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El Madrid se queda en blanco

La vuelta de Florentino Pérez y una inversión millonaria no han servido para conseguir al menos un título.

Los jugadores del Málaga celebran la permanencia ante la decepción de Higuaín.
El Madrid se queda en blanco
EFE

El proyecto de la ilusión y la regeneración se ha cerrado en blanco. Ni Cristiano Ronaldo ha podido evitarlo. El equipo diseñado para ganarlo todo se ha quedado a cero. El Real Madrid podrá recurrir al orgullo, a su capacidad para no rendirse nunca, y tiene enorme mérito que haya peleado la Liga hasta la última jornada al mejor equipo del mundo, al Barça más grande de la historia, pero no ha sido suficiente. Hace medio año, Florentino aseguró que "no ganar ningún título no sería un fracaso". Ahora podrá ponérsele el calificativo que se desee, pero lo cierto es que después de haberse gastado 252 millones de euros, ni títulos, ni espectáculo. Sólo el que ha proporcionado Cristiano, que le ha salido barato a Florentino pero también ha puesto en evidencia el fiasco de un modelo deportivo más centrado en marketing que en fútbol.

La temporada del Madrid se resume en Cristiano, y la del 'crack' portugués culmina en impotencia. Extraordinaria en números, sobrenatural en potencial ofensivo y en carácter ganador, pero inútil en resultados definitivos. Cristiano ha luchado solo contra el mundo y el Madrid contra sí mismo. En individual, no en colectivo. Sin un planteamiento decidido sobre el camino a seguir.

Desde que Florentino despidió a Del Bosque, ya han sido seis los entrenadores y cuatro los directores deportivos que han pasado por el club. Cerca de 700 millones invertidos en jugadores para ganar una Copa de Europa y dos ligas en casi siete temporadas y acabar cuatro de ellas sin títulos. El fútbol no se compra, y mucho menos, sin una idea clara, porque se corre el riesgo de ser ridiculizado en la 'Champions' y en la Copa del Rey, y al final fiarlo todo en la Liga a un milagro alimentado por la fe en Cristiano. Y mientras tanto, Robben y Sneijder, a quienes Manuel Pellegrini reclamaba en este Madrid, en la soñada final de la Copa de Europa del Bernabéu y con opciones de 'triplete'. Ahora debe arrancar un nuevo plan, con otro entrenador, seguramente Jose Mourinho, más futbolistas (Silva, Di María, quién sabe si Rooney, Ribéry u otro 'crack' mundial), y la renovación de una plantilla en la que ya no tiene cabida Guti y a Raúl se le agota el tiempo. Es preciso un obligado golpe de timón. Para dar la talla y competir en Europa, porque en tan pésima Liga casi le basta. Habría ido prácticamente sobrado este Madrid de los récords para ser campeón e igualar, como mínimo consuelo, lo que consiguió bajo la presidencia de Ramón Calderón -una Liga con Capello y otra con Schuster- si no hubiera chocado contra un Barça tan intratable y un Messi tan resolutivo. La impaciencia, las urgencias y la insoportable presión exterior son, sin embargo, las mayores amenazas de este Real Madrid al que se la ha perdido el respeto en Europa. En la competición casera, sin embargo, la mayoría de rivales tiembla sólo con oír el nombre del Madrid y se han visto incapaces frente al imparable Cristiano. También frente a la descomunal pegada y la épica a la que han tenido que recurrir los blancos en demasiadas ocasiones. Casta y heroica a falta de juego, cuando el proyecto anunciado como "espectacular" apuntaba a la "excelencia".

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