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GANÓ POR 2-5

España pone firme a Bosnia

Sonó el himno de España en el Bilino Polja y las tropas españolas destacadas en misión humanitaria se cuadraron en uno de los fondos del estadio. Inmediatamente los aficionados bosnios aplaudieron con entusiasmo. Un detalle. Ahora se acostumbra a silbar una de las más importantes señas de identidad de un país.

Pero los bosnios son agradecidos y saben que España ha contribuido a sembrar la paz donde hace años creció tanto odio que se originó una guerra.

Los bosnios estaban allí para festejar la repesca y no tenían intención de permitir el pleno de la campeona de Europa. Nadie se jugaba nada, pero salieron como cohetes. Cortocircuitaron el medio del campo español e iniciaron un asedio continuo a la portería de Casillas. El toque de corneta duró diez minutos.

Un tramo intenso. Empuje y más empuje. La grada aparcó la cortesía y arropó a sus jugadores. Casillas desbarató dos ocasiones clarísimas. Bosnia se las prometía muy felices. Pensó que podía.

Hasta que llegó el mazazo de Piqué. Golpe bajo del central y el rival hincó la rodilla. Mal presagio. Cuando el débil siente el primer golpe, suele acabar en la lona.

Dicho y hecho. En la siguiente jugada Silva rompió el fuera de juego y resolvió con maestría. El segundo guantazo mandó al suelo al rival. `Que pase el siguiente! Creció España. Se asentó.

Recuperó el medio del campo y rescató las señas de identidad que la llevan hasta el Mundial sin conocer la derrota.

Iniesta hizo de Xavi

Y eso que no estaba Xavi. Apareció Iniesta, siempre bien protegido por Xabi Alonso y Busquets, y se adueñó del partido. Una buena noticia para España y para el Barcelona.

Desapareció Bosnia. Perdió su sitio, incapaz de ofrecer soluciones al juego asociado de España. Se impuso la lógica. Volvió la naturalidad. Así lo entendió la grada, que aplaudió las jugadas cartesianas que elaboraron los españoles. `Menudo baño! Antes del descanso quedó cerrado el partido. Como los grandes.

La segunda parte sirvió para disfrutar del monólogo de España y para que Negredo se estrenase con un doblete y se ganase otro obrero para la causa. Fue un deleite. Un regalo colectivo. Y da igual quién juegue en este equipo. Está todo tan mecanizado que, a poco empeño que ponga, el jugador nuevo no desentona. Y si falla algo, ahí está Casillas para desquiciar a los rivales, que se tiraron de los pelos cuando le vieron volar y tocar balones imposibles para otros.

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