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CAI ZARAGOZA

El técnico del ascenso

Menorca y Zaragoza. Una porción de tierra rodeada por el agua del Mediterráneo y otra colmada por las corrientes del Ebro. Dos ritmos diferentes. El de vivir en una isla y el de habitar en una urbe epicentro de una comunidad autónoma. Para Curro Segura, muchas similitudes, demasiadas para tratarse de tan distintos parajes. Cara y cruz en sus experiencias como entrenador. Mismo origen, la LEB, y mismo destino, la ACB. Los plazos han sido diferentes y existen matices hasta rebosar en su carta de despedida del club aragonés que, al fin y al cabo, se compone de los mismos mimbres: el de lograr un ascenso histórico, los de CAI y ViveMenorca, y no lograr retener el cargo en el tejado del baloncesto español.

El pabellón de Mahón es un auténtico infierno. Hecho empíricamente comprobado tras las múltiples visitas de los equipos que intentan conquistar esos pagos. Más de mil trompetas se reparten cada domingo de partido. Estrepitoso ruido que suena a melodía triunfal cuando sopla a tu favor. Curro tomó las riendas en la LEB del equipo mahonés y, en tres años, lo plantó entre los 18 barones de la canasta nacional, siendo así la primera participación de un equipo balear en la elite. Allí peleó con éxito un año, el 2005-2006, donde salvó al equipo al límite, en la última jornada. Sin embargo, el segundo año el público acabó por pedir su cabeza. Las habituales cornetas sonaron en su contra y Sintes, presidente menorquín, hizo caso al pueblo y apuntilló al andaluz.

Llegó a Zaragoza exactamente hace dos años, en enero de 2007. Fue el señalado para soliviantar los ánimos caldeados ante el cortocircuito que sufrió el CAI a manos de Mateo. No dudó, lanzó rápido las redes y dictó método para que los once años de condena sin ACB no le cayesen encima como una losa. Calentó un vestuario al borde de la hiportermia, en la décima posición, y puso la marcha directa hacia un ascenso que solo pudo ser frenado en semifinales, con los zarpazos del Elmar León.

Segura salvó la mitad de la flota. No mandó prematuramente a la quema a nadie y, junto a la dirección de la entidad caísta, calculó los refuerzos necesarios para hacer justicia a la vera del Ebro. El cambio de competición le favoreció. Que la prima por ser campeón de una liga regular que se dilataba interminablemente en el tiempo fuera el ascenso directo fue un factor clave que jugó a su favor. Seis derrotas. Hubiese sido escarmiento mayúsculo, excesiva condena, verse relegado a la segunda plaza y al 'play off' después de tan magnífico curso. El 9 de mayo pudo lucir eso de "¡Somos ACB!" en su pecho. Doce años después había una nueva oportunidad para Zaragoza y también para Curro Segura.

Ahora se va el hombre del regreso. Bueno, uno de ellos. Ese de la corbata y el traje de domingo para los partidos del CAI, la mayor parte de ellos en la sesión de viernes noche que impone el baloncesto FEB. El del rostro comedido en las victorias y el gesto serio en los tropiezos. Antes que él, bajó del barco Ondrej Starosta, quien sigue prestando sus servicios en los entrenamientos hasta que se descifre el enigma de su futuro. Se merma así la comunidad que se forjó en las calderas de la LEB.

'Solo' quedan DP, Victoriano, Quinteros y Lescano del quinteto que hizo efectiva la vuelta a la ACB. La quinta que blandió armas con suma tina en el partido de Cajasol para dar un poco más de aire a un enclaustrado Curro Segura. Sin embargo, su botica no dio para más. Se repitió la historia. La receta del éxito pasado cayó en balde en lo más alto. El pavor al descenso ha propiciado esta despedida. Es el adiós al técnico del ascenso.

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