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Real Zaragoza

Real Zaragoza-Córdoba 2009, ¡ah, cómo hemos cambiado!

El partido de esta noche en La Romareda fue hace casi 9 años el del último ascenso zaragocista a Primera, ese sueño que se persigue sin cesar tras repetirse el descenso en 2013.

Crónica de HERALDO DE ARAGÓN del Real Zaragoza-Córdoba de 2009.
Real Zaragoza-Córdoba 2009, ¡ah, cómo hemos cambiado!
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Un Real Zaragoza-Córdoba en La Romareda, como el que aguarda en la noche de este viernes en el estadio municipal en la fría noche invernal del 26 de enero de 2018, fue el hito que quedó para la historia blanquilla como el del último ascenso a Primera División que se ha vivido en el zaragocismo. Aquella vez, con victoria por 3-1, el equipo que dirigía Marcelino García Toral rubricó el éxito en una tarde de temperatura estival, el sábado 14 de junio de 2009, en un campo abarrotado, como reza la crónica de HERALDO DE ARAGÓN, con 34.596 espectadores en las tribunas. No cupo ese día ni un alfiler. Se había salvado de nuevo el trance de pasar por Segunda como purga a un fracaso, el del año anterior, que fue el inicio de los males que hoy afectan económicamente a la SAD que, con tanto desvelo y celo, están intentando reflotar los nuevos propietarios de la Fundación Zaragoza 2032 desde hace tres años y medio.

El Córdoba, en la penúltima jornada de la liga, era el visitante. Ganando, el Zaragoza estaba arriba. Y lo hizo con sencillez. Ewerthon, Ponzio y Arizmendi firmaron los goles. Guzmán hizo al final el del honor para los andaluces. Y la fiesta estalló. Era el día del 24 cumpleaños del capitán, Alberto Zapater, que lloró de emoción al ser sustituido justo al final de tan emotivo duelo. Se manteó a Marcelino sobre el césped en una fiesta que duró una hora larga en el coliseo zaragozano y terminó con una rúa en la Plaza de España. Parecía que aquello era el adiós definitivo al infierno de Segunda, a la que jamás debía volver el Real Zaragoza tras aprender la lección de soberbia de un agapitismo incipiente que aún tendría un recorrido más largo y fatal para la entidad en los años sucesivos. No fue así. Cuatro años más tarde, el club blanquillo volvió al pozo... y aquí sigue, pagando a precio carísimo la mochila de desmanes de la anterior propiedad y gestión, que estuvo en un tris de acabar liquidando una historia octogenaria que, malherida, aún busca la sanación de la mano de sus nuevos gestores.

Un Real Zaragoza-Córdoba, por aquella referencia de 2009 que aún tiene vigencia, pues es el momento culminante del éxito del ascenso que todo el mundo ansía repetir cuanto antes, jamás será un partido cualquiera en La Romareda. Se trata de un duelo con su historia particular, con su intrahistoria, con su reseña dorada en los anales de la trayectoria vital del viejo club zaragocista. Ahora todo es diferente y los envoltorios, año a año, de estos duelos en nada se parecen al de aquella magnífica tarde soleada del mes de junio del 2009.

Aquel agapitismo soberbio derivó en la actual situación de deterioro societario que los dirigentes del presente, con miles de dificultades por salvar y sortear en cada segundo de gestión, con unas herencias nocivas de aquel pasado letal, están reconduciendo milímetro a milímetro contra vientos y mareas más o menos previstos. A nadie escapa este presente, del mismo modo que todo el zaragocismo sueña con un futuro cercano en el que se pueda revivir el sentimiento de aquel Real Zaragoza-Córdoba de hace casi 9 años: la celebración del retorno a Primera.

La canción de Presuntos Implicados 'Cómo hemos cambiado' (del año 2006) recoge, simbólicamente en varios pasajes, buena parte de lo que ha vivido y sufrido el zaragocismo en esta última década llena de trampas, chandríos y sufrimientos. "...Así como siento ahora el hueco que has dejado, quizá llegada la hora en que vuelva a sentirte a mi lado, por tantos sueños por cumplir, alguno se ha de vivir... tal vez si tú y yo queremos volveremos a sentir aquella vieja entrega..." cantaba Soledad Giménez con sentimiento.

Nada es igual a aquel Real Zaragoza-Córdoba de 2009 del último ascenso. Se verá en La Romareda esta gélida noche de 2018. Pero habrá un día en que sí se repetirán aquellas lágrimas de alegría por dejar atrás este calvario. 

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