionado un marcado contrapunto con el sobresaliente inicio del torneo, que se hizo a base de 4 victorias y un empate. Por eso, con los códigos del fútbol en la mano (esos que son tan rotundos), Víctor y sus muchachos han tenido que asumir en las últimas 12 horas que, de no mediar una reacción inmediata, pueden venir curvas en el, hasta ahora, agradable y amable día a día del ambiente zaragocista. 

Se acabó el burladero de la condición de invicto que, hasta este 6 de octubre, el Real Zaragoza ha tenido siempre a mano para fardar, para sustentar un trabajo de progresión bien hecho. Ítem más: ese detalle -nada accesorio- de haber hilvanado la derrota con los gaditanos con los tres empates feos anteriores (en casa contra el Lugo y el Málaga; y fuera, en casa del colista Oviedo), destila la lectura obvia de que, lejos de seguir progresando adecuadamente, como sucedió hasta la jornada 5ª en Alcorcón, el Real Zaragoza está en marcada regresión.

Víctor ha trasladado a sus pupilos que, de este primer pequeño lío del año, solo se sale por la vía que el fútbol manda: ganando el siguiente partido. Un triunfo en Soria, el próximo domingo en Los Pajaritos ante el correoso Numancia (16.00), aplacará la inevitable sensación de incertidumbre que ha generado el equipo por su rendimiento no suficiente en el póquer de partidos que, sin éxito alguno, ha disputado en los últimos 15 días. 

Así que la plantilla ya sabe la medicina a aplicar de inmediato a este catarro otoñal. Tiempo, este de octubre, siempre peligroso en Zaragoza en los años previos. Fechas donde los diferentes equipos han padecido afecciones de credibilidad de diversa profundidad y consecuencias. Por eso, Fernández y sus chicos ya tienen su en su punto de mira la farmacia donde curar sus males: está en Soria, en el campo del Numancia, en 6 días

El formato del jarabe es de 3 puntos. Solo así desaparecerá de raíz la tos, la mucosa y los estornudos que han asomado en el zaragocismo en las últimas dos semanas. Cosas de las fechas del Pilar por estos lares. También en lo concerniente al fútbol. Pura meteorología. Cosas del clima. Y, claro, de la Segunda División y del presente tan apretado del Real Zaragoza de plata. Ni Víctor Fernández, nativo del lugar, se libra de los resfriados. 

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