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Real Zaragoza

Números de insolvencia en los marcadores positivos a domicilio

El frágil Real Zaragoza dejó escapar en breves minutos resultados favorables en Lugo, por dos veces, Valencia y Soria.

Luis Milla grita con fuerza en la banda de Los Pajaritos en un momento de la segunda parte del partido ante el Numancia.
Un equipo incapaz de sujetar los marcadores positivos a domicilio
LFP

El Real Zaragoza es de cristal cuando juega fuera de La Romareda. Sus futbolistas, su disposición técnica y táctica, se quiebran como vidrio de Bohemia en cuanto los partidos a domicilio se ponen exigentes, un efecto que, curiosamente, el propio cuadro zaragocista provoca en los rivales locales al adelantarse en el marcador o conseguir equilibrar una desventaja inicial.

Son los propios zarpazos del Real Zaragoza los que acaban repercutiendo negativamente en su talante. Su carácter no solo es frágil y quebradizo, sino que además manifiesta síntomas de vértigo, de exceso de responsabilidad mal asumida y peor administrada desde todos los sectores del campo, dentro y fuera. Mientras los partidos se mueven en terrenos de tanteo, de estudio previo entre ambos equipos, los de Milla aguantan el tipo mal que bien. Pero, en cuanto se rompen las hostilidades, aunque sean los aragoneses los que dan el primer golpe al tanteador, el adversario siempre es más listo, más eficaz, más fuerte y, finalmente, más solvente en la victoria.

Sucedió hace pocas horas en Soria. El Real Zaragoza llevó una primera parte medianamente tranquila dentro de un bajísimo tono de juego y, en una acción concreta, logró adelantarse 0-1 con el gol de Juan Muñoz en el minuto 38. Sin embargo, lejos de suponer un aldabonazo a su autoestima, ese gol y su obligado manejo táctico acabó siendo un inconveniente que duró como el agua en una cesta en poder de los zaragocistas: en apenas 7 minutos, el Numancia ya había enjugado la ventaja. Ese breve y fugaz tiempo le duró al Zaragoza el beneficio, que se quedó al final en nulo con la llegada del 2-1 y la derrota definitiva. 

Pero es que en Lugo, en la primera de las cuatro salidas vividas por el Real Zaragoza en lo que va de torneo, este efecto sucedió hasta en dos ocasiones, la segunda de ellas con el agravante de contar hasta con dos tantos de ventaja. El 0-1 lo hizo Lanzarote en el minuto 14 y el equipo de Milla no supo gestionar tan favorable dato: antes del intermedio, los gallegos empataron en el 38. En 24 minutos, los zaragocistas habían perdido el timón. Aquel partido les dio una segunda y magnífica oportunidad de triunfo. En el minuto 57, al inicio de la segunda mitad, el Zaragoza se puso 1-3 a favor con el doblete de Ángel. Pues bien, en el 72, la cosa estaba 3-3 y el éxito arruinado. El gobierno de aquellos dos tantos de superioridad fue tan penoso que apenas duró 15 minutos. Algo imperdonable viendo las hechuras de aquel partido.

En un grado menor, pero igualmente reseñable, entra el refrendo de la secuencia del marcador de Valencia, en la catastrófica noche ante el Levante. Tras empezar fatal, con un gol encajado en el minuto 2, el Real Zaragoza se encontró con el 1-1 en el minuto 10 tras el primer golazo de Lanzarote de falta directa. Parecía un buen remedio, un momento de inflexión para reconducir aquel importante duelo. No hubo lugar a ilusionarse porque ese marcador positivo solo lo estuvo tocando con sus manos el Real Zaragoza durante 13 minutos. En el 23, los levantinistas ya había logrado el 2-1 y todo se derrumbó por completo, y con estrépito.

Que los marcadores favorables y positivos le duren al equipo de Milla 24, 15, 13 y 7 minutos cuando juega fuera de casa no es ya un dato casual. Ahí existen causas de cariz tan nocivo como peligroso de cara al futuro que se deben analizar a toda velocidad. El propio entrenador, en la rueda de prensa posterior al fiasco de Soria, habló de preocupación, de abatimiento moral de los jugadores, de caída anímica, de no saber encajar el efecto 'bofetada' que supone recibir un gol... Un asunto muy serio que los números explican con contundencia.

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