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El oficio de ser Álvaro Ratón

En una derrota en la que el Zaragoza resumió sus problemas o sus virtudes de toda la temporada, emergió la figura del portero gallego, un suplente que siempre suma

Tenerife-Real Zaragoza
Tenerife-Real Zaragoza
Santiago Ferrero

La despedida de esta fallida temporada del Real Zaragoza en Tenerife se construyó con los mismos trazos del resto del año. El partido, en cierto modo, fue un espejo de lo ya vivido. Un resumen a modo de persiana en el que hubo poca historia porque casi todo lo sucedido ya se había sufrido antes de esta última derrota. El Zaragoza perdió como ha perdido muchas veces este curso. No dominó las jugadas a balón parado defensivas, ni se impuso en su área. Tampoco en la rival, donde el equipo acumuló acciones y situaciones, pero en las que no halló la fórmula del gol. Pombo siguió jugando a lo suyo. Marc Gual continuó desquiciado y desquiciando. El Zaragoza de Víctor Fernández volvió a fiarse a la desorganización ofensiva… Solo son un puñado de detalles comunes en los últimos tiempos. También los hubo buenos, en sintonía con las últimas semanas, como el impacto de Pep Biel, la prometedora progresión física de Raúl Guti, la fluidez y circulación de la pelota en las fases de construcción del juego en ciertos momentos de los partidos… Pero, entre lo poco positivo que ha dado el año o dio el partido de Tenerife, merece resaltarse el papel de Álvaro Ratón. En el Heliodoro Rodríguez López, el guardameta gallego sacó tres goles que lo hubieran sido en condiciones normales.

Tres paradas, porque tampoco necesitó hacer muchas más, en frío, de las difíciles, de las que mantenían al Zaragoza blindado en el partido hasta que encajó un tanto en el que poco pudo hacer. Esas manos de Ratón, a un cabezazo de Jorge Saénz o a dos remates de Nano Mesa, dieron valor a su noche y a su trayectoria en el Zaragoza. Siempre que ha sido necesario, Ratón ha resuelto con nota la exigente, resignada y dura papeleta de relevar a una figura totémica en este proyecto como es Cristian Álvarez.

Víctor Fernández, con buen ojo y sabia gestión, decidió darle al gallego la portería titular de las últimas jornadas, una vez que las tensiones competitivas se aliviaron con la permanencia matemática. Y Ratón ha respondido como siempre, con eficiencia, eficacia, acierto, rendimiento y profesionalidad. Que es sencillo decir que hay que tenerla en su papel, pero que debe tenerse. Su oficio de suplente de Cristian debe asumirlo y a la vez desafiarlo, en el día a día, entrenando, conviviendo y construyendo. O viviendo cada minuto de juego, cada oportunidad, como si fuera la última, como hizo en Tenerife. Desde su aterrizaje en el primer equipo, ha tenido más o menos continuidad, pero hay algo muy singular en este camino: por poco que juegue, cuando lo hace, siempre se observa un crecimiento en su fútbol, en su labor de último guardián.

Desde la llegada de Cristian, ha aceptado su rol de secundario prácticamente institucionalizado, algo nunca sencillo de digerir por ningún futbolista con sangre competitiva, pero que Ratón ha hecho con naturalidad, respeto a las jerarquías y ánimo constructivo. Por eso, el Zaragoza lo renovó, porque es un suplente que suma, cuando juega, pero, sobre todo, cuando no. Y porque también es una red de seguridad si se cae Cristian. Lo exhibió en Tenerife y en cada partido que le ha tocado este año: Ratón es algo más que un parche si el argentino no está aquí, es la revelación de que al Zaragoza no lo protegen, ahora o en el futuro, dos manos, sino cuatro.

Chema R. Bravo

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