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SEVILLA 4-1 ZARAGOZA

Defensa de mantequilla

Arizmendi y Pablo Amo pugnan con los jugadores del Sevilla.
Defensa de mantequilla
juan carlos arcos

El Sevilla dio una desagradable bienvenida al Real Zaragoza en su vuelta a Primera División. Una dura goleada, que pudo ser mayor, abrió anoche los ojos a un equipo por hacer que, pese a que tiene virtudes loables de medio campo hacia arriba, presenta serias dificultades en su sistema de contención.

 

Y es que, pese al 4-1 final, el Zaragoza mostró buenas maneras durante muchos minutos del partido. En diversas fases, respondió bien tácticamente al potencial que tenía enfrente, que era de gran tonelaje por la calidad de la mayor parte de los jugadores del Sevilla. Hasta el filo del descanso, basado en ese buen trabajo de colocación, el equipo aragonés hizo soñar con que era posible dar la sorpresa en el Sánchez Pizjuán. Pero sus graves déficit en defensa, puestos de manifiesto desde el inicio de la pretemporada, fueron la principal causa de que el rival le hiciera besar el suelo al final de una forma tan estruendosa.

 

Los boquetes atrás son de una envergadura brutal, impropia de un equipo de alto nivel. No es momento de cargar las tintas de manera nominal contra ninguno de los miembros de la zaga. Sobre todo contra los laterales, totalmente postizos y ubicados ahí a punta de pistola, como voluntarios forzosos, ante la carencia por ahora de especialistas en tan vital puesto. Pero ayer quedó en evidencia que, tanto por los flancos, como por el frontal que cubren los veteranos Ayala y Amo (estos sí que pueden aguantar bien el rol de titulares y, por ello, las críticas más afiladas), el Zaragoza no da garantías para el éxito colectivo.

 

El partido estuvo marcado en su primera media hora por el tempranero gol del Sevilla, la peor noticia que podía sucederle ayer al Zaragoza en el Pizjuán. Los andaluces, que habían salido mandando según obligaba el guión, se aprovecharon de uno de los gravísimos desajustes citados de la improvisada retaguardia rojilla (gran noticia la recuperación del segundo uniforme tomate). Estos tiraron el fuera de juego a un pase frontal elevado de Renato y lo hicieron mal. Babic, ayer lateral zurdo, se enganchó y facilitó la entrada desde atrás en posición correcta de su lateral, Konko, para que fusilase a placer a Carrizo.

Dio cierta grima ver a todos parados, con la mano arriba pidiendo fuera de juego posicional de Luis Fabiano (lo era con el antiguo reglamento, ahora no se contempla), mientras el francés anotaba. Lo peor es que no fue la única vez que ese error de concentración y destreza defensiva se dio. Es un mal instalado en el actual funcionamiento de la línea de atrás y que Marcelino deberá corregir con urgencia (Obradovic debería ayudarle a ello). Los otros tres goles también estuvieron presididos por la quietud de una defensa contemplativa y escasa de efectividad en los rechaces.

Ese gol en el minuto 7 dejó grogui al Zaragoza. El Sevilla se gustó, jaleado por el poblado graderío, y durante muchos minutos anunció la goleada. El lado de Babic era un coladero, con Navas y Konko desbordando a placer. Laguardia también sufrió con Perotti, aunque mucho menos. Y los centrales las pasaron canutas para sujetar a Negredo y Fabiano, sobre todo por alto. Por fortuna, los centros al área no hallaron el último remate y, poco a poco, el Zaragoza fue capaz de ir jugando el balón con cierto criterio en vez de perderlo a la primera, como fue hábito al inicio del choque.

Media hora tardaron los de Marcelino en hilvanar una jugada de peligro. Y fue el gol de empate, un golazo colectivo iniciado en la medular con un cambio de juego de Jorge López, continuado por Uche con un centro raso desde el lateral del área que, tras una dejada del Gabi amagando el remate sin ejecutarlo, fue culminada por Arizmendi en el segundo palo con un chut duro que dobló las manos de Palop. La igualada hizo albergar todo tipo de esperanzas, sobre todo al ver que el Sevilla llevaba muchos minutos desconectado del partido y dando muestras de falta de rodaje.

Pero esa paulatina reacción zaragocista que había obtenido fruto con el bello tanto de Arizmendi, quedó mutilada de cuajo en el tiempo añadido del primer tiempo por otro yerro mayúsculo de los jugadores de la defensa. Una falta lejanísima colgada al área fue peinada por Negredo anticipándose a Ayala y dejó a Luis Fabiano solo delante de Carrizo una vez más. Con una vaselina fácil, el brasileño hizo el 2-1 y llevó el enfado al vestuario zaragocista en un descanso que pudo haber sido más feliz y esperanzador.

El problema es que el Sevilla había visto en 45 minutos el modo de ganar este duelo al Zaragoza. No solo en las pifias de la retaguardia en los dos tantos, sino en otras similares que no tuvieron un final tan letal pero respondieron al mismo mal. Como la que terminó en el palo en el minuto 35, cuando Luis Fabiano, en una acción similar a la que luego significó el segundo tanto, aprovechó la candidez de los centrales y una nueva enganchada de Babic en la línea del fuera de juego, y estuvo cerca de anotar.

Tras el intermedio, se echó en falta una reacción más seria del Zaragoza. De nuevo atrás en el marcador, los rojillos no se lanzaron arriba y concedieron el balón al Sevilla a la espera del contragolpe. Y la postura pudo haber salido bien de no ser por la errada decisión del juez de línea de turno que anuló por fuera de juego inexistente un gol de Arizmendi tras un pase al hueco de Herrera. Mucho más cuando, en un minuto -suele suceder-, se pasó del 2-2 al 3-1. El joven Perotti, una joya, voleó en el segundo palo un centro de Navas y sorprendió a Carrizo por alto. Faltaba más de media hora, pero el partido estaba finiquitado. Escudé, Fabiano y Navas pudieron ampliar la goleada que rubricó al final, ante la pasividad de los zaragozanos, el ariete de Brasil. Toda una lección.


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