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El sueño compartido de Ramón

El futbolista altoaragonés del Alcoyano vivirá hoy el partido de su vida ante el Real Madrid, cumbre de su prolífica carrera como futbolista labrada desde el futbol rural.

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Ramón López, en una acción con la camiseta del Alcoyano.
Heraldo

Ninguna emoción como la de la Copa. Entre la burbuja liguera y el bostezo prescindible de las primeras rondas de la Champions, la verdadera pasión se traslada a esas noches frías de invierno, cuando entre semana el siervo se hace señor por unas horas y nos demuestra que el fútbol también es reducto de los débiles, de la democracia, de la transgresión. Este año la rebeldía copera la apadrina el Alcoyano, un recién ascendido de Tercera que ya ha eliminado al Huesca y hoy se medirá con el Real Madrid de Zidane. El estandarte levantino lo portará el aragonés Ramón López, el mediapunta que es punta y medio del equipo de (hoy más que nunca…) la moral.

Ya tiene 30 años Ramón, un talento brotado del fútbol rural que se ha labrado un nombre en los arrabales del balompié. "Comencé a jugar en mi pueblo, en Sabiñánigo. Soy el hijo de Antonio, un agricultor con tierras junto a mi tío Tomás en Pardinilla, entre Jaca y Sabiñánigo. Mi madre, María Teresa, regenta un estanco en la avenida del Serrablo. Iba al colegio y jugaba en la Peña Edelweis, hasta que siendo juvenil salté al primer equipo del Sabiñánigo, en Tercera División, con Ángel Espinosa como entrenador", narra.

Pronto empezó a dar que hablar el chavalico rubiales del Sabi. "Todavía me quedaba un año de juvenil, y me llamó el Montecarlo para jugar en la División de Honor Juvenil. Recuerdo que estaban haciendo la pretemporada en Villanúa y fui a hablar junto a mis padres con Javier Abad. Bajé a Zaragoza e hicimos una campaña sensacional con Sergio Carrascosa como entrenador. Nos quedamos terceros en la máxima categoría juvenil española. Solo quedó por encima el Athletic de Bilbao de Íker Muniáin, y porque nos robaron el partido en Lezama, y la Real Sociedad de Griezmann, que la entrenaba Kodro. Le sacamos un montón de puntos a Osasuna, al Eibar, a todos. Fue una pasada. Nos clasificamos para la Copa del Rey ganándole al Alavés en Vitoria. En la Copa nos eliminó el Espanyol de Álvaro Vázquez", evoca Ramón, en la descripción minuciosa, golpe a golpe, verso a verso, de la epopeya del Montecarlo, el único club del fútbol español no sociedad anónima deportiva que, junto al Antiguoko de Mikel Alonso y Aritz Adúriz, ha conseguido disputar la Copa del Rey Juvenil.

De la élite juvenil pasó a sentar cátedra en el fútbol regional. Talento, capacidad para generar y finalizar, un peligro itinerante por los campos de Aragón. "Fiché por el Universidad con Javier Garcés. Estaba muy centrado en los estudios. Quería terminar Educación Física y me fui al equipo de mi pueblo, con Dani Aso primero como compañero y después como entrenador", apunta. Después de enamorar en el Serrablo, cruzó Aragón de punta a punta. "Me llamó Néstor Pérez y me fui con él. Desde entonces, desde hace seis años, parecemos padre e hijo (sonríe). Estuve primero dos años en el Teruel. Después firmé por el Ejea con José Luis Loreto, pero a las 10 jornadas se hizo cargo del equipo Néstor", señala. Y en Ejea alumbró una de las gestas más recientes en el fútbol aragonés. "Nunca había ascendido a Segunda B un equipo de tanta tradición como el Ejea y nosotros lo logramos con Néstor. Jugué allí cuatro años, metí 50 goles, entre ellos uno muy especial, como fue el del ascenso en Cádiz", enfatiza.

Este verano pasado dejó Ejea y la obsesión esférica lo llevó hasta Alcoy. Allí comparte vestuario con otro aragonés, Rubén Garcés, al que se le busca salida. "Me dolió mucho la marcha del Ejea, mucho. Surgió la oferta del Alcoyano y no lo dudé. Dejé hasta el trabajo de visitador médico y me vine a Alcoy con mi novia, Miriam, una chavala de Santander que trabajaba en Guadalajara en una compañía aérea. Y aquí estamos, en una ciudad de 60.000 habitantes que vive con mucha intensidad el fútbol. Me conocen, me paran por la calle, en el mercado. Además, estamos intentando pelear por todo en un grupo dificilísimo de Segunda División B. Las cosas van bien. El domingo le empatamos al Hércules en el estadio Rico Pérez de Alicante, que es un campazo", dice Ramón. "Antes, eliminamos en la Copa del Rey al Huesca de Primera. Imagínese para mí, habiendo nacido en el Hospital San Jorge de Huesca…", relata.

Y la traca final: "Tras eliminar al Huesca, al otro día, nada más celebrarse el sorteo, tenía quinientos mensajes de whasap (sí, sí, 500) en el móvil. Me llamaron todos excompañeros, todos… Desde los del Montecarlo juvenil como Ramón Cubas, Dani Ramírez, Álex Lamata, Alberto Contreras, Edu, Rodri Serrano… Hasta los del Universidad, los del Sabi, los del Teruel, por supuesto los del Ejea… Tanta lucha, tanto sacrificio, tanta pasión por el fútbol. Gente como Rafa Santos, admirable, que con 36 años sigue teniendo la misma ilusión que un alevín. Y todos coincidían en lo mismo… (se detiene, emocionado): todos compartían y vivirán conmigo el sueño que hoy me regalará el fútbol de jugar contra Real Madrid".

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