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Deportes

RALLY ESTORIL-MARRAKECH

El espíritu del Dakar

rally estoril-marrakech Rápidas pistas, toneladas de piedras, traicioneros agujeros y dunas pusieron a prueba al equipo Coviar Raid, que salió airoso de la etapa más dakariana entre el Atlas medio y el norte del Sáhara.

Miguel Grasa se esfuerza por ayudar a sacar el coche de un arenal en el desierto.
El espíritu del Dakar
PAULO PACHECO / INTERSLIDE FOTO

¿África! El grito de guerra de los que buscan saciar su hambre de aventura. ¡África!, el himno que hipnotiza a unos locos que encuentran en el desierto un modo de romper con lo cotidiano. Lanzarse a lo desconocido, luchar contra los elementos, superar las adversidades humanas? ¡África!, sinónimo de Dakar. Su espíritu impregna el Rally Vodafone Estoril-Portimao-Marrakech que agota etapas. El domingo es el final para los supervivientes. En la ciudad imperial marroquí llegará momento de brindar por ocho días intensos, vividos al límite. Marrakech espera a Javier y Miguel Grasa, los intrépidos hermanos que lideran el equipo aragonés Coviar Raid, la voz española en esta prueba del Mundial de Rally Todo Terreno.

La empresa resulta compleja en un territorio hostil, yermo, con las dunas anunciándote que lo peor está por llegar. La caravana tomó el miércoles Er-Rachidia en un día que parecía no tener fin: a las cinco de la mañana el barco procedente de Algeciras recalaba en el puerto de Nador; a las diez de la noche, el Mitsubishi Montero hacía su entrada en el aeropuerto de la ciudad, punto de encuentro de la expedición. La capital administrativa de la región de Tafilalet se ubica justamente al sur del Atlas medio y al norte del desierto del Sáhara. En Er-Rachidia se multiplican los talleres y tiendas de repuesto; su estratégica ubicación la hacen especialmente atractiva para planear el camino hacia las primeras dunas, las del campo de Erg Chabbi.

Los Grasa decidieron retirarse, con dolor, de la primera toma de contacto marroquí: 736 kilómetros en total con enlaces (480) y una especial exigente por un laberinto de pistas para abrir bocado (256) que volvió locos a los participantes.

Se impone el arte de 'navegar' por un espacio abierto, infinito, que levanta temores. No hay que bajar la guardia. Los caminos rocosos parecen propicios para la velocidad, pero la prudencia es la mejor recomendación: si te sales de la ruta, estás perdido?, y vendido. Las estrellas no están para guiarte a esas horas en que los nervios y la impotencia no dejan pensar con serenidad. El cansancio y la canícula insoportable impiden que la mente esté fresca. Paciencia. Es la primera norma de los rallys. "La competición es una escuela de aprendizaje a marchas aceleradas. Una experiencia única que merece vivirse, disfrutarla, no darse por vencido", reflexiona el mecánico del equipo Coviar Raid, Ariel Jatón, con seis Dakar en su currículum (como piloto y asistente técnico).

'África', el poema del cantante senegalés Ismael Lô que identifica a los héroes recibió el miércoles a la expedición en un campamento de jaimas de lo más coqueto y donde no falta de nada: ricos y variados platos de la región; el dulce té y un grupo de folclore local, foco de las cámaras para el recuerdo.

Por megafonía, su 'África' se acopla con otra melodía que no tiene descanso: el ruido de los generadores y motores, constante, que se entremezcla con la salida de las primeras motos (6.30). Ayer, quinta jornada del programa, un bucle de 338,47 kilómetros. "Una etapa típica dakariana", avisaban los organizadores a los pilotos en el 'briefing' de la víspera: rápidas pistas, toneladas de piedras, traicioneros agujeros y colinas de arena que pusieron a prueba a los deportistas. El calor no da tregua. Un horno que eleva el mercurio en la cabina del coche hasta hacerla inhumana. Pero los deportistas zaragozanos, y los 38 equipos que permanecen aún en carrera (entre coches y motos), han elegido su destino.

El Mitsubishi Montero partió decidido a las 8.30. El primer aprieto estaba a 15 kilómetros: arenales que sembraron las dudas de los pilotos. Atasco monumental de coches enterrados en la montaña dorada. La máquina de los Grasa no se libró del percance. Cincuenta eternos minutos para superar diez kilómetros. Metro a metro. Sorteando 'dunetes' alcanzaron la pista principal: terreno árido, polvoriento, apto para darle velocidad al coche. En el segundo control de paso, los Grasa se encontraban en el kilómetro 200 y en la posición 18 (salieron en el puesto 24). Cuatro horas de carrera. Y lo peor quedaba por llegar: el fondo arenoso de Oued Ziz.

Con tranquilidad y con las ruedas a mitad de presión, aprendida la lección del anterior escollo, el coche avanzó poco a poco, sin paradas prolongadas. Eran las dos y media de la tarde y lo más comprometido de la etapa estaba vencido. Por delante, otros ochenta kilómetros para rematar la faena, para alcanzar ese punto en el que las penas se comen en soledad y las alegrías se celebran con los compañeros. Lo de menos es el puesto (17º; 15º en la general). "Lo importante era finalizar y lo hemos conseguido. El coche se ha comportado muy bien. Hemos podido progresar y la alegría es muy grande", respiraba emocionado Javier Grasa. A su lado, Miguel mostraba la mejor de las sonrisas. "Nos hemos podido sacar la espina del miércoles. Ha sido muy dura, especialmente los tramos de dunas. Pero, nos hemos rehecho en las situaciones más complejas y estamos muy contentos".

Diez horas después de la partida, el Mitsubishi Montero descansaba al cuidado de su amo, Ariel Jatón. Hay que restañar las heridas. Hoy toca otra severa etapa: Er-Rachidia/Zagora, de 337,11 kilómetros de sector especial. Otra clásica con aroma dakariano.

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