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GOLF

Europa pierde la Ryder

No pudo ser. Tampoco fue una derrota abultadísima como apuntaba al principio de la semana. Los americanos tuvieron que trabajar el triunfo y muy duramente, porque los europeos no daban su brazo a torcer en ningún partido. Kim, Perry, Weekley, Holmes y Furyk, más el empate entre Paul Casey y Hunter Mahan, dieron a Estados Unidos los cinco puntos y medio que necesitaba para ganar la 37º edición de la Copa Ryder que se ha disputado en el campo americano de Valhalla, en Kentcuky.

Paul Azinger, el capitán americano, dijo que Valhalla sería el paraíso de los jugadores americanos, el lugar donde Estados Unidos lograría su revancha. No se equivocaba Azinger en su presentación en la ceremonia de apertura. Valhalla, el paraíso vikingo, fue un infierno para los europeos, pese a que la afición venida del otro lado del mar acabó siendo tan ruidosa como la americana, aunque mucho más elegante, como siempre.

La clave estuvo en cuatro partidos. El que perdió Sergio García, el que abría la veda el domingo, frente al novato Anthony Kim, la futura estrella de 23 años del golf americano. No hubo batalla en este hoyo, sólo un color, el rojo americano frente a un Sergio de hombros caídos que no levantaba cabeza.

La sorprendente victoria de Justin Rose sobre el líder americano Phil Mickelson (tres ganados en sus estadísticas de la Ryder y cuatro perdidos) fue un duro palo para la afición, que veía cómo en ese momento los europeos se acercaban peligrosamente. La Copa se tambaleaba. La victoria en los hoyos finales de J.B. Holmes sobre un combativo Sören Hansen fue el partido más duro que se estaba desarrollando en el campo. Ambos sabían que su punto iba a ser vital para el resultado de la Ryder y ambos lucharon con uñas y dientes. Los dos novatos se estrenaban en una Ryder Cup, pero con una ventaja para Holmes, que jugaba en casa, ante su afición, con su familia y amigos apoyándole en todo momento. Eso marcó la diferencia en el partido y un par de segundos golpes y 'putts' que embocó el americano contra los que nada pudo hacer el danés. Chapó para Hansen. De nuevo, como ocurriera en al Ryder Cup de 1995, los novatos salvaron el honor europeo.

Y por último el partido de Miguel Ángel Jiménez contra el durísimo Jim Furyk, el jugador más sólido que Azinger tenía en la bolsa. Se sabía de antemano que iba a ser un partido vital y así ha sido. Fue el punto decisivo que dio a Estados Unidos la Copa. Ya no importaban los cuatro partidos que quedaban por disputarse, en los que Poulter y McDowell dominaba y Westwood y Harrington iban perdiendo el suyo al cierre de esta edición.

El malagueño intentó frenar a la máquina americana y le aguantó hasta los hoyos finales. Quiso protagonizar una remontada épica, pero falló un 'putt' crucial en el 15, acertó con el 'putt' en el 16 poniendo nervioso a Furyk y pese a que su segundo golpe en el 17 fue glorioso, Furyk sacó la garra que le ha faltado este año a Europa y decidió acabar de una vez con el sufrimiento de ambos.

Matemáticamente, la Copa Ryder cambiaba de manos. A partir de ahora, se trataba de que el resultado no fuera excesivamente abultado y mantener la concentración en terminar una competición que se sabe perdida de antemano. Difícil papeleta para los cuatro jugadores que quedaban en el campo.

Mañana de nubarrones

La mañana comenzó gris para los europeos. Los americanos sólo necesitaban cinco puntos y medio para ganar mientras que el equipo de Nick Faldo tenía que sumar siete. Paul Azinger sabía lo importante que era motivar a los jugadores y a la afición para que acudieran en masa a apoyar a su equipo y pidió que todos vistieran de rojo, el color de los americanos. El propio equipo americano salió al campo con los colores del Tigre, polo rojo y pantalón oscuro, y en la mente: los numerosos telegramas de apoyo que han recibido del número uno del mundo, Tiger Woods, que se recupera en casa de una operación de rodilla.

Al comienzo de la jornada, los marcadores comenzaron a teñirse de rojo y pese al apoyo de la afición europea, tan ruidosa y colorida como la americana, se barruntaba una abultada derrota del equipo de Nick Faldo. Azinger quería que la revancha fuera completa y devolver al equipo europeo el abultado marcador de las dos últimas rondas. Pero, por fortuna, no fue así y los jugadores de 'azul' fueron reaccionando, partido a partido y hoyo a hoyo. Pero no fue suficiente para retener la Copa.

Fallaron las estrellas, y supuestos líderes, en ambos equipos: García y Mickelson. Sergio García perdió sin remisión y sin un atisbo de recuperación en su partido contra el 'rookie' americano Anthony Kim, al que todos comparan con "El Niño" americano.

Kim salió concienciado, metido en el partido desde el primer momento, no así Sergio, al que vimos distraído, cansado, y fuera de todo. Quizá los antibióticos que está tomando para recuperarse de un incómodo catarro ha sido la causa de que el castellonense no rindiera lo que se esperaba de él en esta Ryder Cup. Y Mickelson ante el empuje de un combativo Rose.

Ahora espera Gales, para la Ryder de 2010. Europa no pudo conseguir el hito de su cuarta victoria consecutiva y tendrá que esperar a que vuelva a Europa para arrebatársela a los americanos.

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