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REAL ZARAGOZA

El Zaragoza roza sus peores registros de gol

La estimación de goles a favor (36) a final de temporada es de las más negativas de su historia y la segunda más baja desde que la Liga se organiza con al menos 20 clubes.

El Zaragoza roza sus peores registros de gol
El Zaragoza roza sus peores registros de gol
JOSé MIGUEL MARCO

El Real Zaragoza, históricamente, siempre tuvo más material de preocupación en los goles que recibía que en los goles que no marcaba. Su tradición de artilleros es brillante. Su existencia puede hilarse con generaciones diferentes de futbolistas voraces, una estirpe que siempre identificó y prestigió al club en el concierto del fútbol. Murillo, Seminario, Marcelino, Ocampos, Diarte, Pichi Alonso, Rubén Sosa, Esnáider, Morientes, Milosevic, Villa o Diego Milito componen una dinastía con apenas vacíos temporales. Pero ese linaje se tambalea desde que el delantero argentino se volvió a Italia. La figura de un goleador solvente, con hábitos reconocibles y muchas veces rodeado de secundarios de gran capacidad anotadora, siempre permitió al Zaragoza dotarse de equipos con cierto filo y producción ofensiva. Pocas veces lució un ataque desnutrido. Hay excepciones que, por lo normal, indicaron amenaza, tiempos de crisis y urgencias deportivas. Uno de esos agujeros negros ha absorbido ahora al Zaragoza. Ya se han agotado los debates y análisis sobre las limitadas facultades goleadoras de sus delanteros y sobre la crónica dificultad del equipo para marcar. Hay lo que hay, y con eso debe armarse Javier Aguirre hasta final de temporada. Pero los números actuales acercan al Zaragoza a sus registros goleadores más negativos de los últimos 40 años, pese a que Osasuna (21), Racing (20) y Deportivo (20) aún golean menos. Hasta el momento, el Zaragoza ha marcado 22 tantos en 23 partidos. De mantener esa proyección y no mejorarla, la estimación de goles a final de temporada lanza la cifra de 36 dianas. Es decir, menos de una por partido. Ese registro proyectado confirma al Zaragoza actual como el segundo menos goleador desde que la Liga se organiza con al menos 20 clubes y sus correspondientes 38 jornadas (curso 87/88), solo empeorado por el equipo que descendió a Segunda en la campaña 2001/2002 (35 goles).

La historia del club recoge temporadas puntuales que se ubicaron en un desierto goleador. En la prehistoria, con otros formatos en la Liga, menos rivales y jornadas, y otro tipo de fútbol, surgen los casos del curso 40/41, con 26 goles en 22 jornadas, o del 42/43, con 25 dianas en 26 jornadas. En ambas ocasiones, el Zaragoza se fue a Segunda. En el epílogo de los Magníficos, también se sitúan algunas temporadas de cierta sequía, la 68/69, con 36 goles en 32 partidos, solo un tanto más que en la 69/70. Dentro de los últimos 40 años (ver cuadro adjunto), hay cursos con poco gol, como el descenso de la 70/71 (22), la temporada 72/73 (36) o la 80/81 (30), pero cabe centrarse, para ajustar la óptica del análisis, en los últimos 23 años, desde que la Primera División cuenta al menos con 20 equipos y 38 jornadas. En este periodo, el peor registro data de la temporada 01/02, condenada con el descenso. Ese año el equipo aragonés marcó solo 35 goles. Ahora, el Zaragoza roza esa cifra si continúa con su actual proyección. Un promedio inferior al gol por partido casi siempre fue advertencia de descenso. En la 90/91 se salvó en la promoción ante el Murcia después de acabar la liga regular con 36 goles. Una temporada más tarde, al Zaragoza le bastaron 37 dianas para clasificarse noveno.

Pero la tendencia poco goleadora del Zaragoza no es nueva. El año pasado su ritmo anotador era nefasto. Solo consiguió corregirlo con la llegada invernal de Suazo y Colunga. El equipo se salvó y finalizó el año con 46 goles, pero 13 de ellos llevaron la firma de los refuerzos asturiano y chileno. ¿Cuál hubiera sido el futuro sin ese alimento extra?

La pobreza ofensiva del actual Zaragoza, como se conoce, tiene que ver mucho con los actores individuales de su ataque. A expensas de Uche -una ciega ilusión a día de hoy por las incógnitas naturales que genera quien apenas ha jugado en año y medio-, ni Braulio, ni Sinama ni Marco Pérez se han movido en un rendimiento goleador aceptable. Ni Braulio, ni Sinama presentaban antecedentes en artillería. Nunca fueron delanteros de gol. Con Marco Pérez, se han acelerado las exigencias y las responsabilidades. Nada debería, de este modo, impactar. Entre los tres, apenas suman 8 goles, un botín paupérrimo si se coteja con otras delanteras de la Liga. En el Zaragoza, el escuálido peso anotador, además de Sinama y sus cuatro goles, lo viene soportando la segunda línea, futbolistas de irrupción como Bertolo o Gabi, ambos con 4 goles también, en el caso del capitán, tres de penalti.

Un goleador -o incluso dos- de referencia tampoco es garantía de salvación, como evidenció el último descenso con Oliveira y Diego Milito en plantilla, pero su presencia multiplica las opciones. El Zaragoza está bien equipado de anotadores complementarios. La estadística de Sinama, Bertolo, Gabi o Braulio (3 goles) es coherente con futbolistas de acompañamiento de un delantero goleador. Pero en el Zaragoza, ellos son los responsables principales. Con eso se debe sobrevivir en Primera, incrementando la rentabilidad de unos goles escasos y explotando las pocas ocasiones que se fabrican.

Goleadores en la niebla. Ocho goles suman entre los tres delanteros del Zaragoza, Sinama (4), Braulio (3) y Marco Pérez (1), una producción excesivamente pobre. Con el francés, Bertolo y Gabi tiran del aparato anotador.

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