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REAL ZARAGOZA

El torneo del olvido

El Real Zaragoza vuelve a estrellarse en la primera ronda de su competición favorita. A Agapito se le marchita otra ilusión.

Ander y Edmilson se resignan, mientras Gabi ruega explicaciones a Iturralde.
El torneo del olvido
OLIVER DUCH

Iturralde González es un árbitro con la poca recomendable capacidad de inventarse los partidos. Con su silbato aullando por el campo casi todo es posible, para bien o para mal. Funciona como una bomba de relojería y casi siempre toma como propia una cualidad que no le corresponde, al menos por encima de los futbolistas: el protagonismo. Ningún árbitro se mira tanto al espejo antes de salir al campo. Confunde la ley, con los focos. El orden, con la celebridad. La justicia, con el capricho. Es desafiante y marchoso bajo la tormenta. El Zaragoza fue la víctima ayer de unas de esas jugadas fabricadas por Iturralde y su pito de pólvora. Paró el juego ante una caída de Boutahar y todo el mundo, lo que incluye a los propios futbolistas del Betis, dio por hecha la falta. Pero no Iturralde. Él giró el dedo, el Zaragoza estaba parado con su alma cándida, el Betis sacó veloz, se presentó a golpe de corneta frente a Doblas y Contini no pudo despejar la pelota a otro sitio que no fuera su portería. Gol.

El error de Iturralde -que ni aplicó la ley de la ventaja con el Betis porque silbó, ni amonestó a Boutahar como ordena el reglamento si ha existido una caída fingida- no fue uno cualquiera porque empinó tanto el partido y desorientó tanto al Real Zaragoza que los de Gay perdieron su poco fútbol. El equipo se acabó ahí, pese al amago de reacción con el gol de Jarosik, y el 5-3-2, único modo de juego que alumbra al equipo, careció de sentido y utilidad con el marcador adverso. Ya ocurrió ante el Mallorca. Estábamos en Iturralde. Su justicia afectó al Zaragoza, pero el Zaragoza tampoco fue justo consigo mismo. Volvió a descarrilar cuando menos se aconsejaba por culpa de un juego caótico y desafilado. El acierto frente a la portería es material enigmático con Braulio o Marco Pérez disparando en el área.

Todo deja al Real Zaragoza fuera de la Copa del Rey, su torneo fetiche, alimento para las vitrinas, donde seis títulos adornan y recuerdan que este club siempre tuvo tiempos mejores. La eliminación, inesperada después del ventajoso resultado extraído en el partido de ida, rompe otro de los propósitos de Agapito Iglesias. Su mirada la había conducido a las últimas fases de la competición y, ya desde el mes de mayo, cuando presentó su plan económico para el futuro de la entidad, ubicó la Copa entre sus preferencias de esta temporada. Había que salvarse dignamente y ver al Rey lo más cerca posible. Al ser posible hasta saludarle con traje y corbata. Esa era la ilusión del presidente. Es posible que, entonces, Agapito Iglesias tuviera más buenas intenciones para este equipo. Por ejemplo, imaginaría una plantilla con delanteros que marcan goles, con laterales que defienden y además centran, con futbolistas que no han salido del paro...

Al Zaragoza se le fundió la Copa a la primera, una mala costumbre que está haciendo habitual. El equipo aragonés no pasa su ronda inicial desde la temporada 2007-2008, cuando superó a Pontevedra y Málaga antes de caer frente al Racing. Acumula tres eliminaciones tempraneras: la Real Sociedad le sacó del torneo hace dos temporadas, el Málaga el pasado curso y ayer el Betis. Como muchas otras cosas en el Zaragoza, la vieja aliada, la Copa, es sustancia del olvido.

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