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ALPINISMO

El Annapurna, según Pauner

El alpinista Carlos Pauner, durante su comparecencia ante los medios de comunicación.
El Annapurna, según Pauner
T. GALáN/A PHOTO AGENCY

La muerte de Tolo Calafat, cuyo cuerpo permanecerá por siempre en el Annapurna, a 7.600 metros de altitud, sigue generando numerosas suspicacias. Por ello, con la intención de zanjar definitivamente la polémica, Carlos Pauner volvió a defenderse ayer de forma firme y decidida. Fue contundente al respecto: "La ignorancia es muy atrevida; pero todo resulta mucho más peligroso cuando las críticas provienen de alguien que, además de ser ignorante, también es tonto. Las acusaciones, realizadas por montañeros de medio pelo, me parecen indignantes", advirtió el alpinista, quien recordó que Tolo "jamás fue abandonado a su suerte".

"Precisamente -añadió Pauner- sucedió todo lo contrario: arriesgamos nuestras vidas por él". Y el montañero aragonés comenzó entonces su relato:

El ascenso

Decidimos atacar la cima el 27 de abril. Partimos a las 2.00 de la mañana. Al contrario de lo que se ha comentado por ahí, no era tarde para iniciar el ascenso. De hecho, contábamos con una ventana de buen tiempo y un parte meteorológico muy favorable. El viento era intenso, enérgico; pero estaba previsto que disminuyese su fuerza con el discurrir de las horas. Es cierto que fue una subida lenta, muy pausada, porque tuvimos que fijar algunos tramos con cuerdas. Sin embargo, todo transcurrió con muchísima tranquilidad. No había prisa.

se alcanza la cumbre

Hollamos la cima sobre las 4 de la tarde. Habíamos tardado cerca de 14 horas en completar la ascensión. Juanito Oiarzabal y yo alcanzamos la cumbre al mismo tiempo, mientras que Tolo apareció un cuarto de hora más tarde. Parecía cansado, pero no había indicios de que sufriera lesiones. Nos acompañaban dos sherpas, Sonam y Dawa. Todos estábamos muy felices, entusiasmados por la hazaña conseguida. Pero como el viento era implacable, violento, de casi 60 kilómetros por hora, optamos por regresar. Apenas permanecimos 10 minutos en la cumbre.

desaparece la cuerda

En la bajada, faltaba una cuerda que habíamos colocado nosotros durante la ascensión. Teniendo en cuenta que la coreana Miss Oh descendía justo antes que nosotros, sospechamos que fue su grupo el que retiró aquella cuerda. (Horas más tarde, cuando le reproché a Miss Oh su comportamiento, ella argumentó no saber nada. "Si hemos sido nosotros, todo se ha debido a un error", se justificó la coreana). La ausencia de aquella cuerda nos ralentizó el descenso. Nos costó bajar, pero lo hicimos siempre juntos. Solamente después, cuando llegamos a una zona sin dificultades técnicas, fuimos cada uno a nuestro ritmo. El tiempo empezaba a mejorar. No había razón alguna para preocuparse.

tolo se rezaga

Durante el descenso posterior, Tolo se fue quedando atrás. Era una bajada relativamente tranquila, sin apenas inconvenientes. Juanito iba delante; yo marchaba inmediatamente después; y Tolo, que siempre estuvo acompañado por el sherpa Sonam, venía algo rezagado aunque sin dificultades aparentes. Luego alcancé a Juanito y, teniendo en cuenta que avanzábamos -ahora sí- hacia una zona comprometida, optamos por aguardar la llegada de Tolo. La intención era reunirnos de nuevo para continuar todos juntos el trayecto. Pero Tolo, dos horas y media después, todavía no nos había alcanzado.

rumbo al campo 4

En un primer momento, nos resistimos a bajar sin Tolo. Nuestra primera medida fue enviar a Dawa, quien desandó el camino en su búsqueda. El sherpa, sin embargo, no vio a nadie y regresó. Fue entonces, y solo entonces, cuando emprendimos la marcha hacia el Campo 4. No quedaba otra: ya era de noche, hacía muchísimo frío y sufríamos congelaciones, y estábamos exhaustos, y acumulábamos 21 horas de esforzada actividad... Además, Tolo seguía acompañado por Sonam y todavía teníamos el convencimiento de que nuestro amigo, aunque a paso lento, proseguía su descenso. Con todos esos condicionantes, nosotros decidimos salvar nuestras vidas.

noche a la intemperie

Al alcanzar el Campo 4, el reloj marcaba las 00.15. Y nos quedamos dormidos. Fue a las 7.00, una vez despiertos, cuando descubrimos que Tolo no había llegado al campamento. Era el 28 de abril y el parte meteorológico pronosticaba nevadas para esa misma tarde. Comenzó entonces nuestra inquietud. El nerviosismo se agigantó aún más con la irrupción en escena de Sonam, sobre todo porque apareció solo. El sherpa, entonces, nos contó que Tolo ya no podía andar, y que por eso había pasado la noche con él, a la intemperie. Estaba a seis horas de distancia. La noticia resultó desgarradora. A 7.600 metros, si una persona no camina está muerta.

la negativa de miss oh

Decidimos permanecer en el Campo 4. Si entonces hubiéramos bajado hasta el Campo Base, nadie nos lo podría haber recriminado. A mí me sucedió en el Kanchenjunga, donde me quedé solo, abandonado a mi suerte, y jamás me quejé por ello. Pero nosotros seguimos allí, arriesgando nuestras vidas, en un desesperado intento por salvar a nuestro amigo. Fui yo quien habló con Miss Oh, ya que Juanito no sabe inglés. Le pedí que nos reforzara con sus porteadores, pero la coreana se negó, alegando que estaban muy cansados. No se puede obligar a nadie a que arriesgue su vida.

dos vías de rescate

El primer intento de rescate lo protagonizó Dawa, quien salió al encuentro de Tolo provisto de oxígeno, alimentos y medicinas. Llegó alcanzar los 7.800 metros, en una exigente aventura que se prolongó durante 11 horas. Pero regresó solo. La nieve nocturna lo había dificultado todo. Mientras, desde el Campo Base, Javier Pérez se afanaba en la consecución de un helicóptero. Ese día no se pudo sobrevolar la zona, debido a las adversas condiciones meteorológicas. Cuando el aparato, por fin, emprende el vuelo, ya son las 7.00 del 29 de abril. Y allí, desde las alturas, únicamente se observa el blanco manto de nieve. Horas después, Tolo fue dado por muerto.

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