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AJEDREZ

El autómata ganó la partida

El ajedrez es una lucha contigo mismo, no hay que fijarse en el adversario", son las palabras de Fernando Remiro, uno de los ajedrecistas que ayer por la mañana exhibieron su juego en la sexta edición de "Ajedrez en la calle" celebrada en el Paseo de la Independencia. Interesante reflexión, sobre todo si tenemos en cuenta que su adversario ayer fue un moderno tablero dotado de brazo electrónico. La máquina se manejó con peones y alfiles sin complejos y levantó la máxima expectación. Muchos fueron los que, con la boca abierta, se detuvieron para contemplar la lucha entre la tecnología y la mente.

Sin lugar a dudas, esta era una de las grandes novedades de la edición de este año. Los maestros Javier Martínez y Fernando Remiro fueron los encargados de poner a prueba al autómata ajedrecista. Los dos aseguraban que se trataba de un duelo divertido y original. "Es muy diferente enfrentarse a una máquina que hacerlo contra una persona. Las personas cometen errores graves, se levantan, se cansan… pero estas máquinas son muy precisas", sentenciaba Fernando Remiro. Javier estaba de acuerdo con su colega y comentaba que se había leído varios capítulos de un libro de ajedrez para preparar su estrategia. Con o sin estrategia, la realidad es que ayer el autómata se lo puso muy complicado a los dos maestros. Sin dar muestras de cansancio, sin debatir ninguna jugada y sin levantarse a fumar un cigarro, les arrebató varias partidas.

Pero el espectáculo no terminaba en la mesa en la que reposaba el curioso robot. Se extendía por toda una acera del Paseo de la Independencia. Las 24 mesas dispuestas con 250 tableros no tardaron en llenarse de gente. Familias completas quisieron probar suerte ante los 16 maestros que jugaron las partidas simultáneas. A medio día, la lista de participantes seguía aumentando y al finalizar la edición el número ascendía a 560 jugadores.

Toda la familia ante los tableros

Muchas caras masculinas ante las hileras de tableros pero, por primera vez, dos mujeres, Nieves García y Marieles Delgado, ejercían de maestras y ponían su "jaque mate" sobre la mesa. Y lo cierto es que el objetivo de sacar a la calle a toda la familia para compartir unas horas de deporte moviendo ficha se cumplió con creces. La fría mañana de sábado reunió a padres, abuelos e hijos.

Carlos Rodrigo llegaba sonriente con sus dos pequeños, Sara y David, y su esposa Julia. Los niños, a pesar de su corta edad, 7 y 9 años respectivamente, reconocían llevar varios años aprendiendo los secretos de este deporte. "Me gusta jugar porque me divierte y suelo entrenar con mi hermano, pero hoy he venido a ganar", afirmaba triunfal la pequeña Sara. Y como ella, muchos otros niños intercalaban el chupa chups con los alfiles sin perder el rictus de concentración. En ocasiones, se veía un papá aconsejando a su pequeño, que recogía las sabias palabras de su progenitor y anotaba la siguiente jugada.

Además, el resultado del duelo quedaba en un segundo plano porque había premio para todos. Después de la partida, les esperaba una camiseta que les recordará que estuvieron jugando al ajedrez en la calle, ante hábiles maestros, en una fría mañana de septiembre.

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