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CAI ZARAGOZA 83-60 BALONCESTO LEÓN

El CAI se divierte con el León

El CAI se divierte con el León
El CAI se divierte con el León
OLIVER DUCH

Al CAI le quemaban las heridas de las derrotas dolorosas a domicilio y el Baloncesto León fue su bálsamo. Un enemigo propicio y desarmado que fue volteado en un Príncipe Felipe atónito. La distancia entre ambas escuadras fue abismal, propiciando un sosegado paseo local, todo un ejercicio de reafirmación para un plantel en construcción.

Las buenas noticias comenzaron en el calentamiento, cuando se confirmó que Rick Hughes no estaría disponible para los visitantes por una bursitis en el codo. Perdían así al máximo anotador de la LEB y a su estilete más afilado. Una ausencia que se sumaba a la de Álex Urtasun (el segundo mejor anotador leonés), propiciada por una cláusula en su salida de Zaragoza.

Demasiadas concesiones para un CAI hambriento por cobrar una pieza ilustre, un viejo enemigo que ayer no pudo corresponder a su nombre aristocrático.

Independientemente de las bajas leonesas, los jugadores de José Luis Abós firmaron una sólida actuación, cumpliendo sin estridencias los preceptos instaurados por el técnico.

La defensa, el concepto sobre el que se construye cualquier proyecto victorioso, comenzó a aflorar con efectividad. Desde el primer segundo los rojillos mordieron y asfixiaron a un rival que dimitió demasiado pronto.

El arranque del choque fue un concierto de robos de Matías Lescano y de Darren Phillip. De tapones del mismísimo Lescano y del elástico Elonu. De contragolpes supersónicos que desubicaban a un León indolente. De triples con los pistoleros habituales, Quinteros y Lescano.

La ventaja aragonesa en el marcador fue creciendo progresivamente hasta alcanzar unos guarismos escandalosos. El primer cuarto sirve como patrón para explicar la masacre perpetrada. 27-11 en el luminoso, 46 de valoración para el CAI por ¡-3! para el León. Ocho recuperaciones para unos por una de los otros. Tres rojillos superaban la decena de puntos (Elonu, Phillip y Quinteros).

La emoción y la tensión son dos conceptos desconocidos en el encuentro. Nunca hubo duda sobre quién sería el triunfador y el derrotado.

Pocas conclusiones pueden extraerse de un pulso tan roto y desequilibrado. Sí cabe agradecer al CAI que no cayó en la complacencia que le sugería el franco marcador. No le abandonó la voracidad pese a tener el estómago repleto de un granero de puntos. La mentalidad y la actitud ideales para acometer esta ardua tarea de regresar a la ACB. Únicamente balbuceó en el último cuarto, cuando un León plagado de canteranos aprovechó para maquillar el desliz. Una diminuta y censurada mancha en una colección de virtudes.

El propio Abós se encargó a gritos de recordarle a algún ‘despistado’ que el trabajo no había acabado, que la última ayuda era siempre la penúltima, que el único límite lo establecía el reloj y no la propia voluntad.

El triunfo aragonés fue fruto de una encomiable labor coral liderada por algunos solistas que merecen una mención aparte.

Darren Phillip exhibió una vez más sus galones de capitán general de la LEB. Hizo y deshizo a su antojo. Tiró del repertorio que le ha permitido sobrevivir en la jungla de gigantes de la ACB y que le ha merecido ganarse el pan con una altura que apartaría a cualquiera de la guerra en la pintura. Ese tiro lateral de cinco metros, esa brega infatigable, esa fe inquebrantable que le hace conquistar lo imposible... Nadie le gana a pasión ni a energía. Con este entusiasmo el CAI cuenta con un aliado fundamental para abandonar esta ciénaga.

Paolo Quinteros es el otro ariete devastador. El argentino había arrancado con sordina este ejercicio. Arrastra unas molestias en el hombro y en la espalda. Sus estadísticas, hasta el momento, no pasaban de correctas, el mínimo que se le exige a un superclase de su talla. Le urgía un partido rotundo, que recargara sus baterías de confianza. Y anoche Quinteros volvió a parecerse a Quinteros. En los escasos instantes de oscuridad, concentrados en el último cuarto, prestó su antorcha; una muñeca prodigiosa que convierte canastas con prisa y sin pausa. Quiso reencontrarse con el club que le abrió las puertas de España con su versión más feliz, la de un contumaz anotador.

Si estas fueron las voces solistas (Quinteros y Phillip entregaron 63 de los 106 puntos de valoración del CAI), en los coros brilló Nacho Martín que exprimió los espacios que le regalaron los defensores leoneses al flotarle.

Paso adelante

El fortín del Príncipe Felipe permanece inmaculado, una condición imprescindible para que esta aventura cristalice en el éxito del ascenso. En la próxima jornada, con la visita al Basket Mallorca, tendrá que aprobarse la asignatura pendiente de vencer lejos del calor de casa. Un reto al que se sumará el nuevo fichaje, Jaime Lloreda, que será presentado el martes. Ante las traicioneras lesiones de Barlow y Matt Kiefer, el panameño debe añadir contundencia y un hombre más a un engranaje que ayer redescubrió su potencial. 

 

Ficha técnica:

83 - CAI Zaragoza (27+24+16+16): Sánchez (3), Quinteros (22), Lescano (3), Phillip (29) y Elonu (7) -cinco inicial- Guerra (-), Nacho Martín (14), Rivero (2), Robles (3) y Arruti (-).

60 - Baloncesto León (11+9+19+21): Bernabé (5), Rocchia (-), Schraeder (22), Humphrey (14) y Fontet (7) -cinco inicial- Carlos Fernández (4), Calvo (3), Llamas (-) e Iturbe (5).

Árbitros: Sánchez Ardid y Marín Rodríguez. Excluyeron por cinco faltas personales en el minuto 39 al visitante Iturbe.

Incidencias: partido correspondiente a la séptima jornada de la Liga LEB Oro disputado en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza ante unos siete mil espectadores.

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