Real Zaragoza
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Una semana para preparar el debut en La Romareda ante el Granada como es debido

Tras caer en Tenerife en el estreno liguero y con el antecedente fallido del Memorial Lapetra ante el Eibar, el Real Zaragoza necesita cambiar su solvencia el domingo.

Borja Iglesias, salta con un rival en la disputa del balón, ante la mirada de Eguaras, en el primer partido de liga, el pasado viernes en Tenerife.
Una semana para preparar el debut en La Romareda ante el Granada como es debido
ACAN

Viene el Real Zaragoza de empezar la liga con derrota por 1-0 en Tenerife. Será, por lo tanto, en la 2ª jornada, como local en La Romareda frente al Granada, cuando el equipo que entrena Natxo González buscará su primera victoria oficial y, de paso, su primer gol de la temporada. El domingo próximo a las 19.00, el estadio municipal acogerá la verdadera presentación del nuevo diseño zaragocista para la temporada 2017-18, ya que el amistoso del pasado día 12, en el Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra, donde los blanquillos también perdieron (esta vez por 0-2), quedó desvirtuado por la inmadurez del grupo, su irregular fútbol y el mal resultado final.

En los dos primeros choques donde se pretendía ver algo más de sustancia, el último preparatorio del verano a modo de puesta de largo ante la afición en Zaragoza y el primer partido de verdad en Tenerife, los de Natxo no lograron responder como se esperaba. Dos derrotas, dos partidos sin ver puerta, dos días de grumos en el manejo del balón.

En un inicio de curso asumido por todo el mundo como complicado a causa de la hondura en la remodelación de la plantilla, no caben nervios, ni excesos de responsabilidad, ni catalogaciones exageradas de los partidos con los que nace el nuevo año deportivo. El proceso, lento y trastabillado, está descontado hace semanas, porque se ve venir de largo que no será fácil armar un equipo regular en las primeras jornadas de liga. Nadie debería trasladar síntomas de nerviosismo prematuro porque eso irá contra natura, en dirección contraria a lo necesario. 

La misión de Natxo González y de Lalo Arantegui, el director deportivo del Real Zaragoza, en esta larga semana que arranca en los entrenamientos en la mañana del martes (tras la fiesta del lunes), gira alrededor del traslado de esa idea al vestuario. Nada de autopresionarse, de introducir un acelerón mental en el grupo de jugadores cuando aún se viven los días de agosto, en pleno tiempo estival. Para eso, queda mucho tiempo por delante. El cuadro zaragocista debe saltar al césped del estadio el domingo ante los granadinos (que vienen de descender de Primera) con la seguridad de que, en esta categoría, cualquiera puede ganar a cualquiera (cliché manoseado, pero útil de vez en cuando, como ahora) por más que las circunstancias puntuales generen dificultades. El Granada, sin ir más lejos, fue incapaz de vencer al recién llegado de Segunda B Albacete en el campo de Los Cármenes: 0-0 fue el resultado final. En Segunda, nadie es más que nadie de antemano, bien lo sabe el Zaragoza desde 2013.

Actuando con naturalidad, con soltura, sin agobios, los nuevos componentes del plantel zaragocista tienen a mano reconducir de inmediato el negativo inicio en Tenerife con una victoria frente al Granada. Es un buen día para empezar a crecer. Para ayudar a creer a los zaragocistas, que solo necesitan pequeñas señales de vida en el campo para modular en positivo su impresión del equipo. La exigencia en Zaragoza, en el quinto año consecutivo en Segunda, hace días que bajó su cota. Es la realidad, por encima de tópicos que siguen hablando de la dura dificultad de la plaza. No son aconsejables miedos abajo ni atmósferas de presión arriba. Que el equipo logre ganar partidos poco a poco y hallar su sitio en la clasificación depende también de ese acercamiento, de ese engrase, de esa complicidad entre jugadores, técnicos, aficionados y todo el entorno que, día a día, respira con el Real Zaragoza.

Una década de declive suele invitar al derrotismo súbito. Es el resultado del movimiento en espiral, siempre hacia el mismo lado, que sufre el zaragocismo desde 2007, con escasas variantes o atenuantes. Pero, mirado con sosiego, no es digno el 1-0 de Tenerife de ser causante de hundimientos morales prematuros, de diagnósticos últimos sobre algo que aún vive en la incubadora. Muchas ligas se empezaron en la historia perdiendo fuera de casa. Incluso con mayor diferencia y peores aromas. Y, sin embargo, el estado de naturalidad de aquellos momentos, muy alejado del resquemor y resabio del que se siente bajo el toldo de Real Zaragoza en los últimos -bastantes- años, permitió enderezar con calma el rumbo y lograr los objetivos a final del año con éxitos y disfrute.

El nuevo proyecto, joven, con un perfil de atrevimiento que resulta novedoso (también es arriesgado, no cabe duda), necesita engrase y empuje alrededor. No descreimientos fulminantes por el hecho de que la pretemporada haya resultado bacheada y el primer partido de liga a domicilio no se haya logrado puntuar por un error defensivo de gran dimensión en un balón parado. Para hacer que todo esto se vea dentro de un trimestre con sentido lógico y con la importancia real de los primeros pasos de algo distinto, todo el mundo debería relajar sus instintos más viscerales que provoca la inercia del pasado más reciente en el zaragocismo. Si ha de venir un año más el mal tiempo, vendrá solo. Sin necesidad de invocarlo o gritarlo con antelación.

Y, en la caseta, durante esta semana, Natxo y los suyos han de preparar un partido ante el Granada con la mayor tranquilidad y reposo mental que les sea posible. Jugar para disfrutar. Para gustarse, para gustar. Para mostrar ese hambre por el que han sido fichados. Sin ver gigantes donde solo hay molinos. Como si la liga empezase realmente ante el Granada. En definitiva, es algo así lo que sucede. Y quizá la filosofía tenga que aplicarse un par de semana más, mientras se cierra el mercado de verano y el reparto de actores se cierra finalmente. Cosas del fútbol moderno y sus anacronismos, que tan a contrapelo le vienen a este Real Zaragoza inestable de la última década.

Si todo el zaragocismo, cada uno en su papel, no es capaz de modificar sus hábitos, de modular sus pasiones, de atenuar sus reacciones reflejas, de frenar su carácter más crítico ante los primeros golpes en la carrocería del nuevo proyecto deportivo, las dificultades aumentarán exponencialmente día a día sobre el césped. En el quinto año fuera de la élite, este tipo de medicinas ya se deberían haber acumulado en la despensa de cada uno.

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