Despliega el menú
Fútbol

El Huesca resbala en su estreno como local

Un golazo de Imbula en la primera parte le otorga los tres puntos al Rayo Vallecano. Los azulgranas no estuvieron finos pero pudieron empatar en la recta final.

El delantero italiano de la SD Huesca Samuele Longo disputando un balón con Abdouyale Ba.
El delantero italiano de la SD Huesca Samuele Longo disputando un balón con Abdouyale Ba.
Efe

Pasará a la historia el encuentro de este viernes como el día en el que la Sociedad Deportiva Huesca estrenó su caminar como local en Primera División. Pasará a la historia como un partido único, esperado durante décadas de travesía en el desierto para una entidad que hasta hace no mucho ni siquiera podía pensar en una circunstancia de semejante magnitud. Lo malo, para el Huesca, es que pasará a la historia también por el soberbio zapatazo de Imbula que, culminados los 94 minutos de juego, ha sido suficiente para que los tres puntos hayan volado hasta el barrio de Vallecas. El Rayo acabó cortocircuitando las ilusiones de futbolistas, técnicos, directivos, trabajadores y aficionados azulgranas, quienes se las prometían muy felices después de las tres jornadas a domicilio que habían dejado un saldo nada desdeñable de cuatro puntos.

No aumentó la cuenta el Huesca, que estrenaba igual su primera equipación delante de una hinchada exultante por tan señalada fecha. Pero las especulaciones previas, los pronósticos sobre lo que podía suceder no se cumplieron a rajatabla. Especialmente porque la puesta en escena no alumbró un combinado local vertiginoso, sino que los de Leo Franco anduvieron imprecisos, temerosos incluso en ciertos momentos frente a un Rayo que no acusó la inactividad de 19 días sin competir o las dos derrotas que arrastraba en su regreso a lo más alto del escalafón nacional. En la segunda parte pudo pasar cualquier cosa, que los aragoneses hubieran rascado algo o, en su defecto, que los madrileños hubieran estirado la distancia. Ni lo uno ni lo otro. El Huesca se quedó con las ganas de aportar un resultado en positivo a las crónicas del relato de un encuentro sinigual que, lamentablemente para los intereses oscenses, tendrá al Rayo como vencedor.

El Alcoraz se sacó los envoltorios y mostró a su público y al mundo entero su nueva apariencia. La Primera División le estaba esperando desde que el 21 de mayo en Lugo los guerreros azulgranas protagonizaran la más gloriosa de sus batallas: victoria y ascenso directo. Por eso había que prepararse. Ponerse frente al espejo y acicalarse. Otro peinado. Otra vestimenta. Un estilo más moderno y un ‘look’ más juvenil, acorde a los tiempos que corren, tiempos de la máxima categoría en la ciudad y en la provincia. Claro que el proceso no ha sido sencillo. Ha requerido de un verano intenso, entre máquinas y trabajadores, para completar el proceso de transformación del recinto. Ahora ya por siempre un campo de Primera, ese teatro donde los sueños, en las últimas temporadas, se cumplen con una inusitada rapidez. Por eso, el deseo compartido entre los asistentes a El Alcoraz y los hinchas azulgranas, allá donde quiera que desparramen el sentir por sus colores, es que lo vivido en esta noche de viernes sea simplemente el arranque de una prolongada serie de aventuras y desventuras como anfitrión frente a los acorazados que navegan por el océano de la Liga Santander.

Se esperaba de inicio un Huesca intenso, eléctrico, voraz. No resultó así. Tras unos minutos de tanteo fue el Rayo el que hizo honor a su nombre, puesto que los madrileños descargaron su tormenta. Poco a poco, sin necesidad de atronar. Con una mejor disposición sobre el lustroso césped oscense, enseguida merodearon con malas intenciones la meta defendida por Werner. Los tres cambios en el once que planteó Leo Franco, a tenor de lo sucedido en el primer parcial, no dieron el resultado que se esperaba. Cucho Hernández, Álex Gallar y Exteita se quedaron en el banquillo, dando entrada a Chimy Ávila, Serdar Gürler y Semedo. Solo el segundo, el extremo turco, ofreció soluciones en el costado derecho, aportando velocidad y desborde dentro de un equipo local que no terminaba de encontrarse a sí mismo. Puede que los nervios pesaran en demasía. O simplemente el Rayo estaba siendo mejor.

