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CAI BM ARAGÓN

El CAI pide un calmante en los Alpes

De Cuenca a Bregenz. De la Ciudad Encantada a la orilla del Lago Constanza. Del revés inesperado a un cada vez más anhelado regreso a la normalidad. Esa es la meta, el objetivo que se ha marcado el CAI Aragón en su viaje a Austria. La Copa EHF, habitualmente reconstituyente en el organismo naranja, se antoja más necesaria que nunca para el club aragonés. Mañana disputará el choque de vuelta de los dieciseisavos de final. Con la clasificación prácticamente tramitada en Zaragoza, la cuestión reside en reanimar a un grupo que había arrancado la temporada de forma sensacional.

El CAI Aragón se ha detenido en los 15 puntos, positiva puntuación, pero no magnífica, como hace tan escasas fechas exhibía. El título liguero nunca significó una meta real. La segunda plaza ya entra dentro de lo quimérico. El Ademar y el Valladolid ya nos han superado. La actual quinta plaza actual corre serio peligro. Se impone una reacción que destruya de forma instantánea esta negativa racha que ya alcanza tres derrotas consecutivas. Hay que ganar ya. Aunque sea entre la niebla y junto a un ribazo en los Alpes.

El Ciudad Real, el Granollers y el Cuenca, equipos tan dispares, han evidenciado la vulnerabilidad del CAI Aragón. Hubo más de una cavilación en la Cueva del Fraile, lugar de descanso de la plantilla en los montes de Cuenca después de la derrota sufrida en El Sargal. Y lamentos. El madrugón ayudó a hacer más pasajero el pesar. Pocos hematomas en el cuerpo y algún desgarro en el corazón. Myolastán para el músculo y para el alma, que el Valium da positivo si hay que superar el control antidopaje. Y pronto al autobús, para que Ramón conduzca los sueños hacia al paraíso de la Copa EHF, como si la carretera de Cuenca a Madrid fuera Montmeló.

Incógnitas por resolver

Y en Barajas, a embarcar cuanto antes para Zúrich. Incógnitas de rigor en la salita de espera, con docena y pico de deportistas ansiosos de detener la inesperada sangría. Y un presidente, Domingo Aguerri, que sigue creyendo en el proyecto; y el director general, Óscar Mainer, que reitera que una mala noche la tiene cualquiera. Lo dicho, la pastillita de Myolastán lo arregla todo. Los periodistas desplazados también se interrogan. La estadística reitera hasta la saciedad que cuando Larsson (0 de 7 en Cuenca) y Grebenar (cojo durante buena parte del encuentro) no carburan, el CAI Aragón no anda. Evidentemente, Larsson y Grebenar desarrollan un rol dominante en el equipo naranja. Su rehabilitación se antoja esencial para enderezar una vertedera que ha abandonado el surco de la victoria. El lateral húngaro aún arrastraba molestias en la noche de ayer y representa seria duda para el partido de mañana.

Se impone, asimismo, una reacción global. El CAI Aragón, además del bajón de Larsson y Grebenar, perdió en Cuenca porque no defendió. Por eso encajó 34 goles y sus porteros solo detuvieron nueve pelotas. En Bregenz saltará a la pista con 17 goles de ventaja. Malo sería que cayera eliminado. En los Alpes se persigue un calmante, un relajante, esas capsulitas que curan el cuerpo y el alma, que el atento Fernando Sanz distribuye cuando es menester y el rostro del paciente lo confiesa. La Copa EHF siempre ha contenido propiedades terapéuticas para el CAI Aragón. De ellas beberá en Bregenz, donde anoche, entre la niebla, anidaban los sueños aragoneses.

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