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REAL ZARAGOZA

Ewerthon, el ave fénix

Ewerthon ha regresado. Goleador, asistente, implicado, Pichichi..., lidera el arranque de temporada del Real Zaragoza, enterrando así un grisáceo pasado reciente

Pocos rincones de la vida guardan tanta oportunidad de revancha como el fútbol. Echar tierra sobre un agrio pasado, silenciar fantasmas, corregir equívocos o ajustarse cuentas con uno mismo forman parte del ejercicio. Al final, todo se reduce a convertir viejas bofetadas en amables caricias. O a reordenarse dentro de un mundo rentista y veleidoso como el fútbol. Ewerthon ha sido el último en reordenarse. Ha enterrado un pasado reciente poblado de telarañas y lamentos, y ha recuperado aquella voracidad espontánea e inagotable que le elevó durante su primera temporada en Zaragoza, cuando acumuló goles con pasmosa frecuencia (20, en 46 partidos) y firmó una alianza despiadada junto a Diego Milito que desembocó en la final del Bernabéu.

Aquello se agrietó con la llegada de Víctor Fernández. Una temprana lesión apartó a Ewerthon del equipo y por esa rendija se introdujo vibrante Sergio García, que ya no frenó su crecimiento. A Víctor se le presentó la coartada perfecta. Fumigó a Ewerthon (que rebajó la producción a 6 goles) y solicitó a Oliveira. A "Ewe" le cerraron las persianas definitivamente. Comenzó así un año infausto, combinado por el indescifrable préstamo al Stuttgart y una segunda cesión al Espanyol, experiencia vacía de goles y sentido. Dos tantos en toda una temporada explican el estado carencial de un hombre acostumbrado al gol. Cayó en esa espiral de desengaño y desidia a la que se arrojan los futbolistas heridos y sin horizonte claro. Allá donde te envía la desconfianza ajena.

Todo ha cambiado hoy, cuando a estas alturas, Ewerthon duplica su producción de todo el curso pasado con cuatro goles en cuatro jornadas (Pichichi compartido con Ángel del Tenerife y Mario Rosas del Castellón) y lidera el pausado arranque del Real Zaragoza con una mezcla de acierto, implicación y sacrificio. En realidad es un nuevo Ewerthon, un jugador que siempre fue más valorado por sus deficiencias que por sus virtudes. Como si el gol fuera algo ridículo. Ahora lo mantiene y le ha añadido aquello por cuya ausencia siempre se le persiguió: generosidad. Asiste, defiende, encabeza la presión, conecta con los compañeros (su complicidad con Jorge López causa terror) y participa en el circuito colectivo. La capitanía, ejercida frente al Elche ante la ausencia de Zapater, inflama su compromiso.

En este resurgir, la gasolina la ha inyectado Marcelino con la confianza que otros le privaron. El técnico desmintió un informe desvirtuado del brasileño y observó en él las cualidades que siempre ansía en un delantero, las mismas que le conmovieron a suplicar la permanencia de Oliveira: puntas veloces, potentes, verticales y explosivos en los espacios libres. Así son sus delanteros de cámara (Sinama, Uche, Tchité...) y por eso interrumpió su cesión al Málaga.

Ahora "Ewe" es un arma más para el ascenso. Un chico ferozmente renacido, con mirada de pájaro, incandescente, y de garras afiladas. El Ave Fénix.

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