Pese a ello, a punto de descubrir el camino hacia la portería rival estuvo Melero. El cabezazo del capitán azulgrana, de hecho, se dirigía directamente a la red visitante, hasta que la cabeza salvadora de Amat evitó que el Huesca se adelantara. Y lo que sucede tantas veces: del 1-0 se pasó al 0-1. Tremendo el golazo de Imbula, desde más de treinta metros, clavando el esférico como un dardo mortífero en la misma escuadra. Al menos si no fue el conjunto aragonés el que abrió el listado de tantos de Primera en El Alcoraz, el centrocampista francés se convirtió en un digno merecedor de tan señalado hito. El gol es para verlo detenidamente. Para repetirlo unas cuantas veces frente al televisor. Serían muchas más si la firma hubiera llevado el sello del Huesca. Lo que pasa es que el matasellos se lo dejó en casa el bando oscense. Perdido, desorientado, aturdido por la descarga rayista, no estaba sabiendo desarrollar el guión anhelado y la película iba derivando del suspense al género de terror. Y peor que pudo haber sido antes del descanso, en un remate de De Tomás a centro de Álvaro García, aquel que desechó al Huesca hace unas semanas y que recibió el ‘cariño’ de los aficionados.

La segunda parte planteaba un escenario que, necesariamente, reclamaba por parte del Huesca una reacción. La buscó Leo Franco desde la reserva, dando entrada a Gallar y Cucho Hernández (por Gürler y Longo). Justo antes el Rayo, en las botas de De Tomás, dispuso de una excelente opción para el 0-2, desbaratada por Werner. Nada pudo hacer el arquero argentino en el minuto 60, cuando otra vez De Tomás aparecía en el segundo palo para, con la testa, establecer el segundo. ¿El segundo? Pues no. Lo dijo el VAR. Falta sobre el defensor en los preparativos del remate.

El Huesca había vuelto a la vida desde la sala de videoarbitraje. El Rayo acababa de amenazar con electrocutarle definitivamente, algo que sirvió como acicate para despertar al aletargado conjunto altoaragonés. Eso y que Ferreiro saltó al verde. El gallego cambió la cara a los suyos, entrando en una fase final del partido en la que surgieron las ocasiones. Por empuje y por coraje. Acierto nulo. Ejemplo perfecto la acción que tuvo lugar en el minuto 70, con un envío de Ferreiro que un especialista en los testarazos, Melero, conectó mal, aunque el balón quedó suelto y Chimy Ávila, a dos metros de la línea de gol, mandaba el cuero al cielo oscense.

En los últimos compases el encuentro estaba completamente roto. El Huesca se iba arriba con todo; el Rayo, agazapado, esperaba turno de réplica a la contra para fulminar a los aragoneses. No acertó Cucho Hernández en una jugada de saque de banda de Miramón y prolongación de Chimy. A bote pronto le pegó el colombiano. No era el día de cara a puerta. Y en estas, el omnipresente Imbula se sacó de la chistera otro zurdazo sensacional que se estrelló en el poste. Quedaba el aliento final y los azulgranas todavía respiraban. Sin embargo el marcador ya no se movió, con un cuadro visitante que inauguró el casillero de puntos en la inauguración del nuevo Alcoraz. Leo Franco y sus jugadores tendrán que probar suerte el próximo viernes, con la Real Sociedad como contrincante. Esto es la Primera División. El trayecto será duro, exigente y enrevesado. El Rayo Vallecano dio una buena muestra al respecto. Pese a la derrota, el público despidió a sus jugadores con una ovación. “Eso es emocionante. El equipo se lo merecía”, dijo Leo Franco tras el choque. Se lo merece este equipo y todos los equipos del club que a lo largo de 58 años de trayectoria han terminado conduciendo al Huesca a su posición actual. Defenderla requerirá de grandes sacrificios. Sin reblar. Sin temor. Llegarán jornadas de alegrías, por supuesto. Las penas hay que digerirlas con rapidez.

Ficha técnica:

SD Huesca (0): Werner, Miramón, Pulido, Semedo, Luisinho, Musto, Melero, Gürler (Gallar, 56), Moi Gómez (Ferreiro, 67), Chimy Ávila y Longo (Cucho Hernández, 56).

Rayo Vallecano (1): Alberto, Advíncula, Ba, Amat, Álex Moreno (Embarba, 69), Gorka Elustondo, Imbula, Álvaro García, Kakuta (Bebé, 87), Trejo y De Tomás (Álex Alegría, 76).

Gol: 0-1 min, 28: Imbula.

Árbitro: David Medié Jiménez (Comité Catalán). Amarilla a los locales Chimy Ávila y Luisinho y al visitante Amat.

Incidencias: Partido de la jornada 4 disputado en el estadio de El Alcoraz ante 6.498 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el reciente fallecimiento del ex jugador y preparador físico Javier Camarón.

Así ha narrado HERALDO el partido en directo.

Etiquetas
Comentarios