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Real Zaragoza

La táctica menos útil y más repetida: pelotazo largo de Cabrera para salir 'jugando'

Ante la falta de creación fútbol en los centrocampistas, Milla insiste sin éxito en los desplazamientos a sorteo del central.

Cabrera, en una de sus salidas desde atrás, presionado por Urko Vera en el partido ante el Huesca en La Romareda.
La táctica menos útil y más repetida: pelotazo largo de Cabrera para salir 'jugando'
HA

Leandro Cabrera tiene sus virtudes. Es un portento en el juego por alto, su salto en parado es notable. En carrera, sobresaliente. Eso le sirve tanto en defensa como, de vez en cuando, en ataque. Pero el uruguayo no es Beckenbauer, ni Koeman, ni Rijkaard en la salida del balón desde atrás. Ni la mitad de lo que fueron aquellos paradigmas de la distribución de la pelota desde la cueva del área propia. Sirvan los alejados ejemplos como exagerada referencia temporal a lo que, en su día, se aproximó a la perfección y que, ahora en el Real Zaragoza, está muy lejos de conseguirse por puro sentido común.

Los registros de actual Real Zaragoza y, por ello, de sus jugadores -entre ellos Cabrera-, están en Segunda División, lejos de exigencias mayores en cuestiones técnicas. Por eso, es sorprendente observar, fin de semana tras fin de semana, cómo el mecanismo de juego ofensivo del equipo de Luis Milla insiste y abusa en los pelotazos largos de Cabrera para sacar la pelota jugada desde el área propia. Un resorte que muy pocas veces da resultado. De vez en cuando, el charrúa atina con un buen desplazamiento de 40 metros. Pero del mismo modo que un reloj parado también da dos veces bien la hora cada día. No está Cabrera dotado del don que requiere esa maniobra de orfebrería futbolística: buen pie, toque limpio y dirigido, agilidad para meter los balones en el sitio preciso sin telegrafiarlos...

No es Milla el primero que está acudiendo a esta solución. La falta de recursos técnicos para la distribución en el medio campo en las últimas campañas han hecho abusar de este parche a los anteriores técnicos del equipo en las últimas tres campañas. Desde los primeros partidos de Ruiz de Galarreta, nada más llegar de Bilbao -luego se extravió-, no se aprecia cierto orden en esa faceta. Lo cual, ante el escaso éxito de los precedentes, todavía choca más que se siga insistiendo en esta pauta de que sea Cabrera el lanzador de los ataques.

Cabrera es un futbolista valiente, implicado, que pone todos sus sentidos en el campo. Y no se viene abajo aunque uno, dos o tres de sus pases largos acaben fuera de banda o en poder de los defensas contrarios ante el estupor y el murmullo de la grada y la evidencia de que eso no es un buen plan. Pero, la manera de jugar del Real Zaragoza, deriva demasiadas veces en esa única alternativa, la del balonazo de 40 o 50 metros de Cabrera, porque los compañeros de la media no encuentran las vías de salida que deberían corresponderles por su rol: Morán, Ros, incluso Zapater. 

Ante el Córdoba, dio la sensación, por enésima vez, de que el Real Zaragoza abusa de este movimiento táctico que tan poca rentabilidad le produce. Pero es algo que también exasperó a más de uno el día anterior en Soria, o en Tarragona... siempre. La falta de solvencia de los distribuidores del medio campo está obligando a Cabrera, un año más, a retratarse en unas funciones que no deberían ser suyas.

Milla es el responsable inmediato de los usos tácticos del equipo. Pero este rozamiento en la pizarra le llueve al turolense de más arriba, como antes les llovió a sus predecesores. En la plantilla falta al menos un creador puro, alguien que evite esos pelotazos de Cabrera como recurso último para salir hacia el ataque ante la presión y la cerrazón de los adversarios. Y eso, el entrenador no se lo puede inventar. O se tiene en el repertorio, o no se tiene.

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